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Pablo A. Cicero Alonzo
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La Jornada Maya

2 de febrero, 2016

"Con la pederastia tocamos fondo en inmoralidad”. Las páginas de [i]La Jornada Maya[/i] se transformaron, la semana pasada, en el confesionario de Gustavo Rodríguez Vega, arzobispo de Yucatán. Un mea culpa que incomoda en la víspera de la visita del papa Francisco a México, y que indigna en el marco del estreno de la película [i]En primera plana[/i].

No es sobre la pederastia de lo que hablaré hoy, sino sobre el periodismo. Basada en hechos reales, [i]En primera plana[/i] se mete en la redacción de [i]The Boston Globe[/i], a inicios de este nuevo siglo. La trama comienza con el cambio de la dirección editorial del medio más influyente de una de las ciudades más católicas de Estados Unidos.

Llega un outsider: Marty Baron (interpretado por Liev Schreiber), para mí, el verdadero protagonista de esa producción fílmica. Al gélido Massachusetts llega un periodista nacido en la soleada Florida; judío en tierras cristianas, callado en un estridente rave, humilde en un océano de soberbia. Animal de tinta, discreto e introvertido, parece que los trabajadores de la vieja guardia se lo van a comer de un bocado.

Sin embargo, y sin necesidad de gritos o de irrupciones de cualquier otro tipo, Baron muestra el por qué hoy día es considerado el mejor editor de periódicos en los Estados Unidos. A su primera reunión de jefes de sección invita a una columnista que había escrito sobre el tema de forma de esta película: los abusos a niños por parte de sacerdotes católicos. [i]The Boston Globe[/i] cuenta con una sección especial, de investigación, llamada [i]Spotlight[/i], que da el título original a la película.

Al concluir esa primera reunión, Baron cita a Ben Bradlee Jr. (John Slattery), su segundo a bordo, y a Walter Robby Robinson (Michael Keaton), editor de [i]Spotlight[/i]. El nuevo director les pide que [i]Spotlight[/i] investigue sobre el tema de los abusos sexuales. “Una de las razones de éxito de esta sección”, replica Bradlee, “es que elige sus propios temas”. “Bien”, responde sin inmutarse Baron. “Tengan en cuenta este tema cuando elijan al siguiente”.

Además de Robinson, integran [i]Spotlight[/i] otros tres periodistas: Michael Rezendes (Mark Ruffalo), Sacha Pfeiffer (Rachel McAdams) y Matt Carroll (Brian d’Arcy James). Este cuarteto pone manos a la obra y comienza a indagar, con una parsimonia y meticulosidad que pondría los pelos de punta a cualquier editor mexicano, donde la investigación es un lujo demasiado caro.

El equipo de Spotlight recurre a fuentes que antes su mismo periódico —e incluso ellos— había menospreciado, minimizando sus versiones y demandas; comienza a hacer verdadero periodismo. Las mejores lecciones sobre el oficio que regala esta película las protagoniza Baron. Una de ellas es cuando el nuevo director le informa al dueño del periódico que iba a comenzar a investigar sobre el tema. “Sólo ten presente que el cincuenta y tres por ciento de nuestros suscriptores es católico”, le advierte el propietario. “Así es”, responde. “Lo tendré en cuenta”. Sin más qué decir, el periodista se levanta y se va. Se observa cómo el dueño traga saliva, ¡gulp!

Después, el cardenal Bernard Law, entonces arzobispo de Boston invita a Baron a su palacio. Ahí le recuerda, con diplomacia vaticana, al tradicional relación entre el clero y el periódico. “Podemos caminar juntos”, le dice el príncipe de la Iglesia. “Por su independencia”, revira el judío, “es mejor que los periodistas caminen solos”.

Robinson y su equipo abren la cloaca. En esa mirada al infierno comprueban que la Iglesia es una maquinaria que sirve para encubrir a los sacerdotes pederastas, que no reciben castigo y no son apartados de los niños; una realidad que toda la ciudad sabe y que no se atreve a decir. Un tabú social con ropajes de vergüenza, soborno, pudor y falsa religiosidad.

Entre las primeras fuentes a las que acuden los periodistas están los abogados. Escudándose en la ética profesional, estos al principio no dicen nada; mudos como relucientes sepulcros. El dique se rompe cuando el jefe de [i]Spotlight[/i] encara a uno de ellos: “Podemos contar dos historias: la de sacerdotes que abusan de niños o la de abogados que se hacen ricos defendiendo a los pederastas. Tú eliges en cuál quieres estar”.

Cientos de entrevistas, desclasificación judicial de documentos, batallas en los tribunales… Quintacolumnistas en una sociedad que no quería que sus pecados salieran a la luz; encontrando incluso reticencias en su propia redacción, en esa vieja guardia de periodistas que no soportaban que un foráneo viniera y les recordara la esencia de su profesión.

El ataque a las torres gemelas, en 2001, significó una pausa a la investigación, que una vez superados los miedos terroristas y los escollos burocráticos vio la luz en 2003. Un trabajo de años que se tradujo en un explosivo titular impreso que se convirtió en la primera ficha de dominó en caer. El resultado de la investigación fue desenmascarar a la institución, al sistema. Si se hubiera centrado únicamente en la figura del cardenal Law, como cómplice y encubridor de los pederastas, el trabajo no hubiera tenido las consecuencias que tuvo. Fue precisamente Baron quien le dijo a los sabuesos de [i]Spotlight[/i] que no personalizaran la investigación, que se centraran en el sistema, mismo que, como se comprobó después, se replicaba en un sinfín de diócesis del mundo.

[i]En primera plana[/i] no es una denuncia a la Iglesia; es un elogio al periodismo, que confirma, a pesar de lo que vienen profetizando los agoreros del desastre, que el papel y la tinta están más vivos que nunca; que sólo hace falta invertir y tener fe en los contenidos de calidad. Ninguna cuenta de Twitter o Facebook, ningún blog, ningún sitio en Internet pudo —o puede hacer— la épica que protagonizaron esos tres reporteros, un editor y un director que, a contracorriente, lucharon porque la verdad saliera a la luz.

En estos días de boletines, de rumores y de “notas pagadas”, esta película nos recuerda el valor del periodismo, que de tanto mercantilizarse ha perdido de vista que su materia prima, la información, es un bien público. En estos tiempos donde la rapidez de la primicia parece ser la única virtud, el equipo de investigadores de Spotlight demuestran que las buenas historias tardan en cocinarse; estamos tan acostumbrados a la [i]fast food[/i] que hemos olvidado el sabor de los buenos guisos.

[i]En primera plana[/i] es una película obligada para los periodistas; con ella recordarán la esencia de su profesión, tan manoseada por las pautas publicitarias de los poderosos o los intereses políticos y comerciales de sus propietarios. También les ayudará a exorcizar el miedo a las redes sociales y a recuperar la fe en la tinta y el papel. También es recomendable para todos aquellos que les guste estar informados, para que tengan en cuenta que ellos y la sociedad se merecen un mejor periodismo que el que hoy día consumen.

[i]Post Scriptum[/i]: En cuestiones periodísticas, [i]En primera plana[/i] lo dice todo, no así en el otro tema que aborda, el eclesial. Al final de la película, en letras blancas sobre fondo negro se señala que el cardenal Law fue enviado a la Basílica de Santa María la Mayor, una de las mayores de Roma. No se dice, por ejemplo, que, semanas después de su elección como Papa, Francisco se topó con este encubridor de pederastas. “No quiero que frecuente esta basílica”, zanjó, tajante, Jorge Bergoglio.
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