Opinión
Óscar Muñoz
01/06/2026 | Mérida, Yucatán
Días antes de la
realización de la Noche Blanca, en si vigésima edición, el anterior director de Cultura del ayuntamiento de Mérida, Irving Berlín, ya había cuestionado el programa anunciado por la actual administración municipal. La objeción principal del ex director estaba centrada en la “pobreza de recursos e imaginación”, de la que se desprendía la idea de sustituir la innovación por lo tradicional. Sin embargo, más allá de las críticas anticipadas sobre un programa que fue anunciado como cultural, por desgracia, durante el desarrollo de la Noche Blanca prevaleció el enfoque popular y tradicional (que no está mal, todo lo contrario) aunque con una dimensión propia del espectáculo.
Habrá que señalar que todo evento cultural, como ha pretendido ser la Noche Blanca, tendría que promover las diversas expresiones culturales y artísticas como tales, sin que adquieran una proyección del espectáculo. Al respecto, varios creadores han criticado los resultados de esta celebración en las redes sociales. Por ejemplo, una de las artistas participantes cuestionó los resultados del acontecimiento: “Pues esta Noche Blanca fue la más triste y desangelada de la historia. Es una lástima que este evento, que es uno de los pocos que realmente ayuda a la economía local de muchos, se esté yendo al catre por tomar decisiones sin pensar en los que participamos en ella. La programan en el mes más caliente del año, cuando no hay turismo y al final de la quincena. Para muchos, salió más caro el caldo que las albóndigas.”
Ahora bien, ¿cuál es la diferencia profunda entre un evento cultural y un espectáculo? Vale señalar que, en tanto el espectáculo implica solamente entretenimiento, los eventos netamente culturales provocan aprendizaje de las formas de expresión artísticas y sus mensajes formativos. Asimismo, los actos artístico-culturales reflejan innovación y creatividad por parte de los proveedores y deleite auténtico en los auditorios. Sin embargo, algunos gestores y promotores “culturales” confunden con mucha facilidad estos acontecimientos: creen que si ofrecen al público música popular y comercial es porque las audiencias eso esperan, sin ponerse a pensar que la música alternativa tendría más poder socializador y culturizador.
Como muestra, un botón de la Noche Blanca reciente: mientras que, en la Casa de Montejo, la Mérida Big Band ofreció un concierto con piezas de Louis Prima, Glenn Miller y Ray Conniff, en la Plaza Grande, ocurrió, primero, un espectáculo cómico de Dzereco y Nohoch y, enseguida, un concierto musical de pop latino con la banda Bacilos, agrupación multinacional fincada en la ciudad de Miami. Si bien la música de big band es popular, ésta forma parte de la memoria cultural colectiva desde hace varios años; en cambio, el concierto de la banda de Miami tiene un carácter mucho más comercial, sin mencionar siquiera la naturaleza del show cómico que abrió el espectáculo de los Bacilos.
5 kilómetros de eventos “culturales”, así fue como el ayuntamiento de Mérida promovió la Noche Blanca, cuando lo que menos importa es la cantidad de sucesos sino la calidad de estos Efectivamente, hubo actos estrictamente artísticos, que representan el alma de toda cultura, como las exposiciones de artes visuales. Un caso que vale destacar fueron las cuatro exhibiciones de esta modalidad artística en el Museo de la Ciudad: las pinturas de FoCa, las fotografías de Lizette Abraham, las esculturas de Juan Gorupo y las acuarelas de Rodolfo Baeza, exposiciones que recibieron la curaduría de expertos del arte, como Rafael Pérez y Pérez, entre otros.
Otra circunstancia poco afortunada fue que la excesiva cantidad de eventos estuvieran encajados en dos días, el sábado 23 y el domingo 24, cuando bien pudieron suceder a lo largo de una semana, para que los ciudadanos tuvieran la oportunidad de acudir a la mayor diversidad de actos. Para muchos que quisieron asistir a otros los eventos, resultó imposible, lo cual fue realmente frustrante. Ojalá que, en las próximas ediciones de la Noche Blanca, los responsables de la planeación y la operación tomen en cuenta el carácter formativo que deben cumplir los eventos, lo cual eliminaría el enfoque del entretenimiento, y determinen menor cantidad y mayor calidad de los actos.
Edición: Estefanía Cardeña