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Ciberlesbofeminismo y COVID-19

Mujeres en tierra maya

Por Fátima Díaz Borges

La fórmula lesbofeminista es una combinación de ciencia, tecnología, arte y activismo sociopolítico para la mitigación del dolor y el daño ante la emergencia humanitaria que enfrentamos. 

Como mujeres lesbianas del pueblo maya, nuestra voz siempre corre el peligro de ser silenciada por las discriminaciones, con el pretexto de nuestra apariencia, color de piel, la magnitud de nuestras carnes, por la cantidad de dinero, por el lugar en que nacimos, por nuestro idioma y también por amar a quien amamos. 

Se puede pensar que las mujeres en tierra maya poco sabemos de ciencias, artes y tecnologías, es común que nos manden a la cocina, que por cierto puede ser laboratorio o sala de lectura, central de resistencia y zona de multiplicación de saberes. 

Ante tanta ausencia discursiva se les olvida que sabemos también de micropolíticas y micropoéticas. A pesar de todo, nos hemos inventado estrategias que tienen la fuerza para combatir ausencias, olvidos y silencios.

Conversamos, y conversamos mucho, hasta tener un plan de acción acorde a las circunstancias, porque el duelo puede ser por la muerte que llega, por un cambio en nuestra condición de salud, economía o patrimonio, por la precarización del trabajo, por la ruptura con la pareja, o por la distancia con los integrantes de nuestras familias, impotentes cuando el Estado nos niega el reconocimiento de ser familia, y por lo tanto dejar sin protección legal a nuestras crianzas compartidas, así van los duelos al revivir las violencias a las que hemos sobrevivido.

Incluso desprenderse de aquella pretendida “normalidad” puede ser doloroso, ya que como feministas sabemos que con COVID-19 o sin él la violencia sigue matando mujeres de todas las edades, orientaciones sexuales, de todas las expresiones de género; al menos, en medio de esa violenta “normalidad”, teníamos el consuelo de abrazarnos unas a otras.

Abrazo colectivo 

Recordamos hoy el último abrazo colectivo el 8 de marzo del 2020, miles de feministas nos organizamos para una caminata, y caminando cantamos, gritamos, bailamos para exigir nuestro derechos; ya pasaron más de 100 días y puede que muchas mujeres se pregunten: ¿y dónde están las feministas? 

Estamos aquí tratando de encontrar la manera de hacerles llegar con ecos amplificados, el mensaje “no estás sola”, sin perdernos en el zumbido del silencio. 

Las lesbofeministas estamos haciendo colectas, gestionando insumos de desinfección y despensa, consiguiendo medicamentos, cuidando la salud de nuestros cuerpos, de nuestras familias, de nuestra comunidad, sin olvidar la contención emocional, la asesoría, el acompañamiento para los duelos, y la terapia tan necesaria para preservar la salud mental, un recurso vital para sobrellevar estos tiempos. 

Sabemos que el contexto real es discriminador y excluyente, las ausencias discursivas en las políticas públicas y los recursos para atender la emergencia necesitan desmantelar el lenguaje heteronormativo que nos borra como población en riesgo y como personas con derecho a la salud, incluyendo la salud mental, la salud sexual y reproductiva, la educación, un resguardo seguro, la alimentación, y la vida sin violencia. 

Mientras tanto, la epidemia sigue cobrando vidas, pero ya están regresando a su pretendida normalidad, esa cimentada en la injusticia, la inequidad, la violencia hacia las mujeres; pero las lesbofeministas y feministas no sabemos quedarnos quietas, ni solas, somos esa red que usa cada recurso disponible: ciencia, tecnologías, arte y el activismo social en clave feminista.

 

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Edición: Gina Fierro

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