Opinión
Jesús Mejía
24/05/2026 | Mérida, Yucatán
Arrodillada, con las manos al pecho, dueña de una voz de amplios registros que le han permitido destacar en escenarios internacionales de la ópera, la soprano italiana recibió en su debut en esta ciudad las aclamaciones de pie tras su presentación con la Orquesta Sinfónica de Yucatán.
Todo un acontecimiento artístico constituyó su primera presentación en México, invitada por el director de la OSY, el también italiano Alfonso Scarano, toda vez que la cantante, con tesitura de soprano ligera, cautivó por sus registros agudos, brillante timbre, gran agilidad vocal y versatilidad en los personajes operísticos.
Desde Italia, cuna de la ópera, llegó a Mérida esta oleada de talento, arte lírico y la música del género, lo mismo de Giuseppe Verdi y Giacomo Puccini, que de Vicenzo Bellini, Gioachino Rossini y Gaetano Donizetti, bajo la batuta del también italiano, el maestro Alfonso Scarano.
Precedida de reconocimientos en concursos de arte lírico, la artista inició su recital al encarnar al personaje Violetta, una mujer que lucha entre entregarse al amor verdadero o aferrarse a su vida superficial y libre como cortesana parisina en la interpretación de “E´strano… Sempre libera” de la ópera La Traviata.
Dicha aria fue un tour de force para la soprano al transitar de la introspección lírica a una coloratura deslumbrante, al desplegar adornos vocales complejos, trinos rápidos y notas sobreagudas. En ese pasaje el director de orquesta sustituyó la intervención de un tenor con una secuencia de cuerdas mayores,
Con el público en la bolsa, Gloria Giurgola encarnó también a Musetta de La Boheme que, en un momento de ligereza, coquetería y seducción, con Quando men vo, provoca celos en su amante, Marcello. La cantante se apropió del personaje, el de una mujer confiada en su propia belleza y carisma.
EL momento sublime llegó con el aria O mio babbino caro de la ópera Gianni Schicchi de Puccini, momento en que la joven Lauretta finge desesperación infantil y romántica para convencer a su padre de que la ayude a casarse con el hombre que ama. Tras la interpretación llegó el caudal de aplausos y ovaciones.
Engalanada con un vestido rosa de holanes, Gloria Giurgola demostró con seguridad, prestancia y voz prístina las razones por las cuales es requerida en los escenarios operísticos europeos, al interpretar el difícil pasaje Caro Nome de Rigoletto de Verdi.
Dicha aria, llena de trinos y adornos delicados son propios de un corazón enamorado, en este caso de Gilda, la hija de Rigoletto, pieza de una pureza técnica extrema que enalteció a los oyentes, por lo que este pasaje marcó honda huella en la audiencia que para entonces ya estaba en la cima del arte lírico.
Con ese personaje, la soprano italiana cantó con devoción el nombre de su supuesto amado en un estado de éxtasis juvenil y absoluta inocencia, lo que conmovió a los asistentes.
Dueña del escenario, Gloria Giurgola, tomó asiento en la orilla del podio, a un lado del director, casi a ras del suelo, para encarnar a Norina, el personaje central de Don Pasquale de Donizetti en la lectura de una novela de caballería que desecha para luego declarar con humor y astucia que ella conoce mejores trucos para conquistar a los hombres.
En la culminación de su presentación, la visitante interpretó Regnava nel silenzio de la ópera Lucia de Lammermoor de Donizetti, aria con la cual honró su posición de Prima Donna en la Gala de Ópera Italiana.
El público la aclamó de pie, le expresó simpatía y afecto y ella, agradecida, se hincó, se llevó las manos al pecho y correspondió con una flor de un ramo recibido que arrojó a la audiencia.
Bajo la guía de Alfonso Scarano, quien dirigió sin partitura y con profundo conocimiento de las obras – como buen italiano que es-, la OSY lució tanto en el acompañamiento como en la interpretación de las oberturas, mismas que reflejan el carácter y estilos de los compositores que consolidaron al género.
Aclamaciones recibió la OSY con las oberturas de El Barbero de Sevilla y de Guillermo Tell de Rossini, llenas de alegría y vigor que son propios de los personajes de las óperas, sin faltar el temple y tensión que Verdi imprimió en La Obertura La Forza del Destino y los preludios festivos de La Traviata.
No faltó el negro en el arroz: El 26 de abril se cumplió el centenario del estreno de Turandot, la obra maestra de Puccini, en el Teatro de la Scala de Milán, pero no se incluyó esta Gala de Ópera Italiana. Quizá el deslumbrante pasaje “Nessun dorma” esté programado un futuro concierto.
Edición: Fernando Sierra