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K’aayom, los maestros cantores del oriente yucateco

Una herencia poco documentada que data del tiempo de la Guerra Social Maya
Foto: Leobardo Cox Tec

La tradición musical religiosa de los mayas descendientes de los sublevados que combatieron contra los blancos durante la Guerra Social Maya de 1847 ha sido muy poco documentada. Muchas veces se considera una simple extensión de la herencia católica y sus diferentes matices no han sido reconocidos debidamente. El canto sagrado maya o mayak’aay se encuentra presente en diferentes poblados de la franja oriental de Yucatán y es dirigido por los maestros cantores, k’aayom o k’aayum, hombres sabios que dirigen la vida espiritual de los pueblos. 

La figura del maestro cantor actual surgió a partir del aislamiento de los mayas rebeldes quienes desarrollaron un sistema militar y teocrático basado en el cristianismo, pero con muchos elementos mayas supervivientes de las antiguas prácticas sagradas. El k’aayom seguramente nace del antiguo jo’olpóop, antiguo jefe o director de ceremonias y de representaciones artísticas, y de los maestros de capilla del periodo virreinal (del siglo XVI a las primeras décadas del XIX) que eran, en un principio, hábiles mayas adoctrinados por los misioneros a través de la música y el canto. El objetivo de formar maestros de capilla era emplearlos en el servicio musical de las grandes iglesias y como educadores de otros muchachos.

Para principios del siglo XVII, Pedro Sánchez de Aguilar aludía sobre los mayas: “[…] tenían y tienen su cantor principal, que entona y enseña lo que se ha de cantar y le veneran y reverencian y le dan asiento en la iglesia y en sus juntas y bodas y le llaman Holpop; a cuyo cargo están los atabales e instrumentos de música, como son flautas, trompetillas, conchas de tortuga y el tepomaguaztli [...]” El título de jo’olpóop se daba a los jefes de pueblos menores, pero también a los directores de las fiestas y ceremonias. 


Foto: Leobardo Cox Tec

En sus crónicas sobre la llamada “Guerra de Castas” de 1847, el historiador Nelson Reed señala el importante papel del k’aayom en los pueblos mayas antes y durante la Guerra: “El macehual oraba de modo muy parecido al de los demás católicos […] en su adoración lo dirigía el maestro cantor, lego indígena que se había aprendido de memoria , mecánicamente, un montón de oraciones necesarias en español y latín y era capaz de recitarlas durante más de una hora sin repasárselas… y a menudo sin entenderlas. El maestro cantor, necesario por la escasez de sacerdotes, era respetadísimo. El macehual era como los demás cristianos salvo en que cuando sus oraciones no daban resultado, cuando a pesar de la novena prometida las cosechas seguían siendo malas o la enfermedad continuaba, era capaz de ir a buscar auxilio de los h-men o los dioses y espíritus de la selva”.

Los maestros cantores son varones longevos que se dedican a orar por las almas de las personas, en acción de gracias o solicitando el favor de algún santo o deidad utilizando un sistema transmitido de generación en generación, directamente de padre a hijo o de maestro a aprendiz según sea el caso. Además de realizar todas las devociones católicas también ofrece rogativas a los yuumtsilo’ob  o los dueños del cielo y de la tierra. Los k’aayum son padres o enlaces espirituales respetadísimos, pero no llegan a ser considerados jmeeno’ob (sacerdotes tradicionales), pues los maestros cantores no pueden oficiar ritos agrícolas de agradecimiento o de petición de lluvias y tampoco suelen especializarse en el trabajo con las plantas medicinales. Tampoco hay que confundir el oficio del k’aayom con el de rezador o rezadora, pues éstos últimos ofrecen sus plegarias por las almas de los difuntos y rezan el rosario o los novenarios para los santos bajo la estricta guía de la liturgia oficial de la Iglesia Católica. 

El proceso para convertirse en maestro cantor inicia desde de la adolescencia. Los jóvenes interesados participan activamente en los rezos que realizan sus maestros para familiarizarse; posteriormente acuden a la casa del k’aayom para aprender las invocaciones.  Los  k’aayom poseen sus libros sagrados de cantos donde también escriben algunos códigos que solamente ellos y sus aprendices conocen.  Estos libros no se heredan directamente, pues cada k’aayom los usa en muchos rituales y le impregna parte de su calor corporal (k’i’inam) por lo que una persona que no sabe cómo protegerse podría enfermar. Cada maestro cantor debe copiar las plegarias con su puño y letra, una por una. Cuando un  k’aayum muere, sus libros se queman, aunque en casos muy especiales, los cuadernos se trabajan o se “limpian” por algún jmeen para que pueda ser utilizado. 


Foto: Leobardo Cox Tec

Los k’aayumo’ob dominan los rezos en español, en maya y en latín, cuya pronunciación difiere ligeramente del latín eclesiástico. Las plegarias de los k’aayum suelen durar horas, sin ningún tipo de interrupción. El ritual del Alto del Niño en Chikindzonot, por ejemplo,  inicia a las 10 de la noche y termina a las 3 de la mañana y se realiza alternando cantos en los tres idiomas. Algunas palabras mayas contenidas en los rezos ya no se usan en el lenguaje coloquial por lo que los únicos que conocen su significado son los maestros cantores. 

A pesar de su importante participación en las actividades religiosas de la comunidad, muchos k’aayom no tienen permitido cantar en las iglesias, pues algunos de sus cantos son considerados heréticos por su evidente sincretismo. Algunos sacerdotes católicos han censurado su participación y en su lugar capacitan a sus propios rezadores. Por lo anterior, los maestros cantores han recurrido a la clandestinidad. Muchos de ellos rezan en casas o en altares privados que suelen ser llamados “iglesias”.  

Uno de los últimos maestros cantores  del oriente es don Demetrio Caamal Pat de 76 años, originario de Chikindzonot que se inició en el oficio a los 17 años de edad. Don Dem, como le dicen, hace rezos para los velorios, para los santos y en especial para las vigilias de Semana Santa. Además de su oficio de k’aayom, es un virtuoso músico; toca la armónica y las percusiones en un conjunto de mayapaax que preserva la música de la danza de Señores y también toca el saxofón en una charanga jaranera, la cual es su ocupación principal. Su principal preocupación es que ya no existen herederos de esta tradición pues la modernidad ha tocado las comunidades y ha alejado a los jóvenes de la vida espiritual.


Foto: Leobardo Cox Tec


Edición: Fernando Sierra


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