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A mi manera

Sentirnos afortunadas de estar vivas
Foto: Gerardo Jaso

El final se acerca ya, lo esperaré serenamente, ya ves yo he sido así, te lo diré sinceramente. Viví la inmensidad, sin conocer jamás fronteras, jugué sin descansar y a mi manera

En unos días llegaré al recuento de 76 vueltas alrededor del sol. Hay mujeres a las que les pesa comentar su edad. No entiendo por qué, tendríamos que sentirnos muy afortunadas de estar vivas, no todas llegan.

Cuando me presento en charlas con jóvenes, les digo que soy más chamaca que muchos de ellos que dicen: “Uf, qué flojera, ¿hay que pensar?”

La nostalgia me envuelve en la vísperas de la celebración de vida. Recuerdo cuando iba a cumplir 12 años, llorando en mi hamaca porque dejaría de ser chica para convertirme en adulta. Mi niña era feliz en el hermoso patio que teníamos, donde un árbol de caimito me daba alimento para mis fantasías de emular a Robinson Crusoe en una isla desierta. Tenía un cuartito-bodega, que me permitía experimentar vocaciones como: enfermera que ponía curitas a las gallinas, mecánica que pintaba los triciclos de las hermanitas con pintura comprada en “La Tristeza” de Santa Ana. Fui escritora y surgió a los nueve años un cuento llamado: El anillo de la muerte; también le hice de ermitaña. 

Es curiosa la vida, porque también tengo muy claro el instante en el que cruce la línea caminando por la calle 62 rumbo a casa en la 35 y un vecino me chifló. Recuerdo perfecto cuando me enderecé, metí la panza y saqué el pecho y seguí caminando muy oronda con una sonrisa nueva.

Me evoco escuchando en 1967 la canción de los Beatles Cuando tenga 64 años. “Will you still need me, will you still feed me, when I'm sixty-four”. A los 17 años, eso era una infinidad de años y me daba ternura que se hablara de si “¿Me necesitarás, me alimentarás, cuando tenga 64 años?”. ¿Cómo? Hoy, 59 años después, me doy cuenta de que algo ha cambiado en la concepción de la edad. Hombres y mujeres de 64 años andan por la vida reinventándose. Eso hace hoy en día Paul MaCarty y su fan, mi querida amiga Ligis Mier y Terán Fortuny, quien invitó a sus amigas a festejar sus 77 con una fiesta en honor de la banda de Liverpool para bailar juntas y agradecer a la vida la maravilla de estar vivas, participando, aprendiendo, amando, reparándonos y continuando, a nuestra manera, el camino. 

En medio de toda esa avalancha de optimismo, el Sentido Común me jala y me dice: “A ver, a ver. ¿Cuáles son tus planes? Siempre has sido previsora, ahora toca prepararte para lo que sigue. Independientemente de la cantidad de años que te queden, es hora de poner algo de orden”.

La verdad es que el Sentido Común ha sido mi mayor aliado para llegar a este punto de vida. En un momento dado, me hizo ver que tenía tres cosas en contra: era mujer, escribía para niños y, además, en una país tan centralista, provinciana. Lo único que estaba dispuesta a cambiar era mi código postal y me fui a la ciudad de México. O cuando me dijo: “No sabemos si te vas a casar con alguien que te mantenga, como te dijeron, sin decirlo. Tu no puedes regresar a Merida y indicar: ¡Ay! Soy una solterona… o, una mujer casada… en ambos casos, eres responsable de ti misma”. Eso me hizo, a través de 30 años, ir comprando propiedades que me permitieron regresar con canicas para el juego. 

Cuando escribí mis primeros cuentos para niños y no sabía qué hacer con ellos, me dijo: “No eres Cenicienta, esperando ser salvada. Nadie va a llegar a tu puerta a tocar a decir que eres muy talentosa. Edita tus libros”. Me lancé y la editorial fue un desastre en la distribución, pero invertí en ir a la FIL, y se abrieron puertas en los Estados Unidos para las escuelas bilingües, cosa que me ha dado regalías para invertir en viajes por el mundo.

Hoy, con el “pon en orden tus cosas”, a finales de mayo me embarcaré en el crucero más largo que he hecho. Empeñé hasta mi guitarra, pero vale la pena. Tengo un cajón enorme de obra que urge revisar. Como la segunda parte de “Irene Torres”, poemas Para acompañar la espera, infinidad de fotografías maravillosas; material que tiene que salir antes de bajarme de la nave y que mis hermanitas tiren al mar. Bueno, “je, je”, mas bien para no darles molestias. 

“Porque sabrás, que un hombre al fin, conocerás por su vivir… puedo seguir hasta el final, a mi manera”.

¡Gracias, gracias, gracias!


Lea, de la misma autora: Gatita, busca novio


Edición: Fernando Sierra


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