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Jesús Mejía
12/10/2026 | Mérida, Yucatán
Con la textura polifónica del tejido coral de la ópera Nabucco, su autor Giuseppi Verdi volvió a encender las emociones de la audiencia que ocupó en su totalidad el Palacio de la Música, donde unas 40 voces interpretaron con la Orquesta Sinfónica de Yucatán el famoso pasaje Va, pensiero.
Como parte del programa “El coro y la ópera”, el titular de la orquesta, Alfonso Scarano, contó con 40 integrantes del Coro de Cámara de Yucatán de la SEDECULTA y 22 niños y niñas del Coro infantil U Káay Paalal del CECUNY, que dieron realce a este singular concierto.
El coro ha trascendido en el mundo de la ópera, de mero acompañamiento vocal a personaje colectivo, vehículo de las expresiones por la libertad como ocurrió con Va, Pensiero, que se convirtió en el símbolo musical de la unificación de Italia (el Risorgimento) y que una multitud cantó en los funerales de su autor hace 125 años.
Como parte de la ópera Nabucco (1842), los esclavos hebreos exiliados en Babilonia, añoran su patria perdida (“¡Oh mia patria sì bella e perduta!”). Los italianos del siglo XIX, que vivían divididos bajo el dominio del imperio austríaco, adoptaron la pieza como un canto de resistencia y esperanza por una Italia libre y unida.
De igual manera, llamó la atención la participación de las voces infantiles de siete a 14 años de edad que interpretaron el coro de muchachos "Avec la garde montante" ("Con la guardia de relevo"), mediante el cual, en la representación escénica, aporta uno de los momentos de mayor frescura e ingenio.
Para quienes han visto la ópera Carmen del francés Georges Bizet–una de las más representadas en el mundo-, un grupo de niños de la calle marcha e imita con sorna y entusiasmo el paso rígido de la guardia militar que cambia turno frente a la fábrica de tabacos de Sevilla, al compás de cornetas y el ritmo de la marcha.
Dirigidos por el maestro Raúl Morales Macip, el coro de niñas y niños del Centro Cultural de la Niñez Yucateca (CECUNY) cautivó al público del Palacio de la Música, cuyas voces blancas, plenas de inocencia, así como precisión rítmica y afinación representaron el contraste emocional del drama justo antes de la entrada sensual y peligrosa de Carmen.
Antes, la orquesta revivió pasajes alegóricos y sublimes de la ópera de Bizet con el preludio inicial del Acto I que alude al resplandor del corrillo taurino, luego el del Acto II con la tonada marcial de Les dragons de Alcalá; luego el delicado Intermezzo liderado por la flauta y el arpa y la Aragonesa del Acto IV, una estampa del folclor español.
Por eso, no fue azar o casualidad que el público melómano ocupara en su totalidad el Palacio de la Música por este programa fuera de lo común entre las temporadas de las orquestas el país, que en este caso también incluyó pasajes de las óperas de los italianos Mascagni, Rossini, Puccini y Bellini, así como del alemán Wagner.
El coro que dirige Jonathan Rentería llenó con sus 40 voces, sopranos, contraltos, tenores y barítonos, las expectativas del concierto, que abrió el programa para interpretar con la OSY Los naranjos perfuman de la ópera Cavalleria Rusticana Pietro Mascagni, sin faltar las notas sublimes del intermezzo.
Siguieron los redobles de tambor de la famosa Obertura de la ópera cómica Gazza Ladra (La urraca ladrona) de Gioachino Rossini y el Interludio sinfónico del Acto 2 y Coro A boca cerrada de Madama Butterfly de Giacomo Puccini. No podía faltar Richard Wagner con el coro Marcha nupcial de la ópera Lohengrin.
La orquesta tocó preludios y junto con las voces interpretó el Coro de Las Gitanas y matadores de la ópera La Traviata de Giuseppe Verdi, así como la El aviso trajo decepción, ya que conocedores de esta ópera, que alude a un bertura y Coro ¡Guerra, guerra! de la ópera Norma de Vicenzo Bellini.
Antes de iniciar el concierto, el cual comenzó media hora después de lo programado, una voz en el micrófono avisó que el programa sería ajustado, de tal forma que fueron suprimidos los pasajes del Coro de los gitanos (Anvil chorus) de la ópera Il Trovatore de Verdi.
Dichos golpes marcan el pulso sobre el que las voces masculinas y femeninas cantan a la libertad, al trabajo duro y a la belleza de las mujeres gitanas.
Al final, el público rindió tributo con aplausos de pie a las formaciones corales y a sus titulares. La experiencia hace la diferencia en la sociedad que tiene acceso a la cultura.
Edición: Ana Ordaz