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Bolivia por la democracia verdadera

La dictadura impuesta tras el golpe contra Evo Morales
Foto: Reuters

La fuerza obrera-popular-indígena otra vez ha recorrido los senderos bolivianos en estos días de agosto, con una huelga general, las centrales obreras y campesinas, los Ponchos Rojos y otras agrupaciones en un Pacto de Unidad, realizaron bloqueos en las principales ciudades de la nación andina exigiendo en principio al Tribunal Supremo Electoral de Bolivia el respeto a las elecciones establecidas por ley para el 6 de septiembre y posteriormente el fin del gobierno golpista. Por su parte, el gobierno de facto encabezado por Jeanine Añez, mediante excusas como la pandemia de COVID-19 (cuyos efectos reales no le importo), pretende mantener la dictadura impuesta tras el golpe contra Evo Morales, postergando por tercera vez las elecciones bolivianas a través de una ley que las reprograma para el 18 de octubre, originalmente estipuladas para el 2 de agosto y luego para el 6 de septiembre. 

Su intención no ha sido garantizar la democracia, sino imponer los mandatos de la oligarquía rancia y pro-imperialista. Ante la exigencia del pueblo, la represión no se ha hecho esperar, se han activando a grupos paramilitares y organizaciones neofascistas, en un marco de manipulación mediática que oculta la realidad boliviana, pues un gobierno como el de Añez, solo puede sostenerse mediante el uso de la fuerza. 

Como ejemplo quedan las declaraciones del ministro golpista Arturo Murillo, quien en una entrevista con CNN, afirmó que “meter bala sería lo políticamente correcto”, refiriéndose a las protestas. También es de advertirse el silencio de la OEA, organismo que siempre dice “preocuparse” por los procesos democráticos de la región, pero ahora nada ha manifestado en contra de la evidente interrupción manipulada de las elecciones bolivianas, no se ha pronunciado sobre la represión, y mucho menos, sobre la gestión antihumana hecha por el régimen de facto en relación de la pandemia del coronavirus, demostrando la OEA su real esencia sometida al imperialismo.

La organización obrero-popular se conjuga en el Cabildo, una asamblea popular horizontal de raigambre tradicional, que expresa el deseo del pueblo, generando la democracia social boliviana, algo que el imperialismo y los golpistas no logran comprender, la estructura libertaria del Cabildo rebasa toda lógica vertical-impositiva de la “democracia liberal”, pues no se basa ni se extingue con las elecciones. El Cabildo ha fortalecido la resistencia boliviana, unificándola con acuerdos de rechazo absoluto a la dictadura de Añez.

El Cabildo continua y extiende la resistencia reafirmada en la conciencia histórica del pueblo boliviano, sabedor de su fortalece demostrada con anterioridad tras el derrocamiento de gobiernos neoliberales a principios del siglo corriente, el propio Movimiento al Socialismo (MAS), se verá rebasado si no es capaz de superar sus posturas centristas y escuchar el deseo de una nueva revolución boliviana. La democracia está en marcha con la organización consciente de los obreros y sectores populares, superando incluso la sumisión partidaria, la organización del pueblo reclama el fin del gobierno golpista y la instauración de una real democracia, que tenga como elementos inalienables a la justicia social, la igualdad, la defensa de la soberanía y la autodeterminación de los pueblos; la verdadera democracia reside indiscutiblemente en la voluntad de los miles de bolivianos que nuevamente resisten y se rebelan para recuperar y mantener sus derechos pisoteados.

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Edición: Enrique Álvarez


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