Opinión
Francisco J. Rosado May
22/06/2026 | Chetumal, Quintana Roo
Desde hace unas semanas hemos visto el movimiento de la CNTE reclamando la erogación de la nueva forma de jubilación (afores), para regresar a la antigua. La respuesta del gobierno ha sido que no hay recursos suficientes para cubrir tal demanda, a pesar de que fue promesa de campaña.
También hace unas semanas Moody’s bajó el nivel de calificación de la deuda mexicana, de Baa2 a Baa3. Antes Standard & Poor’s (S&P) había cambiado a la baja la perspectiva sobre la economía mexicana ubicándola en la categoría BBB. Los cambios en las calificadoras reflejan que la deuda bruta mexicana representa 49.3 por ciento del PIB. A esto se suma que la expectativa del crecimiento económico para el 2026 se ubica a menos del 1 y posiblemente al 1.3 por ciento en el 2027. Nada bueno.
Lo anterior demanda una reflexión crítica con varias entradas. Por un lado, se ha repetido reiteradamente, aunque ha caído en oídos sordos, que no hay forma de mejorar la productividad y la economía del país cuando el nivel educativo deja muchísimo que desear en todos los niveles para la gran mayoría de la población. Y no se observa política pública eficaz para cambiar esta tendencia.
Por otro lado, la insistencia en usar conceptos convencionales de economía para todo el gran mosaico sociocultural de México. Los conceptos clásicos de competencia, cadena de valor, cadena de suministro, entre otros, guían decisiones y acciones que nos han llevado a lo que se describió arriba. Pero hay otras formas de pensar.
Recientemente se publicó un libro muy importante titulado La Economía del Bien Común (The common good economy), de la autora Mariana Mazzucato. El libro presenta información como la siguiente.
Tan solo en 2025, las 500 personas más ricas del planeta añadieron 2.2 billones (en sistema decimal) de dólares americanos a su fortuna, mientras que en el mismo año más de 2 mil millones de personas experimentaron moderada o acentuada inseguridad alimenticia. Recordemos que Musk se acaba de convertir en el primer billonario del planeta.
La organización Oxfam, basada en Nairobi y con presencia en México, publicó una estimación de que los super ricos en países con alto nivel de vida extrajeron unos 30 millones de dólares por hora a los países de bajo o medio nivel de vida; países donde vive, más o menos, 85 por ciento de la población mundial. Es como una forma de parasitismo; nada bueno, pero es el sistema económico dominante que ha construido la humanidad, unos con papel activo y otros con papel pasivo pero que permitieron el desarrollo de ese sistema. Pero no es sostenible y necesita transformarse.
Mazzucato reta los conceptos convencionales que dominan la forma de pensar de la economía. El corto plazo no debe ser la guía de inversión, ni para economistas y ¡mucho menos para políticos! Ante los retos globales actuales, como el cambio climático, pérdida de biodiversidad, guerras, etc., se necesita pensar diferente, pensar en la gente, en el bienestar común (pero no en el sentido de partido político alguno).
Para ello la autora apela a la sabiduría, a la inteligencia reflejada en el pensamiento y conocimiento de los pueblos indígenas. Es necesario e indispensable, prácticamente como una tabla de salvación a la también llamada autodestrucción, ante los retos actuales, voltear la mirada a la sabiduría ancestral. Afortunadamente aún existen los guardianes de ese conocimiento, aunque cada vez son menos. Esta es una tarea en la que deben articularse políticas públicas, instituciones educativas y financiamiento de proyectos culturalmente pertinentes.
La alternativa no es halagüeña.
Es cuanto.
Edición: Fernando Sierra