Katia Rejón
Foto: Rodrigo Díaz Guzmán
La Jornada Maya

Mérida, Yucatán
Jueves 24 de enero, 2019

El 14 de mayo de 1905, mil catorce coreanos llegaron a Progreso, Yucatán, traídos por un intermediario inglés de los hacendados, porque habían escuchado que en México había mucho trabajo y se ganaba bien. Esa fue la primera migración masiva de los habitantes del país asiático, según contaron Javier Amado Corona Baeza y Genny Chang Song, descendientes de los primeros migrantes coreanos y quienes se han dedicado a investigar y mantener la memoria de esta cultura en Yucatán.

La plática [i]Anécdotas e Historia sobre la inmigración coreana[/i] se impartió este 22 de enero en el Centro Cultural Olimpo como parte del VII Simposio 2019 Patrimonio Cultural de Mérida, un ciclo de conferencias y fotos de opinión. 

En esa época, Corea era invadida por Japón y la situación económica y política hacía más atractiva la migración hacia un país que prometía mejores condiciones de vida. El 15 de mayo fueron llevados al Cuartel de Dragones -donde ahora se encuentra el Cecuny- para entregarlos a los dueños de las haciendas que habían pagado por ellos, según contó Corona Baeza. 


[b]Mano de obra apreciada[/b] 

Un comerciante británico llamado John Mayer fue quien viajó a Japón y a China en representación de un grupo de hacendados yucatecos. Primero se reunió con los chinos que ya habían llegado 15 años antes a Yucatán y cuya productividad era mayor a la de los indígenas mayas. Por eso, los hacendados apreciaban más la mano de obra de los asiáticos, y solicitaban más trabajadores.

Corona platicó que durante una reunión con las autoridades de China, Mayer cometió el error de romper un documento donde aparecía el sello del emperador chino y la firma del presidente de México, lo que acabó con las relaciones diplomáticas de ambos países, y por lo tanto, no pudo continuar las “negociaciones” con ellos, y terminó en Corea, por la intermediación de un japonés, justo antes de que los japoneses invadieran Corea y se hicieran de las tierras. 

El gobierno de Corea autorizó la salida del barco el 3 de marzo de 1905 con más de mil coreanos que viajaron con pasaportes escritos en chino, en un barco inglés. Llegaron hombres, mujeres y niños, y 20 policías acompañados de José Espinoza y Manuel Peón.

Al llegar, los migrantes se toparon con el cambio brusco de clima, la barrera del idioma, costumbres diferentes y un trabajo que no era lo que les habían prometido. Después de la independencia, en México la esclavitud no era conocida como tal pero las condiciones del peonaje eran las mismas: un trabajo de 12 horas por 60 centavos.


[b]Nuevas migraciones[/b]

“Muchos se escaparon. Los dueños de las haciendas henequeneras solicitaron al gobernador de Yucatán, Olegario Molina, contratar a Mayer para traer a otro grupo de coreanos. Esta vez el gobierno cubriría los gastos; pero Corea ya no permitía más salidas a Yucatán porque sabían de las condiciones de maltrato”, comentó Corona. 

Para 1908 sólo quedaban alrededor de 600 coreanos, muchos se habían ido a Cuba, a la Ciudad de México o a los Estados Unidos, otros estaban muertos o prófugos. La siguiente migración masiva de coreanos fue en 1980, cuando llegaron políticos, doctores, investigadores, entre otros profesionistas. 

Sin embargo, los que se quedaron realizaban actividades comunitarias entre “paisanos”; prácticas religiosas, hablaban maya, coreano y español; y crearon lazos afectivos que desembocaron en asociaciones y comunidades, congregaciones religiosas e incluso escuelas que buscaban preservar su cultura.