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Foto: Litografía: José Dolores Espinosa en La Burla, 1860

 Este 30 de julio se cumplirá un aniversario más del inicio de la Guerra de Castas de Yucatán. La fecha, pese a que desde hace ya muchos años no se conmemora como sí se llegó a hacer incluso mientras el conflicto bélico estuvo vigente, ha quedado como efeméride, y en cierta forma, su significado también se ha transformado al no existir ya una ceremonia oficial.

A principios del siglo pasado, algunos periódicos como El Eco del Comercio aprovechaban la coincidencia de fechas entre el inicio del levantamiento maya y el fusilamiento de Miguel Hidalgo y Costilla, el llamado Padre de la Patria. Por supuesto, hay más de tres décadas entre un acontecimiento y otro, pero el gobierno de entonces aprovechaba para enviar un mensaje de formación cívica, según el cual se debía por un lado reconocer a quienes dieron su vida por dar “el primer aliento de los principios de la libertad en México” y también “recordar a los héroes que se propusieron contener aquellas hordas”, y nombrarlos “campeones de la civilización y de la existencia de Yucatán.

Pero el testimonio que pretendemos recuperar en esta ocasión es más de los primeros años del conflicto. Tiene una particularidad: se encuentra en un semanario satírico, y éste fue el segundo periódico de caricaturas que existió en Yucatán. Se trata de La Burla, una publicación en la cual participaron, con seudónimo, autores como José Peón Contreras, Eligio Ancona Castillo, Manuel Sánchez Mármol y José Patricio Nicoli. Como ilustrador -litógrafo, se encontraba José Dolores Espinosa Rendón.

El semanario, que salía de la imprenta de Mariano Guzmán, tiene varias aristas para el análisis, porque sus propósitos fueron varios. Entre diferenciarse de otro grupo intelectual que se encontraba organizado en la revista La Guirnalda, participar en la política local y llevar a la literatura el paisaje y vocablos yucatecos, los redactores se dieron tiempo de criticar el provecho que algunos sacaban de una medida autorizada años antes, que permitía vender como esclavos a los rebeldes que hubiesen sido prendidos con las armas en la mano.

Así, en lo referente a las caricaturas, el 4 de noviembre publicaron una imagen titulada “La Indiera”, que incluso llegó a los libros de texto de secundaria en el estado, en el cual se retrataba a una mujer a cuyas espaldas se encuentran varias jaulas en las cuales hay personas. Seguramente aquella “dama” estaba muy bien identificada pero hoy no tenemos todos los datos para asegurar su identidad. En otras, los redactores se presentaron al público como un grupo compacto que apoyaba las medidas de protección para los mayas, y por eso en otra caricatura aparecían festejando el decreto del 11 de noviembre de 1860, mediante el cual el gobernador Agustín Acereto ordenó la suspensión de acciones de guerra contra los mayas rebeldes, al mismo tiempo que abrogó la pena de expulsión que algunos aprovecharon para dedicarse al “tráfico de carne humana” que denunciaba el semanario.

Los redactores de La Burla, sin mencionar nombres, seguramente identificaron a más de un “indiero” que se había beneficiado del tráfico de mayas hacia Cuba, y a los cuales el semanario causaba escozor. Pero las caricaturas no eran lo único que empleaban para apuntar a estas personas; también estaba su “Sección de chismes y novedades”, con la cual terminaban cada entrega. Así, el 11 de noviembre, mencionaban: “On dit: que un señorón de extranjis, de esos que no tienen pelos en la lengua, ha ofrecido desbaratar las muñecas, no sabemos cuales, ni cómo, a los traviesos redactores de La Burla: si esto es así, le suplicamos encarecidamente se tome la molestia de llegarse a nuestra Burlotipia, donde será inmediatamente caricaturado en premio de sus cristianas invenciones”.

 A la siguiente semana, en la misma sección, el redactor que firmaba como El Duende (Eligio Ancona), le dejaba una incógnita a los lectores: “Una pregunta. -Sabemos que los llamados bárbaros del oriente, que después de una victoria piden la paz, conservan intactos los prisioneros de la última campaña, ¿quiénes serán más bárbaros é inhumanos?”

La Burla apenas duró cinco meses en circulación, y su publicación tuvo dos interrupciones;aunque de esta segunda solamente volvieron para publicar su última entrega, el 21 de marzo de 1961. La época era convulsa y el ambiente político era también muy violento, pero eso es tema para otra nota, de otro tiempo.



Edición: Fernando Sierra


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