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Piden infraestructura para pueblos originarios con llegada del Tren Maya

No podemos construir un tren cuando no tenemos acceso a la salud: CONMAYA

Alejandro Alegría y Abraham Bote

Representantes de los pueblos originarios del sureste del país pidieron al gobierno ser escuchados y contar con la infraestructura básica de la que carecen antes de que llegue el Tren Maya a sus territorios, en los que existe exclusión y desigualdad.

Durante un conversatorio virtual, Eduardo López Moreno, director de Programa de Naciones Unidas para los Asentamientos Humanos (ONU-Habitat), dijo que en los estados del sureste existe una geografía de pobreza. Comentó que los datos hablan por si mismos, pues mientras que en México la población que vive en carencias absolutas de pobreza extrema es 7.4, en Chiapas es 10 veces más, mientras que el sureste uno de cada tres indígenas vive en esas condiciones.

“Las contradicciones se han asentado también ahí, hay pobreza y exclusión en un mundo de abundancia. Hay un proyecto de unidad nacional, pero al mismo tiempo una discriminación indígena”, apuntó antes de resaltar que los pueblos originarios no tienen acceso a las reservas naturales y biodiversidad.

Agregó que con la pandemia del COVID-19, los pueblos indígenas han sido los mas afectados, pues de cada tres personas contagiadas cinco tal vez sean de pueblos originarios. 

Adelfo Regino Montes, director del Instituto Nacional de Pueblos Indígenas dijo que el proyecto del Tren Maya “debe implementar las visiones de desarrollo de los pueblos de la región”, pues a partir de esa comunión de ideas, se puede frenar la pobreza que ha afectado a la región.

Roselia Vázquez, lideresa comunitaria e integrante de la “Comisión de Seguimiento y Verificación de Acuerdos” de la asamblea regional del proceso de consulta indígena del Tren Maya, Chiapas, destacó que esa región tiene “un retraso muy grande” en salud, justicia, educación, alimentación, bienestar.

Comentó que la región cada día se va a deteriorar más si no le dan atención, pues no han sido escuchados los pueblos originarios y con la llegada del Tren Maya se busca que se atiendan esos problemas.

Dulce Pat Puc, Coordinadora de Mujeres Mayas de Quintana Roo (CONMAYA), cuestionó la falta de recursos para atender la problemática social que viven las mujeres de ese estado, mientras que el proyecto no sufrido recortes.

“No podemos construir un tren cuando no tenemos acceso a la salud, a una vida vida libre de violencia, a la educación. No podemos traer infraestructura cuando todavía no tenemos consolidadas ni tenemos acceso a ellas”, dijo.

La representante de CONMAYA, dijo que si bien no se busca generalizar, no están en contra del proyecto, pero es necesario atender otras cuestiones como saber qué sucederá con las tradiciones mayas, si se pretenden comercializar y como proteger el patrimonio intangible.

Quetzal Tzab González, Jefe de la Unidad de Asuntos Indígenas de la Secretaría de Justicia Social y Participación Ciudadana del ayuntamiento de Solidaridad, Quintana Roo, comentó que los pueblos originarios han sido invisibilizados, aunque relató la intención del gobierno actual para revertir esta situación.

“El Tren Maya saldará una deuda histórica con los pueblos y comunidades indígenas del sureste del país. El compromiso del gobierno de México es que conjuntamente con los pueblos indígenas diseñemos y construyamos el futuro que queremos para la región”, señaló Manuel Santiago Quijano, Director de Gestión Estratégica y Enlace Institucional del Fondo Nacional de Fomento al Turismo (Fonatur).

Preocupación por el proyecto  

Representantes de comunidades indígenas y académicos externaron su preocupación por el proyecto del Tren maya, indicaron que éste podría generar una  pérdida en el conocimiento y saberes ancestrales, culturales,  de la biodiversidad, de la flora y fauna de la región, podría aumentar la violencia, cambios en la alimentación, aumento de comida chatarra, entre otras consecuencias sociales y ambientales.  

Si bien se dice que este proyecto generará empleos, indicaron que hay que cuestionar qué tipos de empleos, pues los pobladores podrían ser reducidos por mano de obra barata, mientras los empresarios generan grandes riquezas.  

Por lo tanto, subrayaron que el Tren debe garantizar que tiene los estudios necesarios para no afectar las tierras, el medio ambiente, la fauna, pero además que va a generar los grandes beneficios que se han anunciado, que traerá mejoras a los pueblos, salud, educación, comunicación y mejores empleos.  

Estas fueron algunas reflexiones del conversatorio virtual Voces de los pueblos indígenas y el Tren Maya, que se realizó este 7 de agosto, el cual fue organizado por el  Fondo Nacional de Fomento al Turismo(Fonatur), la Oficina de las Naciones Unidas de Servicios para Proyectos (UNOPS) y ONU Habitad.  

Jessica Vega Ortega, de la Red de Jóvenes Indignas de América Latina y el Caribe indicó que los pueblos indígenas de la región sur del país protegen cerca del 80 por ciento del territorio, pero son propietarios del 11 por ciento de estas tierras.  

Entonces, para la activista, el Tren Maya podría generar un impacto en las comunidades, por ejemplo indicó que podría ocasionar efectos en los sistemas sociales por las nuevas formas de turismo, que traería aumentos de violencia, impacto en la  seguridad social y alimentaria, las tierras dejarían de ser  productivas. “Estamos expuestos a la pérdida de tradiciones agrícolas, artesanales, al incremento de la informalidad, nuevos mercados de alimentos ultra procesados: cadena de comida rápida, chatarra”, advirtió. Aunado a esto, subrayó, se podría dar una pérdida en la trasmisión de conocimientos de la cultura.  

Se ha anunciado que el proyecto  fomentar  la creación de empleo, “debemos cuestionar qué tipo de empleo, no podemos seguir siendo  el sector de servicios mientras los empresarios construyen riquezas para unos cuantos”, manifestó.  

Es necesario, recalcó, reconocer que los pueblos indígenas no pueden ser contemplados par mano de obra barata, como se ha he hecho en Cancún o la Riviera maya, donde aprovechan de la necesidad de las personas.  

De acuerdo con la ponente, el tren posiblemente traiga una reactivación económica, sin embargo ésta  debe estar  acompañada  de un equilibrio ecológico y participación  de los pueblos, “no podemos ver solo los intereses monetario, pues las consecuencias serían devastadoras”.

“No podemos construir un tren cuando no tenemos acceso al a salud”

Dulce Pat Puuc, de la Coordinadora de Mujeres Mayas de Quintana Roo, fue contundente en su participación: “No podemos construir un tren cuando no tenemos acceso al a salud, a una vida libre de violencia, educación no podemos traer  infraestructura  cuando no hay acceso a esto”.  

La mujer maya expuso las carencias que existen en estos rubros y que son necesarios atender antes que la construcción de esta magna obra, además de atender problemas de violencia de género, desigualdad que se han agraviado durante la pandemia del COVID-19, pero no se han destinado recursos para atender esto, sino que han disminuido.  

“¿Cuál es la prioridad para las autoridades?”, cuestionó.  Consideró  que en estos tiempos de pandemia deberían garantizar los derechos de la mujeres, el  acceso a la  salud, educación,  derechos sexuales y reproductivos. No hay hospitales especializados en muchas comunidades mayas, precisó.  

También le preocupa la mercantilización de su cultura con la llegada de este proyecto.  Pat Puuc opinó que no existe un peligro para su patrimonio cultural, conocimientos ancestrales, ceremonias, manifestaciones, fiestas.

A su vez, dijo que el Tren Maya se ha promovido como un detonante para el desarrollo y turismo, pero hay que analizar y garantizar que será sustentable, que van a desarrollar un modelo de ecoturismo de naturaleza, sustentabilidad que no perjudique el contexto social y cultura ni ambiental.  

Para el doctor en sociología, Juan Bello Domínguez, de la Universidad Pedagógica Nacional, esta obra tiene la  oportunidad de reivindicar los derechos de los pueblos indígenas que se establecen en diversos convenios internacionales, y potencializar su sabiduría y  llevar justicia; pero también dijo que es necesario romper “el viejo debate” de confrontación entre la modernización versus tradición.  

Conformemos un proceso de justicia, desarrollo, inclusion e interculturalidad.  

“No juguemos a lo malo o bueno, vayamos a la construcción de un proyecto de desarrollo intercultural para los pueblos mayas de esta región”, manifestó. 

Quetzal Tzap González, de la  Unidad de Asuntos Indígenas de la Secretaría de Justicia y Participación Ciudadana de  Solidaridad, Quintana Roo indicó que este proyecto debe incluir a los pueblos mayas desde una perspectiva intercultural, intracultural, es decir que la gente indígena no pierda sus raíces, que no sean invisibilizados.-  

“Los pueblos indígenas mayas estamos aquí, existimos”, expresó. Deben respetar nuestros puntos de vista como pueblos indígenas mayas, pero también  tomar en cuenta la vida de los ecosistemas terrestres, los cenotes, manto acuífero, suelo kárstico, agregó.

 

Edición: Elsa Torres y Enrique Álvarez

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