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Decheva y Collins, virtuosos del más alto nivel, con la Sinfónica de Yucatán

Interpretaron el Doble Concierto para Piano, Violín y Orquesta de Mendelssohn
Foto: Jesús Mejía

La música de concierto suena en Mérida a la altura de otras capitales del país y del mundo, y aún mejor con dos figuras prominentes como solistas, la pianista Irina Decheva y el violinista Christopher Collins, quienes interpretaron con la Sinfónica de Yucatán un concierto del alemán Félix Mendelssohn.

Muy comprometidos con guardar la fidelidad en la partitura como en transmitir el arte de la música al público, la dupla, acompañada de la OSY dirigida por Alejandro Basulto, llevó a buen puerto el Doble Concierto para Violín, Piano y Orquesta, producto del precoz talento del compositor, a los 14 años de edad.

Se trata de dos intérpretes de talla internacional, el maestro estadounidense Collins, formado en los prestigiados institutos Curtis y Julliard de EU, ganador de concursos internacionales y con más de 40 giras en el mundo, reconocido por sus méritos como actual concertino de la Sinfónica de Yucatán.

De igual manera, destacó la profesora búlgara, la pianista Irina Decheva, formada en Sofía y Austria y galardonada en Senigalia, Italia, y en Viena, forjadora de talentos en la Universidad de las Artes y organizadora del bianual Concurso Internacional de Piano José Jacinto Cuevas Yamaha.

La pianista, con un vestido rojo elegante de cola, y el violinista con guayabera blanca, alternaron entre sí y con la orquesta en interminables secuencias del Doble Concierto, que constituyó en la partitura del joven Mendelssohn, todo un repaso por el barroco, el clasicismo y el romanticismo.   

Al virtuosismo y seguridad en el violín de Collins, quien llamó la atención por poseer una partitura en una Ipad cuyas páginas cambiaba con un pedal –la tecnología al servicio de los músicos- se sumaron las escalas y notas de la pianista quien prefirió usar la partitura en papel, la cual hojeó constantemente.

En tres movimientos, los solistas mostraron sus cualidades como concertistas, al proyectar vida y movimiento a la composición de Mendelssohn (1809-1847) escrita en tres tiempos en 1823, en la cual se percibe la influencia de Johann Sebastian Bach y el sistema de contrapunto, compositor que admiró y rescató parte su obra.

Decheva en el piano y Collins en el violín mantuvieron en vilo al público durante los 35 minutos de duración del doble concierto con fraseos, secuencias armónicas rápidas y escalas alternadas, que puso a prueba la capacidad de los solistas y dieron lugar a un virtuosismo de alto nivel.

Es de destacar la supervivencia de la obra del Mendelssohn, ya que después de su presentación en 1823 desapareció de los archivos del compositor y fue, hasta después de la II Guerra Mundial, que la partitura fuera hallada en la Biblioteca de Berlín, lo cual permitió reconocer su estatura como un genio de la música.

El programa, el penúltimo de la temporada de conciertos de la OSY, dedicada a dos de los grandes compositores alemanes, incluyó a Richard Wagner (1813-1883), cuyos seguidores son también considerables como los de Bach, Beethoven y Brahms, lo que se reflejó en el Auditorio del Palacio de la Música. 

Después de la dulce expresión musical de Wagner con el Idilio de Sigfrido, compuesta para su esposa Cosima Liszt y a su hijo recién nacido de ese nombre, llegó la espiritualidad con el Preludio del Acto I de la Ópera de Lohengrin, en el cual el autor aludió al Santo Grial o copa que utilizó Jesús en La Última Cena.

Mediante registros agudísimos a cargo de los violines primeros y segundos hasta alcanzar el clímax glorioso, Wagner dejó su huella en la forma de estructurar el preludio de la ópera, a lo que siguió otro pasaje de carácter festivo y energía desbordante a cargo de toda la orquesta, incluidos metales y percusiones.

La Obertura de la Ópera Rienzi que, con un solo de trompeta inicial marcó la epopeya del tribuno romano del mismo nombre, atrapó la atención del público por el vigoroso manejo de metales y percusiones, que mostró un Wagner capaz de orquestar grandes masas sonoras que lo han distinguido en la posteridad. 

Así, la música de dos genios alemanes, Mendelssohnn y Wagner, del primero con dos solistas de calidad interpretativa y del segundo, toda una orquesta proyectada en la grandilocuencia sonora, selló en la memoria de los asistentes esta narrativa musical al estilo de las grandes ciudades de México y de otros países.

Los melómanos de Yucatán han hecho suya a la orquesta con la asistencia asidua a los conciertos tanto en el Palacio de la Música como a los que se han programado en el auditorio del Parque de la Plancha, donde se han registrado llenos completos e incluso sobrecupos. La institución es sólida por lo artístico y su arraigo público.


Edición: Fernando Sierra


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