Este 7 de abril se conmemoró el Día Internacional de Reflexión sobre el Genocidio de 1994, con motivo del exterminio efectuado en contra de la etnia tutsi, en Ruanda. A 17 años de su establecimiento en 2003 por la Asamblea General de las Naciones Unidas, el secretario general de Naciones Unidas, António Guterres, instó a tener en cuenta "las lecciones de hace 27 años", especialmente cuando "los movimientos extremistas representan la principal amenaza para la seguridad" en muchos países.
“Aquellos días de 1994 permanecen en nuestra conciencia colectiva como uno de los más horribles de la historia humana reciente”, lamentó Guterres en un comunicado. El diplomático recordó los hechos ocurridos durante el genocidio en el que más de un millón de personas, la mayoría de ellas integrantes de la etnia tutsis, fueron sistemáticamente asesinadas en menos de tres meses en Ruanda.
“Aunque el país africano vivió uno de los capítulos más dolorosos de la historia moderna de la humanidad, su pueblo ha renacido de sus cenizas y nos ha mostrado el poder de la justicia y la reconciliación, y la posibilidad de progreso”, señaló el dirigente de la ONU, antes de pedir a los Estados comprometerse a “a construir un mundo guiado por los Derechos Humanos y la dignidad para todos.
Por el día, el máximo representante de Naciones Unidas honró a los que fueron asesinados durante el conflicto y se unió “en solidaridad” con Ruanda; además, advirtió que una de las principales amenazas a las que se enfrenta actualmente el mundo son los movimientos extremistas.
La gente está amenazada por grupos decididos a aumentar sus filas mediante la polarización social y la manipulación política y cultural, y aunque la tecnología y las técnicas que utilizan los extremistas están evolucionando, los mensajes y la retórica viles siguen siendo los mismos, señaló Guterres.
“Vimos lo que ocurrió en Ruanda en 1994, y conocemos las horribles consecuencias de permitir que prevalezca el odio”, por lo que para evitar que la historia se repita “es necesario contrarrestar estos movimientos impulsados por el odio que se han convertido en una amenaza transnacional”, finalizó.
Edición: Estefanía Cardeña
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