El resguardo de todos los afectos

Invitación a la lectura de 'El nombre del mundo es bosque' de Úrsula K. Le Guin
Foto: Rulo Zetaka

En los últimos años algunas amistades feministas y ambientalistas me recomendaron visitar a la autora norteamericana que copaba las frases citadas, epígrafes y referencias cuando frecuentemente se busca una ventana literaria de ciencia ficción para reinterpretar el mundo caótico que habitamos. Estas voces que me orbitan en forma de amigas, conocidas y maestras señalaban que algo muy potente estaba brotando ahí en las re lecturas que hoy se hacen a la obra de esta autora.

El nombre del mundo es bosque (Minotauro, 2021) en la traducción de inicios de los setenta y vuelta a publicar recientemente, llegó a mis manos luego de una intensa cacería pues no parecía dejarse atrapar. De los seis libros de la prolífica autora Úrsula K. Le Guin que están disponibles en este momento al español, definitivamente el que tiene el título más evocador es el que me inspiraba para conocerla y que sentía me atraía con mucha fuerza. La sorpresa fue brotando a un ritmo inesperado, como una planta que en escasos días pasa de semilla a dar frutos cómo me llevó el texto de la curiosidad al llanto.

El libro nos presenta a dos grupos de personajes antagónicos y a su vez complementarios en torno a la colonia de Nueva Tahití, un mundo ubicado a 27 años luz de la Tierra, el cual es parte de la confederación de planetas. Uno de estos grupos está representado fuertemente por el capitán Davidson, de la estirpe humanoide terrestre, que se ve como una persona hosca y dura debido en cierta medida a que su arduo y salvaje trabajo implica conseguir madera para enviar al planeta Tierra que carece ya de cobertura vegetal suficiente.

Por otro lado, conocemos a los crichis, como los nombran los colonizadores, criaturas humanoides nativas de Nueva Tahití que miden apenas arriba de un metro, tienen un color verduzco y se comunican de manera limitada. A lo largo de la novela podremos saber un poco más de sus nombres y las complicadas relaciones que se establecen cuando no comprendemos el uso de las palabras correctas para comunicarnos con el otro.

El grupo nativo, quitando las características anteriores, son muy parecidos a la humanidad que conocemos en la tierra, tienen culturas, se organizan en diferentes grupos por todo su planeta y no se llaman a sí mismos crichis, sino se reconocen como Athstianos. Asistiremos en esta historia a la parte más cruenta de la colonización materializada en violencia y explotación a través de la mirada de los protagonistas de ambas culturas.

En la obra de Úrsula, la palabra toma profundas dimensiones y su trabajo en la caracterización no sólo de los personajes sino de culturas que poseen todos los grupos involucrados es profunda y ambiciosa, conoceremos detalles de la vida de ambos y sus dispersiones en el planeta, pero también sus necesidades espirituales y los puentes ontológicos que son obligados a tender a raíz del encuentro y esto nos lleva a preguntarnos ¿conocemos a profundidad las aristas de la palabra colonización?

Para combatir la ausencia de esos saberes, es decir, las aristas de la pregunta, podemos acudir a las palabras de los Athstianos, en su lengua, cada palabra está escrita en una dualidad y muchas de ellas son únicamente de dos sílabas. Con ello descubriremos que una cosa puede estar conectada a través de hilos invisibles pero que apuntan hacia una característica que los une, como por ejemplo la palabra mundo que en su lengua, es la misma palabra que la palabra bosque.

Mientras pensaba en escribir este texto me preguntaba ¿cuál sería la piedra rosseta de nuestra concepción del mundo? Si tuviera que contestarle a los Athstianos cuál es la dualidad del lugar que habito ¿qué palabra usaría? Pensé en que tal vez algunas personas que leen este texto puedan pensar espiritualmente y apuntar a la palabra energía o divinidad, también pensé en otras aferradas a lo tangible de la creación humana y que puedan decir capital o dinero. Unas mas curiosas tal vez dirían aliento o aleteo, quizá algunas de mis amistades dirían tierra o montaña.

Creo, que el nombre del mundo es una frase y no una palabra, y con permiso de los Athstianos diría: El agua que alimenta nuestras raíces es el nombre del mundo que habito. ¿Cuál es el nombre del mundo que tú habitas? 

@RuloZetaka

 

Lee, de este mismo autor: Leer para el deleite, el disfrute y el goce

 

Edición: Ana Ordaz


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