Desarrollo inmobiliario genera conflicto entre los pobladores de Chablekal

Los habitantes están inconformes con la forma en que se comercializan los ejidos
Foto: Unión de Pobladores de Chablekal

Especial: Expansión galopante

El desarrollo inmobiliario desmedido en las inmediaciones de Chablekal ha desencadenado enfrentamientos entre abuelos y nietos y entre padres e hijos, quienes se disputan las tierras para definir el futuro del terreno: si se vende a los desarrolladores inmobiliarios o se habilita como reserva ecológica. 

La Unión de Pobladores de Chablekal ha emprendido desde hace siete años una pelea legal para que se reconozca el derecho de los habitantes de la comisaría de Mérida de poseer las tierras y participar en la toma de decisiones respecto a las cientos de hectáreas que son propiedad de los ejidatarios, un grupo de 260 personas, entre las que aparecen al menos 60 empresarios. 

“La reforma agraria dotó de tierras a sólo unos cuantos, nuestros padres y abuelos, pero no tomó en cuenta a las mujeres ni al resto de los pobladores. No puede ser que el control del territorio descanse en 260 personas cuando en el pueblo somos 3 mil”, explica Randy Soberanes, de la Unión de Pobladores de Chablekal. 

Los inconformes reclaman el derecho a la tierra y al territorio porque es un derecho ancestral por ser parte de la comunidad maya y por ser “hijos de Chablekal”. 

“Estos montes son ancestrales, no son del ejido, incluso existen desde antes de que existiera el grupo. Son montes mayas que deben ser de los mayas”, dice Randy. 

Los hijos, nietos y sobrinos de los ejidatarios acusan que la venta de estos terrenos, que genera especulación inmobiliaria, no ha beneficiado en absoluto a la población, por el contrario, deja en el rezago a la comisaría frente a los complejos residenciales de los alrededores. 

Por ejemplo, en Chablekal no queda espacio en el cementerio, no hay una escuela preparatoria y no existen programas sociales en beneficio de la comunidad. 

Los ejidatarios no buscan trabajar la tierra, sólo quieren el dinero y no les importa si al final todo esto que hay aquí desaparece, aunque sean animales, vestigios arqueológicos o árboles maderables. El desarrollo es sólo para ellos, es sólo cemento”, reclama Andrés Chim. 

De las más de mil hectáreas que todavía quedan intactas en el ejido, la Unión de Pobladores de Chablekal solicita 300 para preservar como una reserva natural y para proteger toda la flora y fauna que ahí habita, como los venados, los pavos de monte y las plantas medicinales. 

 

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“Decían nuestros abuelos antiguos ‘el monte tiene una función natural, es casa de los animales y plantas, es donde viene el aire limpio’. No es posible que nos digan que si no lo tumbamos y no lo trabajamos no podemos reclamar un derecho si precisamente nuestro objetivo es cuidarlo”, explica José Euán, miembro de la Unión.

El problema es uno: no son dueños de las tierras y sólo los ejidatarios deciden lo que ocurre con el espacio y son los únicos que reciben el dinero de las ventas. 

Para continuar con la venta de las parcelas, el grupo de ejidatarios niega que en Chablekal existan mayas y descalifican un argumento que ellos mismos usan durante la exigencia de su derecho en la zona arqueológica de Dzibilchaltún: 

“El Ejido de Chabtekal, Municipio de Mérida, Estado de Yucatán se encuentra conformado por ejidatarios y ejidatarias pertenecientes al grupo de la etnia maya, clase reconocida por todas las dependencias del Gobierno de la República… mismo ejido que conserva todavía sus tradiciones ancestrales de la cultura maya...”, presentaron los ejidatarios en un punto de acuerdo en el Senado. 

Al respecto, la Unión recuerda que todos los pobladores de Chablekal son mayas y el reconocimiento debe ser para todos, frente a todas las situaciones y no a conveniencia.  

“Un pueblo que tiene acceso a la tecnología, que busca mejorar su educación no deja de ser maya. No podemos desnudarnos para satisfacer a quienes creen que ser maya es ser pobre, es tener la peor casa del mundo. Somos mayas porque ésta es nuestra realidad”, señala Randy. 

“Aunque no hablemos la lengua maya, tenemos la cosmovisión de nuestros ancestros, celebramos el Hanal Pixán, hacemos el hetzmek de los niños, preservamos cosas mayas y así crecimos, por eso somos mayas”, dice José Euán. 

 

Familias rotas 

La defensa de las tierras del Ejido de Chablekal ha quebrado familias enteras, pues ambos bandos defienden sus argumentos. 

“Nuestros padres y nuestros abuelos nos insultan cuando nos ven en la calle, reclaman que queramos proteger y que no les dejemos vender inconscientemente”, cuenta Randy. 

La demanda del derecho a la tierra y el territorio, que se presentó el 10 de octubre de 2014 ante el Tribunal Agrario, precisamente acusa a padres y abuelos de algunos miembros de la Unión de negar la posesión del territorio a la comunidad. 

Además, un ejidatario únicamente tiene la posibilidad de heredar el derecho agrario a una persona, sin importar si tiene una numerosa familia. 

“Cuando muere un ejidatario y nombra a uno sólo de sus hijos se desatan las peleas porque esa tierra se vende y el heredero es el único que recibe el dinero. Entonces hay hermanos que reclaman, hay viudas que se quedan sin nada”, dice don José. 

 

La lucha legal 

La Unión ha logrado que en el polígono de 300 hectáreas en monte Misnebalam que reclaman para la comunidad, un juez declare una suspensión de actividades que impide rentar, ni vender, ni parcelar hasta que no haya una sentencia en el juicio por el derecho a la tierra que se encuentra en proceso en el Tribunal Agrario. 

Por lo tanto, actualmente la zona no puede ofertarse y el equipo ha aprovechado el tiempo para estudiarla y con la ayuda de especialistas ha encontrado ojos de agua, vestigios arqueológicos y ya realizaron un catálogo de las especies vegetales presentes. 

Insisten en que no cederán su derecho, porque los comisarios ejidales no han procurado el futuro de la comunidad. 

“El dinero que ganan por la venta de los terrenos ni siquiera se queda en Chablekal. Venden, gastan, vuelven a vender. Hay muchos ejidatarios que viven de eso, no trabajan y están vendiendo terrenos para darse sus lujos”, destaca Andrés Chim. 

En espera del fallo del Tribunal Agrario, el equipo ya alista toda la defensa necesaria para escalar ante otras instancias, en caso de ser necesario. 

“La constitución ampara nuestra identidad de pueblo maya, los tratados internacionales, que ya ratificó México, defienden nuestro derecho, así que no existe la posibilidad de que el tribunal tenga un argumento en nuestra contra. Sin embargo, sabemos peleamos contra empresarios poderosos, entonces el tribunal es sólo el primer paso de todas nuestras posibilidades que pueden llegar a la Corte Interamericana de Derechos Humanos”, explica don José.

 

Lee la primera parte de este especial: Desarrollo inmobiliario: un nuevo colonialismo en comisarías de Mérida

 

Edición: Laura Espejo