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Ricardo Calderón y la OSY refrendan el arraigo de la zarzuela con glamoroso concierto en Yucatán

El maestro Alfonso Scarano culminó su primera temporada de conciertos con el público de pie
Foto: Jesús Mejía

En su despliegue de arte lírico en Mérida en sendos conciertos de zarzuela, el tenor jalisciense Ricardo Calderón tendió puentes de comunicación emocional con el público y ratificó junto con la Sinfónica de Yucatán el arraigo del género como una de las manifestaciones culturales más genuinas de la identidad española. 

Sin prejuicios ideológicos, los amantes del género hispano abrazaron con calidez y aplausos la actuación del tenor mexicano Ricardo Calderón en su recital “Velada de zarzuela” con la Sinfónica de Yucatán, en lo que fue el último programa de la primera temporada 2026 de conciertos de la orquesta.

Cantante y sinfónica interpretaron algunas de los más célebres pasajes, preludios e intermedios de zarzuelas de Chapí, Giménez y Guridi, y juntos rememoraron el auge y los mejores momentos del género, cuando la compañía de Pepita Embil y su hijo Plácido Domingo dejaron su impronta imborrable en su paso por Tierras del Mayab.

Bajo la batuta del maestro Alfonso Scrano, el tenor jalisciense revivió en su presentación los enredos jocosos, dramas y escenas costumbristas del popular género español que fusionó escenas habladas con fragmentos cantados, coros y danzas populares que fueron muy populares en los años 50´s,60´s y 70´s tanto en Mérida como en la Ciudad de México.

En su presentación, el tenor Calderón confirmó su calidad como uno de los cantantes mexicanos más reconocido de la zarzuela, sobre todo en EU, España y México, al interpretar Deja la guadaña segador de Black el Payaso (de Pablo Sorozábal) de gran carga emocional y luego con Tienes razón amigo de La Chalupona (de Federico Moreno Torroba). 

La OSY recreó bajo batuta del maestro Scarano el ambiente festivo de la cotidianeidad de las plazas españolas con el Preludio de La revoltosa, de gran dinamismo rítmico contagioso, y el Preludio El tambor de granaderos (ambos de Ruperto Chapí), de sincopada marcha militar y espíritu heroico.

De manera alternada con la orquesta, el cantante hizo gala de su coloratura de tenor ligero o tenor lírico-ligero con registros agudos, un do de pecho en su máxima expresión y una gran versatilidad que le han permitido actuar en óperas de Puccini, Verdi y Mozart, así como ser protagonista fundamental del drama y pasión de la música española.

Después de Un gitano sin su honor, de línea vocal exigente y apasionada, en la que emitió un Do de pecho que detuvo la respiración del auditorio, Ricardo Calderón cautivo al público con la romanza Paxarín tú que vuelas de La pícara molinera, una joya de lirismo y delicadeza por el uso de varias notas musicales sobre una misma sílaba hasta descansar en un delicado agudo.

Para entonces, el público estaba fascinado por esta compenetración con el artista, quien vivió y transmitió los sentimientos de cada uno de los personajes aludidos en su repertorio, marcando su preferencia por los recitales dentro del bel canto y la ópera. 

El júbilo, el frenesí del aplauso vino después al entonar el célebre pasaje No puede ser de La tabernera del puerto (de Pablo Sorozábal), de las romanzas para tenor más famosas y exigentes del repertorio y que en una de sus actuaciones la interpretó ante el tenor Plácido Domingo, una leyenda en vida, de quien recibió algunas sugerencias de lujo.

Ya en la etapa postrer, la OSY invitó al regocijo con el fandango Doña Francisquita (de Amadeo Vives), pieza de gran colorido orquestal con la alegría y el refinamiento de la escena lírica española. Entonces, vino la apoteosis lírica con Granada de Agustín Lara, convertido desde su creación en 1932 en el himno universal de la ciudad andaluza.

De melodía expansiva, radiante, que requiere una entrega vocal absoluta, Granada – que el autor compuso sin conocer aún España- removió los cimientos del Palacio de la Música con la voz del tenor invitado llena de sensibilidad y arte lírico, que el público agradeció con atronadores aplausos y gritos de “bravo”. 

Aunque nada tiene que ver con la zarzuela, tanto el maestro Scarano como el tenor accedieron a compartir la melodía y las nostálgicas letras de la popular canción “Amor eterno” de Juan Gabriel, de tal forma que el eco de esa canción resonó más allá de las paredes del Palacio de la Música en una simbiosis de orquesta, cantante y público.

De esta manera, junto con un reconocimiento público de los músicos a su jefa de personal, Neyla Burgos, concluyó con gran aceptación la primera temporada del maestro Scarano al frente de la OSY, la cual reanudará actividades en septiembre próximo con el respaldo de la Secretaría de la Cultura y las Artes del gobierno del estado.


Edición: Fernando Sierra


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