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Horroroso legado del genocidio en Palestina

El aire, el agua y la tierra del territorio están contaminados por asbesto y metales
Foto: Ap

El genocidio que el Estado de Israel comete contra el pueblo palestino en Gaza es un crimen de lesa humanidad, un ecocidio y una catástrofe medioambiental, que deja un legado tóxico e insalubre que afecta a la población sobreviviente. 

En todo el espectro aterrador del genocidio, desde el hambre, la ceguera y las amputaciones, las personas que más sufren, y perecen antes, son las infancias, los individuos de la tercera edad y las personas con enfermedades preexistentes.

De acuerdo a estadísticas del Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (Unicef), hasta octubre de 2025, 64 mil niños habían sido asesinados o mutilados por el ejército de Israel en la franja de Gaza, incluidos mil bebés. En promedio, Israel ha asesinado a más de 28 niños por día desde el 7 de octubre de 2023. 

Además de las bombas, de los edificios destruidos, de las personas sepultadas bajo los escombros y de los miles de niños y personas asesinadas, ejecutadas, secuestradas y torturadas en las prisiones de Israel, el holocausto está dejando una hecatombe sanitaria.

En septiembre de 2025, la Organización Mundial de la Salud (OMS) estimaba que una cuarta parte de todas las lesiones infringidas sobre el cuerpo de palestinos y palestinas sobrevivientes son traumatismos corporales que les van a ‘cambiar la vida’. La OMS estimaba que casi 42 mil seres humanos, es decir, cerca del 2 por ciento de la población original en Gaza, sufren de alguna de estas lesiones y requieren de rehabilitación urgente y de largo plazo. La cuarta parte de estas personas son niñas y niños. 

De un total de 167 mil 376 personas heridas entre octubre de 2023 y septiembre de 2025, más de 5 mil personas han sufrido amputaciones, 21 mil han padecido mutilaciones de brazos o piernas, 2 mil soportan lesiones graves de la médula espinal, 4 mil 300 individuos resienten lesiones graves de cerebro y más de 3 mil 300 son víctimas de quemaduras graves.

Los ataques incesantes del Estado de Israel contra el pueblo palestino han dejado a más de 17 mil personas con lesiones oculares graves, a 3 mil de ellas ciegas, 20 por ciento de las cuales son menores de edad. Gran parte de estas pérdidas de visión se debe a la incapacidad del sistema de salud, destruido intencionalmente por el estado genocida de Israel, para no poder realizar las intervenciones quirúrgicas necesarias.

Además de todo tipo de armas letales, Israel usa el hambre como herramienta de guerra, que también deja un legado aciago. 

La destrucción y el hambre impuesta por Israel dejan una secuela trágica, tanto sanitaria como tóxica, que afectará a niñas y niños por nacer. 

El aire, el agua y la tierra del territorio palestino están contaminados por asbesto y metales pesados que causan enfermedades en las personas vivas. Además, las mujeres embarazadas expuestas a estas sustancias las transmiten a los fetos, causando defectos de nacimiento y malformaciones. Estas toxinas y metales, aunados al estrés y la propia desnutrición de las madres, causan malformaciones en los fetos. 

La Clasificación Internacional del Funcionamiento, de la Discapacidad y de la Salud (CIF), herramienta de la Organización Mundial de la Salud (OMS), estima que, para mediados de 2026, 55 mil mujeres embarazadas o lactantes padecerán desnutrición aguda.
 
A lo largo del año 2025, se reportaron 4 mil nacimientos prematuros, 315 con defectos congénitos, como malformaciones de órganos vitales; 450 bebés murieron en la primera semana de vida, y se registraron 5 mil bortos y 616 muertes en el útero. 

La hambruna no termina con el acceso a la comida. El hambre que Israel ha impuesto sobre la población palestina en Gaza dejará secuelas intemporales. 

La niñez sobreviviente a la hambruna tendrá mayores probabilidades de desarrollar enfermedades como diabetes, enfermedades cardiovasculares y de sufrir un deterioro permanente de sus capacidades cognitivas, además de depresión y ansiedad. 

Raphael Lemkin, el polaco que acuñó el término ‘genocidio’, le dedicó mucho más espacio a la hambruna, a la privación de comida, para definir acciones genocidas, que a las cámaras de gases o a los escuadrones de la muerte.

No hay manera más vil y cruel de asesinar a un ser humano y a una sociedad que con imposición de hambre evitable, fácil de saciar.
Estas son las heridas que podemos medir y denunciar; son los daños físicos, sicológicos y ambientales que origina un genocidio de más de 800 días.

¡No hay justicia climática sin justicia social!





Edición: Estefanía Cardeña


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