Texto y fotos: Francisco Martín
La Jornada Maya
9 de febrero, 2016
Nunkiní y su fiesta de carnaval, mezcla el festejo con la tragedia. Cada año los llamados Osos (figura emblemática para el pueblo desde la época colonial) salen disfrazados a las calles de la localidad para refrendar una de sus tradiciones más arraigadas.
Cuenta la historia que el pueblo estaba dividido en dos: por un lado, los españoles hacendados y, por otro, los campesinos. Cuando éstos querían pasar al otro lado para festejar, tenían que hacerlo disfrazados, pues si alguno era visto por los españoles, lo torturaban, llevándolo a rastras por el pueblo, para que sirviera de escarmiento a los otros indígenas e impedirles atravesar la zona prohibida.
El júbilo del carnaval está aderezado con licántropos, demonios y enmascarados, más los tradicionales Osos, que son llevados por otros disfrazados, atados por una soga y golpeados en la parte del lomo que se encuentra cubierto de piel de venado. Su atuendo lo confeccionan con el yute donde se empaca el maíz; además, llevan cargando cencerros que agitan al ritmo del baile. Los Osos de todas las edades pueden verse durante todos los días del carnaval y a todas horas.
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