Opinión
Alfonso Gallardo Velázquez
06/07/2026 | Mérida, Yucatán
Una de las interrogantes que les interesa dilucidar a los estudiosos de las poblaciones del pasado es conocer el origen y las posibles poblaciones ascendientes de éstas, pues con ello se logran reconstruir la historia y la evolución desde el punto de vista biodemográfico de las mismas.
Así, a partir de los restos que dejaron estas poblaciones, como sus esqueletos y dientes, se realizan análisis comparativos de la forma y el tamaño de las distintas partes que componen el esqueleto humano. Por ahora, dejamos de lado los estudios a nivel molecular, como los análisis bioquímicos y genéticos, que también pueden utilizarse con el mismo propósito. Gracias a estas comparaciones, los investigadores determinan si existen afinidades o diferencias entre las poblaciones estudiadas y, con esa información, reconstruyen su historia evolutiva.
Una variante poco frecuente del primer premolar superior es la conocida como premolar Uto-Azteca o cresta disto-sagital del primer premolar. Este rasgo fue descrito por primera vez en 1967 por el investigador estadounidense Donald H. Morris. Posteriormente, en 1978, Morris, junto con Albert Dahlberg y S. Glasstone Hughes, acuñó formalmente el término “premolar Uto-Azteca” al observar que aparecía con cierta frecuencia en grupos pertenecientes a la familia lingüística yuto-azteca. Este rasgo se caracteriza por presentar tres singularidades principales: (1) una nueva cresta pronunciada que se extiende desde el ápice de la cúspide bucal (primera cúspide o paracono) hasta el borde distal oclusal sobre o cerca del surco sagital; (2) una rotación de la cúspide bucal con dirección disto-bucal; y (3) la presencia de una fosa que se forma entre la cresta marginal distal de la cúspide bucal y la “nueva” cresta descrita anteriormente (ver fotografía). Es importante señalar que este rasgo es poco común, ya que su frecuencia en las poblaciones estudiadas varía entre 0.4 y 16.7 por ciento.
Como ya se mencionó, en un principio se pensó que este rasgo era exclusivo de las poblaciones originarias americanas pertenecientes a la familia lingüística yuto-azteca, que habitaban el suroeste de Estados Unidos y el norte de México (Arizona, Nuevo México y Chihuahua). Sin embargo, posteriormente se identificó la cresta disto-sagital en primeros premolares superiores de poblaciones prehistóricas y actuales del este de Norteamérica, del norte y centro de México y de Sudamérica que no pertenecían a esa familia lingüística.
A pesar de estos hallazgos, se seguía considerando que el rasgo era exclusivo de las poblaciones americanas. Se proponía que había surgido en el suroeste de Norteamérica entre 15 000 y 4 000 años antes del presente y que, durante el Holoceno tardío, se había dispersado rápidamente hacia Sudamérica. Además, los estudios familiares sugerían que podría tratarse de una mutación autosómica recesiva ocurrida después del poblamiento de América, ya que su distribución parecía limitarse a las poblaciones amerindias de Norte y Sudamérica.
No obstante, en años recientes se han documentado casos de premolar Uto-Azteca en poblaciones de Australia, Asia y Europa. De hecho, en el año 2000 tuve la oportunidad de identificar este rasgo en una población prehistórica del sur de España mientras investigaba, mediante rasgos dentales, las posibles afinidades biológicas entre poblaciones neolíticas y calcolíticas de Andalucía.
La fotografía muestra un primer premolar superior derecho con el rasgo de premolar Uto-Azteca, perteneciente a un individuo de entre 8 y 10 años de edad, procedente del municipio de Loja, provincia de Granada (Andalucía, España). Este hallazgo corresponde al Calcolítico español (Edad del Cobre), con una antigüedad aproximada entre 2300 y 1800 a. C.
En consecuencia, podemos apreciar que en un primer momento se pensaba que el encontrar un caso de premolar Uto-Azteca cuando se analizaba una colección esquelética americana indicaba que esta estaba relacionada con poblaciones del suroeste Estados Unidos de Norteamérica y norte de México vinculadas a la familia lingüística yuto-azteca, posteriormente, se amplió el panorama y se deducía que este rasgo confirmaba que la colección procedía del continente americano. Por último, al encontrarse casos de premolar Uto-Azteca en los demás continentes se rompió con la exclusividad de este rasgo en territorio continental americano.
Ante esto, queda el reto de determinar si este rasgo evolucionó mucho antes de lo que se pensaba en algún territorio de los viejos continentes (Africa, Asia, Europa) y que por difusión (flujo génico) llegó a las demás regiones donde hoy se encuentra, o si por evolución paralela se dieron eventos mutacionales autosómicos recesivos similares que llevaron a que este rasgo se encuentre en diversas regiones continentales. Esto lo podremos resolver en la medida en que los investigadores encuentren más casos de premolar Uto-Azteca en las colecciones que investigan y conozcamos su lugar de procedencia y la datación de estas.
Alfonso Gallardo Velázquez es antropólogo físico del Centro INAH-Yucatán
Coordinadora editorial de la columna:
María del Carmen Castillo Cisneros, antropóloga social del Centro INAH Yucatán
Edición: Estefanía Cardeña