Foto: Fernando Álvarez Noguera

Las cuevas y cenotes de la península de Yucatán están repletas de microorganismos que han vivido allí por miles, tal vez millones de años y aunque no podemos verlos, son parte importante del equilibrio ecológico de la región.

La mayoría de estas especies han adquirido a lo largo de los años características que les permiten adaptarse a las condiciones que imperan en cuevas y cenotes: han perdido miembros o no cuentan con ojos, además de que su metabolismo es muy lento, lo que les permite pasar largas temporadas sin alimento.

En Akumal, el biólogo Marco Antonio Lazcano y su equipo se han dedicado por muchos años al estudio de las cuevas aledañas a la laguna Yalkú. Allí han encontrado un camarón al que bautizaron como Triacanthoneus Akumalensis, una nueva especie de crustáceo descrita y conocida únicamente en la cueva anquialina de ese lugar.

 

Foto: Marco Lozano

 

Los buzos han encontrado esta especie principalmente en la porción norte de la reserva privada Muluk, donde se observa el valor y la importancia de la conectividad de la reserva para la laguna de Yalkú, dado que son parte del mismo sistema geo-hidrológico

Muluk es el símbolo maya del calendario para el agua y representa el flujo (el movimiento de la marea hacia el mar), el viaje de un río a la unidad colectiva de todos los ríos que se reúnen en la inmensidad de los océanos.

El biólogo Lazcano destacó también la importancia de mantener sano el manglar, que es lugar de reproducción y refugio de decenas de especies; “no hay que olvidar que estas cuevas y cenotes desembocan en el mar y son parte de uno de los sistemas de ríos subterráneos más importantes del mundo, que es el que tenemos en la península, y en particular en Quintana Roo”.

 

Especies endémicas

Además del camarón endémico de Tulum, hay muchas otras especies que viven en este ecosistema con características muy particulares: hay remipedios, anguilas ciegas y “la dama blanca”, esta última un “pez fantasma”, sin ojos, muy hermoso que ha llamado la atención de los biólogos y espeleobuzos que la han encontrado en sus expediciones, resalta Roberto Rojo, director del planetario Sayab, en Playa del Carmen.

 

Foto: Efraín Chávez 

 

Tenemos también la única estrella de mar estigobionte del mundo, que sólo existe en una cueva en Cozumel y se llama estrella cavernícola (Copidaster cavernicola) y la anguila ciega yucateca (Ophisternon infernale), que no posee ojos aunque al parecer sí es fotosensible; mide aproximadamente 30 centímetros y ha sido vista en muy pocos cenotes.

 

Foto: Efraín Chávez

 

Los remipedios (Xibalbanus tulumensis) son hermafroditas considerados fósiles vivientes. Su nombre alude al uso de sus patas como remos. Existe el camarón de cenote (Typhlatya pearsei), caracol ciego (Mexicenotica xochii), los estigiomísidos mayor y menor (Stygiomysis cokei y Stygiomysis holthuisi), la cochinilla ciega o cochinilla de cenote (Creaseriella anops), entre otras muchas especies.

Para Rojo “el que no los veamos no quiere decir que no sean importantes”, estos animales, en su mayoría de entre dos y cinco centímetros, forman parte de una cadena que sostiene la vida en el exterior. Por ejemplo, señaló, un murciélago que sale a comer regresa a su cueva y esparce restos de alimento al interior que sirven de comida a estas especies mucho más pequeñas.

Recordó que hay cuevas secas e inundadas, cada una con sus propios habitantes. Estas especies pueden vivir debajo de las rocas, sobre las rocas, en el sedimento o en el agua, dependiendo del tipo de cueva o cenote que habiten. Su alimentación incluye microalgas, bacterias, algas, fitoplancton, material orgánico de la superficie, guano de murciélagos y aves, animales muertos y crustáceos.

Hay, señaló, al menos 800 especies de animales en el subsuelo, habitando toda una cadena de cuevas, cenotes y ríos subterráneos y debemos ser conscientes de que todo lo que hacemos en la superficie, bueno y malo, les afecta en su vida.

 

Foto: Joris van der Ham

 

Importancia para el acuífero

De acuerdo con la Guía de Identificación de la Fauna Subterránea de los Cenotes en la Península de Yucatán, de la autoría de Dorottya Flóra Angyal, Efraín Chávez Solís, Luis Liévano Beltrán y Nuno Simões, las especies “estigobiontes” (el nombre proviene de Stýx, río griego del inframundo y bios, vida) son aquellas que habitan ambientes acuáticos subterráneos, como las cuevas inundadas de la Península de Yucatán. 

“La gran mayoría de los estigobiontes son endémicos, algunos incluso microendémicos (exclusivamente de una sola cueva), y actualmente 15 por ciento de los habitantes de la Península de Yucatán se encuentran en riesgo de extinción”, según el documento. 

Los estigobiontes tienen adaptaciones denominadas troglomorfismos, que son características que comparten los organismos que han evolucionado a la vida en ambientes subterráneos, y que los distinguen del resto de las especies superficiales. Las modificaciones morfológicas son las más evidentes. Algunos ejemplos son la pérdida o reducción de ojos, el alargamiento de extremidades y la despigmentación. Sin embargo, también presentan adaptaciones fisiológicas que influyen en su ecología y les permite llevar a cabo sus ciclos de vida en la oscuridad total. 

Esta fauna, aseguran los autores, proporciona servicios ecosistémicos como la bioturbación, que consiste en el reciclaje de materia orgánica acumulada, la eliminación de patógenos y la remoción de contaminantes en el sedimento. Por lo tanto, es un componente fundamental para el mantenimiento y funcionamiento adecuado del acuífero.

 

Edición: Laura Espejo