Las quemas controladas reducen en 92 por ciento el riesgo de incendios graves

Podrían también recortar en 20 % las muertes por la contaminación atmosférica
Foto: Efe

Las quemas controladas reducen en 92 por ciento el riesgo de incendios forestales graves y podrían recortar en 20 por ciento las muertes por la contaminación atmosférica generada por esos fuegos, según un estudio llevado a cabo con datos satelitales de California de las últimas dos décadas.

La revista Science recoge este jueves el análisis de los investigadores Iván Higuera-Mendieta y Marshall Burke, de la Escuela Doerr de Sostenibilidad de la Universidad estadounidense de Stanford, basado en datos satelitales para estimar la gravedad de los fuegos notificados en California entre 2001 y 2021.

Los investigadores han combinado estos datos con estimaciones específicas de partículas en suspensión menores de 2.5 micras (PM 2.5) generadas por el humo de los grandes incendios forestales entre 2006 y 2020.

Esas partículas finísimas de hollín, resinas y alquitranes penetran profundamente en los pulmones, que no son capaces de filtrarlas, y entran en el torrente sanguíneo, causando problemas de salud.


Herramienta de prevención

Dado que las quemas controladas han sido mínimas en el oeste de Estados Unidos, para analizar su efecto los investigadores han tenido que recurrir a datos de incendios forestales de baja intensidad.

Sus resultados revelan que esos incendios de baja intensidad reducen la gravedad de los incendios futuros durante al menos una década, tanto en los lugares que se quemaron inicialmente como en las regiones no quemadas situadas a una distancia de hasta 5 kilómetros.

Los resultados varían según el tipo de vegetación. En las zonas de matorral es donde menos se cumple esa norma: tras un incendio de baja intensidad la reducción total del riesgo de un gran incendio dura solo un año y se va desvaneciendo a los cuatro años.

En los bosques de coníferas, que abarcan la mayor parte del norte de California y Sierra Nevada, por el contrario, el efecto “fue espectacular, el riesgo tanto en las zonas quemadas por un incendio de baja intensidad como en los alrededores, permanece durante años bastantes”, afirma Higuera-Mendieta en un comunicado.

“Hemos analizado California en su conjunto a lo largo de varias décadas y concluido que parte de la responsabilidad de los grandes incendios que ha sufrido en los últimos años es que no se han realizado quemas controladas”, añade el investigador.

Ampliar el uso de las quemas controladas en los bosques de coníferas de California a algo más de 2 mil kilómetros cuadrados al año podría reducir la peligrosa contaminación por partículas finas procedentes del humo en aproximadamente 10 por ciento a lo largo de una década, y hasta en un 20-25 por ciento en los años con mayor actividad de incendios, sostienen los autores.

Por cada kilómetro cuadrado de bosque de coníferas tratado con quemas controladas, “los beneficios para la calidad del aire superan el coste inicial del humo de las quemas controladas en una proporción de aproximadamente 5 a 1 en el plazo de una década”, concluyen.


Barrera de protección

“Este estudio demuestra cómo los humos producidos en las quemas prescritas son muy menores a los que producen los incendios”, señala Víctor Resco, profesor de ingeniería forestal y cambio global de la Universidad de Lleida, en una reacción a este estudio recogida por Science Media Centre España.

Resco lo explica así: “cuando un incendio intercepta una zona tratada -por fuegos controlados-, baja su intensidad, lo que aporta una oportunidad a los equipos de extinción y reduce la emisión de humo. Las quemas prescritas constituyen una técnica de muy bajo coste y alta efectividad" para controlar tanto las llamas como la contaminación atmosférica.

El pastoreo, la gestión forestal o la agricultura tienen un efecto tanto o más beneficioso que las quemas controladas tanto para evitar grandes incendios como para la calidad del aire. Si las cuatro prácticas en conjunto disminuyen y se suman los impactos del cambio climático (el mayor calor, la sequedad de los suelos…), el caldo de cultivo para las llamas no puede ser más elevado.

Resco recuerda que “el humo de los incendios forestales es un asesino silencioso que, a nivel global, se estima que produce la muerte prematura de 330 mil personas”.

Como resultado de los incendios de Canadá en 2023, y de los movimientos de las masas de aire, se ha calculado que en Europa fallecieron anticipadamente 22 mil personas debido a esta causa.

Las personas más afectadas fueron y son aquellas con patologías previas, como los asmáticos, o las más vulnerables por edad, como bebés o ancianos.




Edición: Estefanía Cardeña


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