de

del

Carlos Mena
Foto: Afp
La Jornada Maya

Jueves 27 de octubre, 2016

La obsolescencia programada de productos electrónicos, partes de auto y enseres domésticos ya llegó al límite de lo absurdo para quien vivió el cambio en la olvidada era de la calidad el siglo pasado.

El tema surgió de un bombillo que tiene más de 100 años encendido en la estación de bomberos en Livermore Estados Unidos. Se investigó por qué y se descubrió el caso más grande de manipulación de precios en el mundo; es decir, los primeros fabricantes empezaron competir por la calidad de más horas de duración hasta que las fábricas del mundo se pusieron de acuerdo para hacer las bombillas de mala calidad y tuvieran que comprar bombillos más veces. Las pruebas se documentaron muy tarde y nunca fueron castigados por la ley por dos razones; no había ley para castigar esas conductas y la segunda no tenía el gobierno instancias para perseguir esos delitos.

Hoy las baterías de los autos duran dos a tres años y antes 20; las impresoras, copiadoras y otros aparatos domésticos empiezan a sacar errores y no faltan los softwares o chips chinos que puedes utilizar para alargar la vida de tus aparatos. Secadoras de pelo y otros aparatos con resistencias que se rompen y muchísimos aparatos hoy duran poco.

¿Conspiración mundial? Muchos países, sobre todo los europeos, han tenido juntas a puerta cerrada con grandes fabricantes de electrónicos y electrodomésticos para fincarles multas y responsabilidades y han sacado argumentos, si no moralmente válidos, sí lo suficientemente convincentes para detener multas y sanciones:

Postulan que al poner componentes de mala calidad, hacen que los productos se abaraten y elevan la calidad de vida de más gentes.

Al tener más ventas, generan más empleo y más impuestos al gobierno.

Los productos de calidad requieren de una pureza en el material de sus componentes por lo que requieren más procesos industriales que contaminan el ambiente; es decir, es más ecológico producir sin calidad.

La realidad es que estos argumentos son difíciles de comprobar y en realidad hacer productos de mala calidad no rompe ninguna ley. El problema es que cada día más industrias prefieren hacerlo porque la gente compra por precio y no por calidad. Sin embargo, ya hay abusos, por otro lado, hacer las cosas con calidad tiene su mercado pero a precios más caros.

Chetumal, Quintana Roo


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