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Eddie Ariel de Jesús Salazar Gamboa: una vida guiada por la curiosidad y el asombro

Su legado permanece en sus libros y estudiantes, a quienes enseñó a mirar el cielo
Foto: Segey

Eddie Ariel de Jesús Salazar Gamboa (1946–2025), Maestro Distinguido del Estado de Yucatán en 2021, dedicó su vida a mirar el cielo y a enseñar a otros a hacerlo con método, asombro y rigor. “El universo creó el cerebro para ser autoconsciente”, solía decir, y en esa frase condensaba una filosofía que atravesó su trayectoria como arqueoastrónomo, matemático, ingeniero químico, divulgador científico y, sobre todo, maestro.

Yucatán ha sido históricamente tierra de observadores del firmamento. Primero fueron los astrónomos mayas que dejaron constancia de su conocimiento en piedra; siglos después, investigadores empeñados en descifrar y revalorar ese legado. En esa tradición se inscribe Eddie Salazar Gamboa, una figura imprescindible del pensamiento científico contemporáneo en la región. Entendió la enseñanza no como repetición de contenidos, sino como una búsqueda permanente. Para él, el conocimiento era una aventura intelectual que exigía disciplina, curiosidad y humildad.

Nacido el 22 de marzo de 1946, hijo de Inocencio Salazar Barrera y María Exaltación Gamboa O’Horán, creció en un entorno familiar donde el estudio era un valor central. Desde joven mostró inclinación por los números y los sistemas lógicos. Esa vocación temprana lo llevó a cursar de manera simultánea la Licenciatura en Matemáticas y la carrera de Ingeniería Química en la Universidad Autónoma de Yucatán, una combinación poco común que marcó su perfil académico. Más adelante complementó su formación con estudios en administración y docencia, consolidando una visión integral que unía ciencias exactas, organización y pedagogía.

En 1973 ingresó al Instituto Tecnológico de Mérida, donde se desempeñó como profesor de tiempo completo durante más de cinco décadas. Impartió asignaturas tan diversas como Análisis Numérico, Termodinámica, Físico-Química, Álgebra Lineal, Cálculo, Programación y Economía. Su amplitud temática reflejaba una concepción integral del conocimiento, pero lo que verdaderamente distinguía sus clases era la intensidad con la que enseñaba. Para muchos estudiantes, el contacto con él significó descubrir que las fórmulas no eran abstracciones aisladas, sino herramientas para comprender el universo.

Paralelamente desarrolló una amplia labor docente en la Universidad Autónoma de Yucatán y en instituciones formadoras de docentes. Fue profesor fundador de la Facultad de Economía y de la Facultad de Contaduría y Administración de la UADY, participó en la creación de programas de posgrado y fue precursor de la primera Escuela de Computación a nivel bachillerato en Yucatán, una iniciativa visionaria que anticipó la centralidad de la tecnología en la educación.

Si el aula fue su territorio cotidiano, el cielo fue su horizonte permanente. A partir de la década de 1980 profundizó en el estudio de fenómenos astronómicos vinculados con la arquitectura maya, particularmente en Chichén Itzá y Dzibilchaltún. Uno de sus aportes más relevantes fue la comprobación del llamado descenso lunar de Kukulcán en la pirámide de El Castillo, fenómeno asociado a la primera luna llena posterior al equinoccio de primavera. Sus cálculos matemáticos permitieron determinar con precisión su ocurrencia, lo que años más tarde derivó en su reconocimiento oficial.

También identificó la bisección del edificio de Kukulcán durante los solsticios y desarrolló fórmulas para el cálculo de fenómenos como la superluna. Sus investigaciones consolidaron un puente entre matemáticas, astronomía y patrimonio cultural, reforzando la idea de que el conocimiento científico puede dialogar con la herencia histórica sin despojarla de su dimensión simbólica.

Publicó cerca de una veintena de libros y numerosos artículos de divulgación científica. Abordó temas como probabilidad, métodos numéricos, calendarios y estudios sobre códices mayas. En 2024 presentó una obra dedicada al análisis comparado de distintos sistemas calendáricos, donde subrayó que los calendarios no son simples instrumentos para medir el tiempo, sino expresiones culturales que organizan la vida social y religiosa de los pueblos. Elaboró además cálculos especializados sobre eclipses, lunas azules y calendarios perpetuos con proyecciones de hasta tres siglos, muestra de una dedicación excepcional al estudio de los ciclos astronómicos.

Su capacidad para explicar temas complejos con claridad lo convirtió en referente para medios de comunicación y en impulsor del periodismo de divulgación científica en Yucatán. Para él, divulgar no era simplificar en exceso, sino compartir con responsabilidad. A lo largo de su trayectoria impartió más de 200 conferencias científicas en foros nacionales e internacionales, consolidándose como una de las voces más autorizadas en arqueoastronomía en el sureste mexicano.

En 2021 recibió el reconocimiento como Maestro Distinguido del Estado de Yucatán, distinción que celebró con la misma sobriedad con la que asumió su vocación docente. Quienes lo conocieron destacan no solo su brillantez intelectual, sino su sencillez y honestidad. Fue, en palabras de quienes lo trataron de cerca, un hombre respetado y respetable, un orgullo para la educación yucateca.

Eddie Ariel Salazar Gamboa falleció el 16 de octubre de 2025, a los 79 años. Su legado permanece en sus libros, en sus descubrimientos y, sobre todo, en las generaciones de estudiantes que aprendieron de él a pensar con rigor y a mirar el cielo con asombro. Su frase sobre el cerebro autoconsciente resume una vida dedicada a comprender y compartir. En ella se sintetiza su paso por las aulas, su mirada al firmamento y su huella perdurable en la educación de Yucatán.


Edición: Fernando Sierra


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