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La pandemia no detiene más de 100 años de tradición: Osos de Nunkiní

Grupos tradicionales anduvieron por las calles bailando, corriendo y danzando

Dentro de las tradiciones, usos y costumbres que envuelven a algunas comunidades del Camino Real en Campeche, está la de los Osos de Nunkiní, que con más de 100 años de antigüedad no fue opacada por la pandemia; no podían reunirse en la plaza principal del pueblo debido a que cancelaron todas las actividades carnestolendas, pero grupos tradicionales y familias salieron a las calles a danzar jarana a cambio de dinero.

Por las calles se escuchaba la música en diversos puntos del pueblo, además también escucharon las trompetas y el bombo tocando jarana, andaban por todos lados caminando y recorriendo las distintas colonias y barrios tradicionales como San Francisco y San Román.

Los Osos de Nunkiní tienen dos versiones en la historia del pueblo, una trágica de cómo tuvieron que liberarse los indígenas de la opresión hacendaria de los mestizos y españoles que vivían en la zona; y otra que suena un tanto más cómica para que los pequeños entiendan el significado de un traje que para muchos da más miedo que emoción, dicen que durante la visita de un circo que traía como atracción especial osos entrenados, no tuvieron cuidado con las jaulas y unos cinco ejemplares salvajes escaparon de sus contenedores y corrieron por las calles del pueblo.

Con pitas de yute en la cara y cuerpo, cencerros colgados a la cintura, una piel de venado sobre la espalda y alpargatas, los Osos de Nunkiní bailaron desde el mediodía y hasta la noche, como testigos los pobladores que prefirieron solo sacar unas sillas o sus mecedoras a las puertas de sus casas, estos les “echaban un grito” a los líderes de las comparsas y paraban para bailar una primera jarana, luego la que el público pedía.

Entre 100 y 200 pesos costaba el show, en los grupos que salieron a danzar había osos, ositos, enmascarados, vestidos de mujer, otros que solo querían divertirse, y los músicos, en caravana y las acostumbradas motocicletas adaptadas andaban por las calles, bailando en cada casa, cada puerta, como si estuvieran empezando la jornada carnestolenda. 

Leonel Chan es uno de los testimonios de la tradición de vestirse de Oso, a sus más de 70 años dijo que cuando era niño sus papás lo comenzaron a vestir con su papá y su abuelo, así lo hizo él con sus hijos y lo siguen haciendo con sus nietos, mismos que no salieron en esta ocasión por la pandemia.

“Aunque sea dándoles su billetito a los vecinos, pero que la tradición siga, son más de 100 años que la pandemia no pudo detener y debemos mantener estas costumbres firmes porque es parte de nuestra historia y de nosotros, cuando era chamaco mis papás me disfrazaban de oso, así lo hice con mis hijos y seguimos haciéndolo con mis nietos”, precisó.

También destacó que antes así era, no que se reunieran en la explanada del pueblo, sino que de pronto venían uno o dos osos corriendo desde la entrada del pueblo hasta el parque, descansaban y seguían su camino. “Hoy si bien no están todos reunidos y salieron en grupos, quienes participaron recorrieron las calles”, agregó.

Las familias que pedían a los osos pararse en sus casas salían con el cubrebocas adecuadamente, pero los danzantes preferían no ponérselo porque los asfixiaba a la hora de bailar y caminar.

 

Edición: Laura Espejo

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