Opinión
La Jornada Maya
10/05/2026 | Mérida, Yucatán
Mayo es un mes que, en el calendario escolar, tiene un peso específico particular, al grado que puede definir el éxito o el fracaso del ciclo tanto para los docentes como para el alumnado. Entre días inhábiles (1, 5, 10, 15) y las altas temperaturas que agobian a todo el país, el nivel de aprovechamiento en esos días es sometido a una presión crucial.
El anuncio se dio luego de un acuerdo “unánime” con los titulares de las secretarías de educación de los estados, con quienes se celebró la 64 reunión nacional plenaria ordinaria del Consejo Nacional de Autoridades Educativas (Conaedu).
Las reacciones en contra no se hicieron esperar. La modificación al calendario afecta a 23 millones de alumnos de prescolar, primaria y secundaria, y a otros 5.4 millones de adolescentes que cursan el bachillerato, tanto en escuelas públicas como privadas.
Por supuesto, hay reacciones que de plano resultan desproporcionadas y que conducen a pensar que, para muchos, las escuelas no son más que guarderías; instituciones cuya función no es crear aprendizajes, sino resguardar a los infantes mientras los adultos se desempeñan en el campo laboral. Estas inconformidades alegan que “Para 23 millones de niñas, niños y adolescentes [la escuela] también es un lugar de cuidado, alimentación, convivencia, protección, detección de violencias, participación y acompañamiento”. Esto es verdad en cierta medida, pero no es la razón principal de la escuela.
En lo que sí existe razón es que las autoridades educativas tuvieron más de un año para definir las acciones a tomar antes del arranque del Mundial de Futbol, evento del que México es sede secundaria, pues el grueso de los partidos será en Estados Unidos. En el país, los encuentros se celebrarán sólo en tres ciudades (Monterrey, Guadalajara y Ciudad de México), por lo que no hay motivo para afectar a todos los estados; máxime cuando ni en Estados Unidos ni en Canadá se aplicarán medidas equivalentes.
El manoseo al calendario escolar impacta en la calidad educativa: menos días de trabajo, además cortados de golpe, implican una falta de respeto a la labor de los profesores, a quienes se exige entregar planeaciones puntualmente, y mantener un ritmo en el aula; además, la dinámica familiar se altera por completo, especialmente si no se ofrecen alternativas para la seguridad de niños y adolescentes y no existe flexibilidad de horarios para su atención en los lugares de trabajo de los paterfamilias. Por otro lado, el recorte obedece a un evento programado por los grandes capitales, y de ninguna manera debiera estar por encima de la obligación del Estado a proporcionar educación de calidad en el ciclo a que se ha comprometido.
Edición: Fernando Sierra