Pasión y ganas de adornar el mundo, detonantes de la literatura: Rejón Huchin

El gestor cultural es una de las jóvenes promesas de la poesía en Yucatán
Foto: Alejandrina Puerto Varguez

Además de gestor cultural, Alejandro Rejón Huchin es una de las jóvenes promesas de la poesía en Yucatán. Editoriales de países como Argentina y Estados Unidos han posado ojos sobre su trabajo; y además ha organizado importantes eventos en el estado, incluso a nivel internacional. Diez de sus 23 años los ha pasado inmerso en el mundo de las letras; y al horizonte vislumbra un futuro prometedor en este ámbito.

Nacido en Mérida y residente de Kanasín, Rejón Huchin conoció su vocación de gestor cultural en las aulas de la Facultad de Antropología de la Universidad Autónoma de Yucatán (UADY), en donde actualmente es pasante de la licenciatura de Literatura Latinoamericana.

Hizo de la Feria Internacional de la Lectura Yucatán (Filey) su plataforma para desenvolverse en lo que le apasiona; y con la mirada puesta en la innovación, se alejó lo más que pudo de las típicas mesas de lectura que suelen abarrotar ese escaparate. Con una iniciativa nacional buscó dar voz a los creadores yucatecos, que no son pocos. 

En el Encuentro Nacional de Literatura “Naufragio en Marcapiel” -en 2017- encontró su cauce como gestor. Al evento acudieron jóvenes poetas de otros estados y gozó de gran aceptación entre los asistentes, pues no solo se abordó la poesía; sino el quehacer cultural.

Luego de varios encuentros nacionales y en países como Cuba, empleó su experiencia para innovar nuevamente en la FILEY del 2019; y propuso un encuentro internacional de Literatura y Educación a fin de concientizar sobre la importancia de las manifestaciones artísticas a través de la literatura.

El evento contó con la participación de una destacada poetisa de la India llamada Vinita Agrawal, del filósofo Alejandro Massa y otros de sus colegas del ramo de la gestión cultural. Además, intervinieron importantes figuras de la poesía en Yucatán como Irma Torregrosa y Katia Rejón.

Alejandro también ha incursionado en proyectos comunitarios. En 2019, en el marco del aniversario de Tecoh, aprovechó la efeméride para hacer algo trascendente: creó el Festival de Poesía de ese municipio, en el que se galardonó a Raúl Renán y a Rubén Reyes, plumas imprescindibles en el quehacer literario del estado.

 

Riqueza cultural en Yucatán

Rejón Huchin aseguró que en Yucatán existe una gran variedad de artistas y talento. Considera que se trata de uno de los estados de la república más ricos culturalmente; y pese a que se han implementado programas dirigidos a esta vasta comunidad, consideró que “aún falta mucho más por caminar”, sobre todo cuanto a la descentralización de estas expresiones. 

Sobre la profesionalización de las artes, opinó que es válida, ya que contribuye a tomar con más seriedad el estudio de las manifestaciones artísticas; aunque aclaró que no es una obligación estudiar una carrera para crear.

“Evidentemente genera habilidades, pero también existen otras cosas. Por ejemplo, en la poesía, la lectura, comprensión y pasión ayuda más que tener conocimientos teóricos, ya que se trata de una revelación; la sensibilidad humana para descubrir la infinitud dentro de la finitud. Lo trascendental que va más allá de lo material y se puede ver o analizar”, detalló.

 

Resistir desde las letras

Una de las luchas del joven escritor está consagrada a la poesía, género que le procuró el Premio Internacional de poesía Harold Von Ior, en 2019; y bajo el cual ha publicado dos libros: Transcurso de un retrato cortado, publicado por la editorial argentina Buenos Aires Poetry; y el más reciente titulado El agua rota de los sueños, publicado por Primigenios en Miami.

“La poesía tiene que hablar del contexto del poeta, y el poeta debe tener un espacio para hablar de lo sociocultural. Mis temas se inspiran en la península, me gusta hablar del mar; los esteros; la selva. Generalmente lo hago en un tono nostálgico y basado en la estética neobarroca”, explicó.

Rejón Huchin consideró que el ambiente caribeño tiene una explosión de elementos naturales que se pueden plasmar en un poema con gran riqueza; y expresa toda la mezcla intercultural que se ha tenido en los últimos años. 

“Desde la cultura maya hasta el sincretismo y las interpretaciones de la vida peninsular. Todo en un tono muy personal”.

Sobre su publicación en otros países -y no en el propio- lamentó que en México nunca se le abrieran las puertas para publicar, sino que su obra interesó más en el extranjero. Sin embargo, aclaró que ha tenido una buena relación con los creadores, tanto de su generación como de otras.

 

Los inicios de su pluma

Alejandro comenzó a escribir a los 13 años inspirado por su maestro de secundaria, Arnaldo Ávila, quien le impartía clases de español mediante un lenguaje peculiar y cargado de simbolismo, como una forma de “jugar con la mente” de sus alumnos.

Entusiasmado, se dio a la tarea de comprenderlo; y de inmediato se volcó a la biblioteca escolar, en donde descubrió al escritor yucateco Carlos Martín Briceño y su obra Al final de la vigilia, lo que para él fue una revelación y el máximo detonante de su interés en el poema.

“Me ayudaba a sobrellevar las circunstancias tan cotidianas y efímeras que vivía, a visualizar mejores mundos. Me abría la mente y lo sentí necesario, pues fue una puerta para la comprensión de mi propio contexto”.

Así comenzó a escribir, y en 2015 -antes de salir de la preparatoria- se ganó el concurso estatal de poesía de los colegios de bachilleres de Yucatán. Al día de hoy, su obra ha sido traducida al árabe; italiano; rumano; y catalán.

Para Alejandro, ser un buen escritor -pese a la subjetividad- requiere pasión y ganas de aportar algo con su trabajo. “Si se escribe por otras razones, como la necesidad de reconocimiento, no funcionará. Es preciso tener pasión y las ganas de adornar el mundo que nos rodea”.

 

Tiempos de reflexión

En lo relativo a la pandemia, Alejandro Rejón precisó que se trata de una excelente oportunidad para producir, pues las personas están viviendo tiempos de reflexión y una urgente necesidad de cambiar la manera de interesarse en aspectos como la explotación de la naturaleza y la humanidad.

“Dejamos de ver lo que realmente es importante, que somos nosotros mismos apropiándonos de nuestros valores más íntimos como el amor y la paz; y empezamos a ver el egocentrismo. Quizás la humanidad se equivocó al pensar que tener más significa ser feliz”.

Para él, la contingencia derivada del COVID-19 da fe del abuso que ha sufrido la naturaleza, lo que da ocasión para escribir y manifestar a través de las artes -la poesía en su caso- los acontecimientos tan dolorosos de los que estamos siendo testigos, desde nuestra propia humanidad.

 

Edición: Mirna Abreu