El borrado de mujeres en los medios de comunicación

Los que cuentan la historia han decidido qué parte conviene narrar y cuál contar
Foto: Rodrigo Díaz Guzmán

Las mujeres siempre han participado en los medios de comunicación, incluso en épocas independentistas y revolucionarias había ya publicaciones hechas por mujeres. Segura estoy de que hubo intereses para rescatar perfiles como Sor Juana y olvidar a otras que hacían historia al mismo tiempo y los siglos que precedieron. 

Los que cuentan la historia han decidido qué parte les conviene narrar y cuál es mejor callar para no alentar a las masas. Borrar a las mujeres de la historia periodística ha sido parte de desalentar la representatividad de perfiles que pudieron inspirar a miles de niñas desde hace décadas y con ello, para estas fechas, contar con medios de comunicación y coberturas más equitativas.

El Proyecto Global de Monitoreo de Medios, o mejor conocido como GMMP por sus siglas en inglés, ha dado cuenta de la escueta representatividad de las mujeres en puestos directivos editoriales, así como para ser retomadas como fuentes de consulta u opinión en notas especializadas.

Este estudio, que se realiza cada cinco años desde 1995, evidencia la brecha de género que aún existe, brecha que es resultado de este borrado de las mujeres en la historia periodística, por haber invisibilizado publicaciones como Siempreviva de Yucatán en 1870, o haber ocultado los alcances de Violetas del Anáhuac, periódico feminista dirigido por Laureana Wringht entre 1887 y 1889. Haber olvidado mencionar en los libros de historia los logros de perfiles como Leona Vicario o Elvira Velázquez -ésta última generó nuevos enfoques periodísticos desde la perspectiva obrera, que ayudarían a culminar en la expropiación petrolera-, hace que aún en nuestra época, se calcule que necesitaremos por lo menos 67 años para cubrir esta desigualdad y cerrar la grieta.

Muchos hombres en diversas épocas intentaron monopolizar la visión de las mujeres y les crearon periódicos y espacios para perpetuar el ideal femenino, desde aquel entonces, y como lo comprueba el GMMP 2020, los espacios mediáticos hechos por mujeres o dirigidos a ellas, sólo podían existir si conservaban el status quo con temas como belleza, maternidad y hogar, pero alejados de la política, ciencia y economía.

Si alguien quiere dudar de que esta práctica para invisibilizar la aportación histórica de la mitad de la población mundial ha perjudicado su participación en el presente, basta con que lea los hallazgos del GMMP 2020: actualmente, apenas cuatro de cada diez historias en los medios de comunicación tradicionales son informadas por mujeres; mientras que sólo el 24 por ciento de las voces especializadas consultadas o entrevistadas para una nota son mujeres. Sin embargo, cuando realmente sin sesgo se retoma la voz de las mujeres es para visibilizar su presencia en contextos de violencia sexual, y aun así, no forman parte de las noticias principales de casi ninguno de los medios estudiados, sumado a que sus historias están subrepresentadas por voces masculinas, que muchas veces son las de los mismos perpetradores del daño. Tal es el caso del Caníbal de Atizapán, que lejos de escuchar las voces de los familiares de las víctimas (mujeres), los medios de comunicación se encargaron de entrevistar a vecinos y conocidos del feminicida con el fin de recrear el perfil de un hombre que “no parecía ser malo, siempre era amable”. 

“La infrarrepresentación más grave en las historias de violencia de género tiene lugar en los periódicos, en los que las mujeres son sólo el 35 por ciento de los sujetos y fuentes”, reza el GMMP 2020.

Si la plataforma más importante para visibilizar las problemáticas sociales, como los medios de comunicación, tienen un sesgo sexista y desigual, ¿cómo esperamos que la sociedad pueda informarse sin revictimizar o sexualizar a las mujeres? 

Las mujeres en la historia hicieron más que sólo ser esposas, hermanas o madres de políticos o revolucionarios, fueron parte estrecha de los logros y derechos de los que hoy gozamos, pero hasta hoy, su imagen pública pasa por un filtro patriarcal en el que sólo merece un espacio en portada si su belleza es hegemónica o si su contexto de violencia llega a niveles dignos de redactar historias reales de terror.

No vernos representadas en los espacios públicos durante siglos ha mermado nuestra participación y ha perjudicado nuestra opinión, para seguir perpetuando el supuesto de nunca ser capaces de hacer un buen trabajo fuera del hogar y la familia. Pero al rescate llegan otras mujeres de la actualidad, que han pasado su vida visitando hemerotecas, rogando por abrir cajas empolvadas y llenas de moho para recuperar las aportaciones de todas aquellas a las que intentaron invisibilizar, personajes como Elvira Hernández Carballido y todas las mujeres feministas detrás de los observatorios de medios logran sacar a la luz lo que realmente han sido muchas mujeres dentro del ámbito editorial: periodistas, y que hoy dan pie a este artículo que no sería posible sin su labor cronológica.

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Leer, de la misma autora: Hidalgo: el peligro de las detenciones arbitrarias

 

Edición: Laura Espejo


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