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Guía Ética: debate abierto

Editorial

Acompañado por el vocero de la Presidencia, Jesús Ramírez Cuevas, y los demás redactores del documento, el presidente Andrés Manuel López Obrador presentó ayer la Guía Ética para la Transformación de México. Como explicó Ramírez Cuevas, la guía es producto de más de 50 foros de reflexión, análisis y debate, los cuales se realizaron a lo largo de dos años y contaron con la participación de más de un centenar de instancias de gobierno, organizaciones de la sociedad civil, instituciones de educación superior e iglesias.

La elaboración de un texto destinado a exaltar los valores generados por la variedad cultural y el desarrollo civilizatorio del pueblo mexicano, con los cuales combatir la degradación civil y procurar el “bienestar del alma”, es una promesa empeñada por el mandatario el día de su toma de posesión. Asimismo, cabe recordar que en su denominación original de Constitución moral la Guía ética fue objeto de rechazo y críticas. Éstas se debieron a que no es posible plantear una “constitución moral”, en tanto la Constitución es un documento legal; más aún, es la ley máxima que rige al país y lo dispuesto en su articulado es de cumplimiento obligatorio. Otro motivo polémico fue la interpretación del término moral en su significado coloquial de moralina y de lo que sectores conservadores suelen defender como “buenas costumbres”. En este sentido, el cambio de denominación resulta positivo al ubicar a la Guía Ética fuera del terreno de las leyes, que son construcciones sociales vinculantes y coercitivas, y trasladarlo al campo de la ética, es decir, de la reflexión acerca de las normas que rigen nuestra conducta en sociedad más allá de lo que indica la legislación.

 

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Estas normas y la reflexión en torno a ellas, aunque carentes de fuerza legal, resultan imprescindibles para la convivencia. La mejor prueba de ello es la inocultable degradación ética que padece el país tras décadas de promoción del mercantilismo, el individualismo, el consumismo, una concepción egoísta e irresponsable del éxito, la competencia en detrimento de la colaboración, el bienestar individual por encima del colectivo. La imposición de estos antivalores, que constituyen el núcleo de la ideología neoliberal, facilitó que México se volviera simultáneamente un semillero de pobres y de integrantes de las listas de Forbes, que seamos un escenario mundial de primera importancia en la violencia de género, que los indígenas sigan padeciendo un racismo arraigado.

En respuesta a las lacras generadas o exacerbadas por la crisis de valores, la Guía Ética articula una serie de propuestas para una conducta ética, la cual debe ser criticada y mejorada mediante un debate mucho más amplio y participativo que el que la antecedió. Así, la principal virtud de este documento radica en la posibilidad que abre para poner en el centro del debate la configuración ética requerida por la sociedad mexicana. Cabe esperar que la mayor cantidad posible de actores sociales –ciudadanos a título individual, colectivos, comunidades, sindicatos, organismos empresariales, instituciones académicas, partidos políticos, iglesias– se animen a analizar y debatir la propuesta lanzada en Palacio Nacional. De dicho análisis puede surgir un nuevo texto que detecte eventuales lagunas, inconformidades o disconformidades con la redacción actual y refleje una construcción axiológica más, amplia, diversa y potencialmente consensual.

En espera del apropiamiento social de la Guía Ética, por lo pronto queda claro que tras la propuesta de “Constitución moral” nunca hubo una voluntad de forzar a segmento alguno de la población a adoptar determinadas actitudes, o imponer un paradigma moralino ni mucho menos religioso de conducta, sino de incitar a la ciudadanía a expresarse en torno a las normas de comportamiento deseables y necesarias. Sólo queda llamar a la discusión, a debatir aquellos puntos donde no haya acuerdo, así como a apropiarse y poner en práctica aquellos que generen consenso.

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Edición: Emilio Gómez

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