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La lectura y los universitarios

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Foto: Gerardo Jaso

En la novela Los premios, de Julio Cortázar, el escritor dejó asentada una afirmación que revela la esencia de la literatura y la fuerza de la lectura: “Los libros van siendo el único lugar de la casa donde todavía se puede estar tranquilo”. Aunque no se refería a que los libros implican exclusivamente una tranquilidad física, como un refugio, sino también a la capacidad de abrir en los lectores otras perspectivas, enfoques nuevos ante la vida, que es la misma para todos. Seguramente por ello, Cortázar apostó por provocar al lector para que participara en la obra literaria como, por ejemplo, en su novela Rayuela.

Sin embargo, los propósitos de Cortázar y otros escritores de la época (principalmente de los años sesenta) cada vez se consiguen menos. Y es que las circunstancias que nos rodean actualmente impiden avanzar hacia tales objetivos: disfrutar de la literatura y ser más adictos a la lectura. Para resolver la problemática lo mejor posible, habrá que recuperar el concepto de José Ortega y Gasset: “yo soy yo y mi circunstancia, y si no la salvo a ella no me salvo yo”.  En efecto, el ser humano no cuenta solo, hay que tomar en cuenta todo lo que le rodea: la historia, la formación familiar, la educación escolar, la cultura, entre otras circunstancias.

Y precisamente bajo esta idea del “yo y mi circunstancia” habrá que resolver la diversidad de problemas que la gente está padeciendo en la actualidad: la tecnología invasiva, el abandono de la lectura de libros, la renuncia a la escritura a mano, la adicción a las redes sociales, la aceptación de fake news, entre otras dificultades. Y no se trata de salvar sólo a las generaciones más jóvenes, como la Alfa (los niños y adolescentes que nacieron entre 2010 y 2015), sino hasta la Zeta (los universitarios de bachillerato y educación superior). Sobre todo, éstos últimos (Z), que enfrentan hoy día una crisis silenciosa: no adquirieron habilidades contundentes de lectura, y que la padecen estudiantes en todo el mundo.

Las dificultades de lectura de estos jóvenes se reflejan en la incapacidad de leer textos aparentemente largos, ya que de niños sólo leían mensajes en el teléfono o posts en las redes sociales, pero no textos extensos. Estos mismos universitarios padecen, asimismo, de la imposibilidad de seguir y entender argumentos complejos, ya que nunca realizaron ejercicios de comprensión lectora. Y para culminar, estos mismos muchachos tienen muchos problemas ante la escritura analítica. Lo anterior, vale destacar, no es una apreciación de los docentes, sino resultado de evidencias neurocientíficas.

Entre las pruebas aplicadas a estos universitarios, destaca la lectura que les solicitaron de un texto de 20 páginas (extensión standard a finales del siglo XX), pero que no lograron terminar en el tiempo establecido ni comprendido del todo. En los Estados Unidos (EU), la comprensión lectora del último semestre de bachillerato alcanzó el nivel más bajo en 2024, a diferencia de lo logrado en 1992, año en que comenzaron a aplicar tales pruebas. Además, la tercera parte de los estudiantes evaluados en EU están por debajo del nivel básico de lectura, quedando totalmente alejada de ellos la lectura profunda.

No cabe duda que será muy importante desarrollar los planes del Gobierno de México para limitar, primeramente, el uso de los teléfonos inteligentes entre la población escolar de todo el país, y, seguidamente, establecer condiciones de uso de estos dispositivos en las escuelas de educación secundaria y bachillerato. Aunque también en los hogares será relevante aplicar algunas condiciones de uso entre los hijos, además de tenerlos bajo vigilancia, porque no sólo hay riesgos de estar por debajo de los niveles básicos de la lectura, sino de enfrentar contenidos peligrosos para los niños y los adolescentes, amén del manejo inadecuado de la Inteligencia Artificial: ha sido detectada menor actividad neuronal en estudiantes que delegan al ChatGPT tareas de escritura.

Lo anterior no es menor, si se considera que estos futuros ciudadanos impactarían la vida social y económica del país si llegan a ejercer su profesión con la menor capacidad de lectura, que los llevaría a enfrentar dificultades derivadas de la mala interpretación de leyes, por ejemplo.

contacto@lajornadamaya


Edición: Fernando Sierra


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