En los montes de Yucatán habita un pequeño mamífero edentado que, dentro de su gruesa coraza, guarda una de las carnes más apreciadas por las comunidades del interior del estado: el armadillo de nueve bandas, Pese a no figurar en las listas de especies amenazadas, este animal es cada vez menos común de avistar, ya que sus patas cortas lo convierten en presa fácil para los cazadores.

Cada 13 de agosto se celebra el Día Internacional del Armadillo con el objetivo de dar a conocer el valor de esa especie poseedora de rasgos y características físicas muy particulares, así como la importancia de cuidarla y protegerla.

 

Foto: Brooke Smith

 

El armadillo de nueve bandas (Dasypus novemcinctus) -conocido localmente como weech- es una especie de mamífero placentario de la familia Dasypodidae emparentado con los osos hormigueros y los perezosos. Está distribuido en diversas partes de México, incluyendo la península de Yucatán, aunque no se trata de una especie endémica de la entidad.

Es un animal de lugares tropicales principalmente, aunque también se puede encontrar en el altiplano mexicano, comentó Silvia Hernández Betancourt, profesora investigadora de la facultad de Medicina Veterinaria y Zootecnia de la Universidad Autónoma de Yucatán (UADY).

Entre sus características, la doctora. Hernández destacó sus escamas parecidas a las de los reptiles, en lugar de piel y pelo como los mamíferos. Su nombre científico se lo deben a la coraza de nueve bandas escamosas que lo cubren. Su cabeza es pequeña, al igual que sus orejas; y sus patas cortas.

 

Foto: Cody Stricker

 

Su alimentación se basa principalmente en insectos pequeños como hormigas y termitas, pequeños caracoles que se encuentran en los montes de Yucatán; y también come raíces tuberosas, lombrices y anfibios.

Son animales que no se “entierran” al no contar con la capacidad de respirar debajo del suelo, así que se les encuentra fundamentalmente en la superficie. Pese a sus patas cortas, son muy buenos para desplazarse. Hacen madrigueras, pero no debajo de la tierra. 

“A mí me tocó mucho al estar en Hobonil, al sur del estado, en donde trabajé; y siempre los encontrábamos sobre la hojarasca. Tienen la peculiaridad de que cuando caminan, suena como si lo hiciera una persona, porque arrastran los pies de atrás para adelante, en forma cruzada”, detalló.

 

Annika Lindqvist

 

Silvia Hernández señaló que, desde su experiencia, los armadillos no viven en poblaciones muy grandes. Es entre agosto y noviembre cuando se les puede avistar mayormente, pues son estos los meses que abarca su período de reproducción. 

El armadillo no es una especie endémica de la península, pues se distribuye en todo el territorio mexicano, principalmente en zonas tropicales. Tampoco se le considera bajo amenaza o en peligro de extinción por la NOM-059. 

La académica lamentó que muy poca gente se haya tomado la responsabilidad de estudiar sus poblaciones, lo que atribuye a que, de un tiempo para acá, estas investigaciones se ligan a las enfermedades de transmisión por vector.

“Con la pandemia, se han estado estudiando mucho los mamíferos relacionados a estas enfermedades y casi siempre se hace en ratones o murciélagos al ser especies más fáciles de encontrar”, precisó.

 

Foto: Melissa McMasters

 

En cuanto a las principales amenazas que enfrentan los armadillos, la Dra. Hernández señaló que, como para muchos, es la pérdida de su hábitat, pues los asentamientos humanos y la agricultura reducen su capacidad de contar con espacios para distribuirse”. 

Al interior del estado, los armadillos son un platillo muy apreciado a razón de dos franjas de musculatura que le encantan a la gente y los captura por eso. No obstante, no tienen mucha carne, por lo que también suelen freírse las escamas menos duras para hacer un tipo de chicharrón.

Sobre su función ambiental, la investigadora explicó que esta consiste en la remoción de los suelos, lo que permite la dispersión de ciertas semillas. De igual modo, son agentes controladores de plagas de insectos.

 

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Edición: Laura Espejo