Una de las acciones que Judith Santopietro realizó para nombrar a su pueblo, pero sobre todo a las mujeres de su familia, fue aprender la variante de náhuatl que se habla en la huasteca veracruzana para poder escribir sus poemas en esta lengua indígena.
“No es mi lengua materna, mi lengua materna es el español y como un ejercicio de compromiso. Mi abuela paterna era una mujer náhuatl y la variante ya no existe, pero todavía recuerdo que cuando eran niñas, pues nos contaban del vecino que era el último hablante de la lengua, pero ya estaba muy viejito… Entonces como que esas memorias y tratar de poner nombre a las a las mujeres en mi familia, pues las mujeres han sido borradas, el nombre de mi bisabuela no lo recuerdan, entonces fue comprometerme con aprender y hacer estos ejercicios de escritura y traerlas de alguna manera a través de los poemas”, compartió en entrevista con La Jornada Maya.
La poeta participó en la mesa Regreso a casa: Escritores mexicanos y su experiencia en el extranjero en la Feria Internacional de la Lectura Yucatán (Filey) donde destacó que ella se mudó de México debido a la violencia que se vive en el país, sin embargo, escribe en lengua náhuatl y en español y sigue escribiendo sobre cuestiones nacionales.
“No acababa de asumir que mis últimos años de escritura los he hecho fuera del país entre Bolivia, Holanda, Estados Unidos y ser invitada a esta mesa me ha dado el parteaguas para decir ‘sí es cierto, estoy escribiendo desde fuera la mayoría del tiempo, pero desde un fuera que me remite siempre a México, que me remite siempre a lenguas y comunidades originarias, que me remite a la situación que pasan otros migrantes y refugiados”.
Judith considera que su trabajo se acerca a la poesía documental porque se encarga de investigar, consultar archivos y realizar entrevistas antes de comenzar a escribir.
La escritora adelantó que volverá a México para dirigir unos talleres especiales para migrantes y refugiados a la par que avanza en un nuevo libro en el que ahora va a explorar la narrativa, un género que nunca antes había probado.
“Es un testimonio sobre cómo impactó la violencia mi propio cuerpo, cómo cambió esa forma de mirar el mundo, pero me gustaría hacer algo literario y ahora estoy en la experimentación de de ese libro en narrativa porque siento que con el tema que estoy abordando la poesía me queda corta. Ha sido muy enriquecedor pensar que una como escritora tiene esa capacidad de cruzar los géneros, de no casarse con una etiqueta sino de ir navegando la literatura como se navega el mundo”, finalizó.
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