Opinión
Arturo Victoria Pérez
14/09/2026 | Mérida, Yucatán
El municipio de Umán resguarda un gran patrimonio arqueológico asociado con la cultura maya prehispánica, cuya investigación científica ha sido profundizada en los últimos años por el Proyecto Arqueológico de la Región de Umán del Centro INAH Yucatán. Al respecto, buena parte de los asentamientos modernos del municipio han sido habitados desde el período preclásico (antes del 250 d.C.), como posiblemente sea el caso del pueblo maya de Bolon, ubicado al suroeste de la ciudad de Umán. Todavía se conoce poco de su ocupación prehispánica, aunque son visibles los vestigios materiales de algunos monumentos entre las casas, las calles y los montes circundantes.
Desde la época preclásica, sobre el territorio regional donde se fundó Bolon ya se edificaban ejemplos avanzados de arquitectura monumental de poder (acrópolis, templos
piramidales, juegos de pelota, etc.), como ha sido documentado en los sitios arqueológicos cercanos de Panadero y el incipiente centro regional de Poxilá (situado 4.5 km al sureste). Por consiguiente, es probable que sus pobladores participaran del surgimiento y complejizaron los tipos de organización social y territorial (que adoptaron una relativa diversidad cultural de ambientes construidos a escala local), así como dentro de las redes de comercio a larga distancia desarrolladas en la geografía suroeste de Umán.
Específicamente, el sitio arqueológico de Bolon está registrado con la clave Q16 D (7): 242 y rango IV en el Atlas Arqueológico de Yucatán, publicado por Garza y Kurjack en 1980. Su centro cívico-ceremonial se conformó de una gran plaza asociada a un extenso basamento poligonal, en cuyo costado poniente sobresalió una estructura piramidal de aproximadamente 10 metros de altura, espacio al que los indígenas acudían a realizar sus ritos oficiales y rendir culto a sus deidades; asimismo, representó el nodo territorial y cultural de una comunidad que se mantuvo habitada hasta la llegada de los conquistadores españoles a principios del siglo XVI. Alrededor del núcleo central se establecieron las unidades habitacionales, de las que actualmente quedan los restos mal conservados de unas cuantas plataformas y metates ápodos hechos en piedras calizas (indicadores de la práctica cotidiana de la molienda).
Un relato histórico de mitad del siglo XVI, atribuido a un cronista español, atestiguó la permanencia geográfica de la aldea de Bolon, cuyos emisarios visitaron a Francisco de Montejo “El Mozo” y al sobrino del Adelantado cuando estos acamparon en las inmediaciones de un antiguo pozo de agua localizado en Dzibikal, Umán, y que en aquel entonces fue considerado un punto estratégico de abastecimiento cercano a T’hó (Mérida) durante las incursiones militares hacia el sur de Yucatán.
Por otra parte, partiendo de las investigaciones realizadas por el mayista Ralph Roys se conoce que en los tiempos de la invasión española, la comunidad de Bolompoxché (como también se le nombró antiguamente a Bolon) aparentemente estuvo integrada políticamente a la jurisdicción política unificada o cuchcabal de Ah Canul (donde también se reconocían los pueblos de Sisal, Hunucmá, Tetiz, Ucú, etc.) cuya jurisdicción real se extendió por el extremo noreste de la península de Yucatán.
Casi un siglo después, en 1625, en el marco de la evangelización cristiana y la consolidación del orden colonial, sobre los restos del antiguo gran basamento prehispánico del centro cívico-ceremonial de Bolon y a 30 metros de la fachada del templo piramidal, se empezó a erigir una iglesia de confesión católica que, con el paso de las décadas, adquirió una relativa importancia ceremonial entre los indígenas locales. De hecho, la realización de las festividades religiosas en este nuevo santuario dedicado a la Virgen de la Candelaria o también llamada la Virgen de Bolompoxché fue eficaz para congregar el fervor de la población maya circundante de las comunidades vecinas de Poxilá y San Antonio Chum.
Finalmente, cabe señalar que la comisaría moderna de Bolon es un ejemplo visible de la herencia cultural maya y la presencia ancestral de los pueblos originarios que habitan en el municipio de Umán.
Se agradecen las facilidades brindadas por los participantes del Proyecto Arqueológico de la Región de Umán, bajo la dirección de la arqueóloga Lourdes Toscano Hernández.
Arturo Victoria Pérez es investigador de carácter eventual del Centro INAH Yucatán,
[email protected]Coordinadora editorial de la columna:
María del Carmen Castillo Cisneros; antropóloga social, Centro INAH Yucatán.
Edición: Estefanía Cardeña