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Foto: Rodrigo Díaz Guzmán

El factor más importante en una elección es el humor social. Es más importante que cualquier estrategia de marketing o iniciativa de promoción. Es la definición de la cancha en la que se habrá de competir. 

Si el humor social es positivo y festivo, es un tipo de candidato y de mensaje el que prevalecerá. Si el humor social es de enojo y revancha, es otro el contexto en que las campañas deberán competir. El humor social puede llegar a ser tan dominante que no importen ni el candidato ni sus propuestas, sino simplemente que la ciudadanía se sienta reflejada en un abanderado o color partidista a nivel casi subconsciente.

La importancia del humor social la vivimos en el 2018 y la seguimos viviendo a nivel nacional y en cada nueva contienda electoral estatal. No importa lo mal hechas que sean las campañas de un partido político que sigue convocando al ajuste de cuentas sociales, no importa el talento o trayectoria de sus candidatos (o la ausencia de esas variables), no importan tampoco la rudimentaria comunicación de un líder político o los resultados de gobierno no del todo brillantes; mientras la narrativa siga alineada con el humor social dominante (en este caso de enojo y el desagravio) el triunfo se construye de forma casi mecánica. 

Esto es muy importante para pensar en Yucatán hacia el 2024. Algo está pasando en el humor social yucateco, por lo menos en ciertos grupos altamente movilizados y en temas de las agendas sociales de género y preservación ambiental. El tono positivo de un Yucatán que marcha bien, que está acumulando resultados de forma gradual y que benefician a todos, pareciera ya no ser universal. El consenso alrededor de un modelo de desarrollo consensuado parece estar bajo presiones nunca vistas en la agenda pública. 

Pequeños eventos de movilización, de militancia, de activismo, de violencia, de enfrentamiento, de tensión social pública que por sí mismos pueden parecer pasajeros y sin masa crítica, podrían tener el potencial de cambiar de forma sutil la percepción que tenemos sobre nosotros mismos y sobre cómo van las cosas en la sociedad que entre todos integramos. 

Si el humor social de Yucatán se mantiene positivo hacia el 2024, el tipo de partido que puede ganar proponiendo hacer mejor lo que ya se está haciendo bien y empezar a hacer bien lo que necesita ajuste, será uno. Por el contrario, si el humor social de Yucatán se vuelve negativo y tiende hacia el enojo y la frustración, el partido que puede alzarse con la victoria será otro, con un discurso completamente distinto al que ha dominado y guiado el desarrollo de Yucatán durante casi dos décadas. Lo anterior no es una obviedad absurda, permítanos explicarlo. 

Cuando dos partidos o alianzas compiten apostando a un mismo humor social, el candidato, las propuestas y la campaña importan, pues los dos creen que hay una misma realidad y narrativa social y que se trata de ser percibido como la mejor opción en esa realidad colectiva. 

Sin embargo, cuando los partidos o alianzas parten de suponer que hay dos percepciones de la realidad y dos humores sociales distintos (uno de desarrollo y otro de ajuste de cuentas, por ejemplo), el partido que gana es el que acierta sobre cuál es el humor social dominante, sin importar las campañas, las propuestas o los candidatos. 

En Yucatán, el PAN y la Alianza Va Por México tienen candidatos y narrativas que claramente dependen de un humor social positivo y con prospectiva positiva sobre el futuro que traerá el modelo de desarrollo colectivo vigente; Morena puede competir en esa arena con posibilidades, pero con importantes dificultades. Sin embargo, si el humor social se torna negativo y de enojo, la cancha será casi monopolio del partido guinda. Por esa razón, dilemas y circunstancias que pueden parecer menores, pueden terminar siendo claves. No hay conflicto, incidente o adversario pequeño, cuando se trata de proteger el humor social positivo que ha hecho de Yucatán una excepción envidiable a nivel nacional. 

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Lea, del mismo autor: Sol et aqua



Edición: Estefanía Cardeña


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