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Jesús Mejía
19/04/2026 | Mérida, Yucatán
En efecto no todo es Mozart, Brahms y Tchaikovsky, sino que del amplio repertorio de música clásica existente sobresale Frigyes Hidas, un compositor húngaro contemporáneo, de quien la Sinfónica de Yucatán y el solista Alexander Ovcharov interpretaron su Concierto para Oboe No. 1, obra que embelesó al público, no sólo por su frescura, sino por el balance entre músicos y el instrumento solista.
Prácticamente desconocido, aún para los amantes de la música de concierto, Frigyes Hidas (1928-2007) no sólo es una figura fundamental de la cultura musical húngara del siglo XX, sino que dicha partitura representa un caso de desafío excepcional para cualquier oboísta en el mundo, de tal manera que esta obra ha logrado trascender en el tiempo.
Bajo la dirección del maestro Alejandro Basurto, la música fluyó de manera constante, sin sobresaltos, con la atención permanente del público, primero con un allegro y luego con un andante, movimientos en el que el sonido del oboe penetró y atrapó los sentidos del público que colmó la sala de conciertos del Palacio de la Música.
Ovcharov, formado en la escuela rusa y nacionalizado mexicano, dejó su impronta con el sonido nítido de instrumento de doble lengüeta de madera, el cual representó un hálito de frescura y esparcimiento, sublime y de calma, ante un mundo agitado por la incertidumbre y la violencia.
El concertista hizo olvidar al público de todos sus pesares y lo llevó de la mano, por los caminos de la armonía propios del clasicismo vienés, e incluso de una danza al estilo de las cortes francesas, con atisbos del folclor húngaro, de tal forma que el concierto se convirtió en un bálsamo en las almas de los oyentes.
Desde el punto de vista musical, la obra de este casi desconocido autor húngaro – opacado por el repertorio de Franz Liszt, Bela Bartok y Zoltan Kodaly, exponentes del romanticismo y del folclor de la región- resalta por el equilibrio orquestal, en un diálogo y alternancia en el que 1os sonidos del oboe fluyeron de manera nítida, íntima y en franca armonía.
El autor dispuso una gran dotación orquestal, compuesta por timbales, una tarola, un gran tambor, cornos y trompetas, además de todas las cuerdas, cuya vista invitó a pensar que sería una obra monumental, sin embargo, estos instrumentos de grandes proporciones sonoras, lejos de opacar al oboe, le dieron una dulce presencia como un arroyuelo en un bosque.
El compositor mostró con este concierto un gran conocimiento de los recursos orquestales que dieron el contexto sonoro adecuado para que el instrumento solista dejara su huella, sobre todo en el último movimiento, un allegro vivo, en el que Ovcharov mostró su virtuosismo y tendió un puente de comunicación y empatía con el público.
El solista expuso un control absoluto de la embocadura y la columna de aire para cumplir con las exigencias de la partitura de Hidas, a lo que hay que sumar los movimientos rápidos para marcar todas y cada una de las notas, en una demostración de resistencia física combinada con el dominio técnico que sólo los grandes maestros pueden alcanzar.
Al final, el público dedicó un nutrido aplauso y simpatía al artista, quien como principal oboe de la OSY desplegó gran capacidad para transmitir la estética de este concierto escrito hace 75 años y que hoy marca un paralelo entre los existentes de Mozart y de autores del barroco como Albinoni, Vivaldi, Marcello y Telemann.
En la primera parte del programa dedicado al 120 aniversario del natalicio del compositor yucateco Daniel Ayala (1906-1975), la orquesta desarrolló en sólo 15 minutos una Suite Fantasía Ballet llamada La Gruta Diabólica inspirada, como casi toda su música, en leyendas y tradiciones mayas.
El director huésped, Alejandro Basulto, marcó tiempos con precisión para el desarrollo de esta obra que, junto con Tribu son lo más difundido del amplio repertorio del autor yucateco.
De esta manera, la OSY aportó su parte para difundir la música de Daniela Ayala, quien pese a haber formado parte del Grupo de los Cuatro grandes exponentes de la corriente nacionalista de la cultura mexicana, junto con Blas Galindo, Salvador Contreras y José Pablo Moncayo. la mayor parte de su obra permanece inédita.
El final del programa correspondió a la interpretación de la Sinfonía No. 3 Escocesa del compositor Félix Mendelsson, cuya interpretación dejó un buen sabor de boca al público, toda vez que el director Basulto es gran admirador de este autor alemán, a quien se le atribuye el rescate y difusión de parte de la obra de Johann Sebastian Bach, el Padre de la Armonía.
Edición: Fernando Sierra