En la concepción mexicana, la celebración del Día de Muertos permite el reencuentro entre las personas que han fallecido con sus seres queridos y para consolidar la llegada de estas ánimas se utilizan diferentes elementos que las ayudan a llegar a su destino.
La colocación de altares es de gran relevancia para garantizar que los fieles difuntos llegarán al hogar que los espera, pues ahí recibirán su comida favorita, agua, luz y flores de bienvenida.
Desde hace siglos, el copal forma parte de los rituales mexicanos y para el Día de Muertos sirve como fragancia para atraer a las ánimas a su altar.
El copal es una resina de los árboles de la familia Burseraceae, que principalmente se dan en Oaxaca, Michoacán y Chiapas, y que al quemarse genera una fuerte fragancia.
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De acuerdo con el Instituto Nacional de los Pueblos Indígenas (INPI), se trata de una fragancia de reverencia, que las comunidades prehispánicas ofrecían a sus dioses.
Además, este elemento ayuda a limpiar el lugar de los malos espíritus para que las ánimas ingresen al lugar sin ningún peligro.
Con la llegada de los españoles y el proceso de sincretismo entre la tradición europea e indígena, el copal se fue sustituyendo por el incienso, sin embargo, actualmente muchas familias prefieren la resina natural.
El copal es un elemento de los altares igual de importante que el agua, para mitigar la sed de las ánimas; la sal, para que el cuerpo no se corrompa; las velas y veladoras para brindar luz a los fieles difuntos y así alumbrar el regreso a su morada; y las flores, que también suman fragancia y luz.
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