'Aquí nací y aquí voy a morir': don Efrén, habitante de Chetumal

Su casa de madera ha sobrevivido incluso al huracán 'Janet' que azotó en 1955
Foto: Joana Maldonado

La casita de la avenida Veracruz, casi esquina con el bulevar Bahía, ha perdurado en ese sitio por unos 88 años. Su dueño es don Efrén Mingüer Macliberty, de 81 años, quien asegura: “aquí nací y aquí voy a morir”. Esta casa de madera ha sobrevivido incluso al huracán Janet y es la única que se mantuvo en pie tras el paso de ese trágico ciclón, que en 1955 causó la muerte de miles de habitantes de Chetumal. 

La casita habitada por don Efrén desde 1939 junto con sus diez hermanos y padres, y desde hace 57 años con su esposa Delta Alcocer Marfil y sus hijos, ha sobrevivido y es testigo de la transición de Payo Obispo a Chetumal, y de territorio federal a lo que hoy conocemos como Estado Libre y Soberano de Quintana Roo.

“Aquí nacimos todos los hermanos Mingüer, aguantó el Janet y ya estaba en pie desde antes”, relata con orgullo don Efrén.

El huracán Janet golpeó el sur de Quintana Roo el 21 de septiembre de 1955. Es conocido como el ciclón más poderoso de la temporada de huracanes del Atlántico en la historia. Desde entonces a esta región la han azotado unos 13 huracanes y tormentas tropicales, pero la casita de la calle Veracruz se mantiene intacta. 

Janet solo destrozó parte de la fachada, pero la parte superior quedó íntegra. De toda la avenida Veracruz fue la única que quedó en su lugar, pues en la acera de enfrente está la Casa Voladora, llamada así porque “voló” con los fuertes vientos, aunque en realidad flotó con muchas personas en su interior y se asentó en donde hoy está el parque Los Caimanes. 

“Parecía un palomar, fue la única que quedó, a la Casa Voladora la levantó la ola y con todo y gente la fue a botar frente al parque, no se desbarató (…) aquí no había información, desde Belice oíamos las noticias y como advirtieron varias veces que había ciclón pero no pasaba, cuando se dijo ya nadie creía y no queríamos salir de las casas hasta que el Ejército nos sacó a todos”, relata quien en aquella época tenía 16 años. 

Su casa fue construida con madera de caoba, ciricote y zapote y elaborada por el carpintero Manuel Velázquez, que trabajaba en el campamento maderero Casa Aguilar, en donde el padre de don Efrén laboraba como jefe de máquinas. Esta empresa, recuerda, llevaba las maderas de los ejidos a la localidad de Juan Sarabia y luego a Belice, en donde había un aserradero, para luego trasladarla a Estados Unidos. 

Cuando Casa Aguilar inauguró un aserradero, trajo a Chetumal (oficialmente llamada así desde 1937) a un experto aserrador de Nicaragua que se llamaba Eduardo Espinosa (abuelo del ex alcalde de Othón P. Blanco, Eduardo Espinosa Abuxapqui) y fue cuando se hizo la segunda planta para que viviera junto con su familia. 

Así, Chetumal, una ciudad de cooperativas madereras y chicleras, empezó a poblarse de gente extranjera proveniente de Inglaterra, Alemania, Italia, Grecia, Cuba, Belice y muchos otros países. Don Efrén recuerda su infancia en esta casita de madera con apenas los servicios necesarios. 

“No había luz, no había agua, teníamos curvatos que se llenaban con agua de la lluvia, solo una planta que alumbraba el centro y a las 12 avisaban que apagaban la luz y quedaba todo oscuro. Había un cine de la misma compañía Aguilar que se llamaba Juventino Rosas y cuando salíamos ya estaba oscuro, nos quitábamos los zapatos si llovía y veníamos machucando sapos porque no veíamos”, cuenta. 

A unos metros de su casa (antes del diseño del bulevar Bahía) estaba el mar abierto, de tal manera que por las noches y con el viento “se oían las olas como reventaban, parecía que estaba en un barco”. Ante la falta de energía eléctrica, el papá de don Efrén inventó una veleta que generaba carga en dos acumuladores, con lo que tenían luz en su casa. 

Pocos años antes del nacimiento de don Efrén, el entonces gobernador del territorio federal, Rafael E. Melgar, promovió la construcción de los primeros edificios de concreto: el Palacio de Gobierno, la escuela Belisario Domínguez (hoy centro cultural) y el hospital Morelos. 

Con el fallecimiento de sus padres, don Efrén recuerda que la casa quedó intestada, por lo que por acuerdo de los hermanos Mingüer Mcliberty le cedieron la propiedad, que ha habitado con su familia desde entonces. “Mi mamá y mi papá aquí murieron y todos mis hermanos nacieron en esta casa que mira como está, ha aguantado todos los huracanes, todas las demás volaron”, menciona. 

La casita fue rehabilitada en el último año del gobierno de Joaquín Hendricks Díaz, hace casi 15 años, pero su aspecto sigue siendo atractivo para los paseantes.

 

Edición: Laura Espejo