Juan Pablo Duch
La mediación de Rusia resultó decisiva para que Armenia y Azerbaiyán, al borde de una nueva guerra tras un mes de ocasionales enfrentamientos armados en torno al disputado enclave de Nagorno-Karabaj, que dejaron un saldo de decenas de muertos por ambos lados, aceptaran ayer sentarse a negociar la demarcación de la frontera común.
El presidente de Rusia, Vladimir Putin, ejerció de anfitrión en el balneario de Sochi, en la costa del mar Negro, donde el primer ministro de Armenia, Nikol Pashinian, y el mandatario de Azerbaiyán, Ilham Aliyev, no se habían reunido cara a cara desde enero anterior, cuando tuvo lugar la primera reunión trilateral para evaluar el cese el fuego en Nagorno-Karabaj, alcanzado en noviembre de 2020 con los buenos oficios de Rusia.
“Acordamos varios asuntos de suma importancia. El principal, crear instancias para delimitar antes de fin de año la frontera entre ambos países”, anunció Putin en rueda de prensa, teniendo como testigos a Pashinian y Aliyev.
Durante décadas no ha sido posible avanzar en la solución de esta controversia. Y ahora Rusia aspira a jugar un papel determinante, dado que una forma de poner fin a las reclamaciones recíprocas es que Armenia y Azerbaiyán hagan suya la propuesta del Kremlin de dirimir sus diferencias con los únicos mapas que muestran la delimitación de ambas repúblicas antes de la desintegración soviética, los cuales se guardan en Moscú, en la sede del Estado Mayor del ejército ruso.
“Con esos mapas sobre la mesa, hay que sentarse a hablar con calma”, anticipó Putin, quien reconoció que se trata de un problema “muy complejo” que sólo podrá resolverse si unos y otros hacen concesiones.
Por lo pronto, según el comunicado conjunto emitido al término del encuentro de los tres líderes, Armenia y Azerbaiyán –vecinos en el Cáucaso del sur en estado de guerra permanente– expresaron su intención de “adoptar medidas de seguridad que permitan estabilizar la situación” en su frontera norte.
Para ello van a instalar una comisión bilateral, cuya meta sería delimitar los lindes en esa zona conflictiva y, de existir consenso, su posterior demarcación, con la ayuda de Rusia como observador imparcial.
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