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Foto: Cortesía Fredy Góngora

Fredy de Jesús Góngora Cabrera, Maestro Distinguido 2017, nació en Oxkutzcab el 5 de diciembre de 1964 y creció en un entorno donde el aprendizaje y el trabajo eran parte de la vida cotidiana. Desde niño combinó la escuela con distintos oficios, bolero, vendedor de periódicos, que le enseñaron el valor del esfuerzo y le dieron una temprana conciencia social. Aquellas experiencias marcaron su forma de entender la educación como una herramienta para abrir caminos.

Su formación docente comenzó en la Escuela Normal de Ticul, de la que egresó en 1988 como parte de la primera generación de licenciados en Educación Primaria. Desde entonces tuvo claro que enseñar no podía limitarse a transmitir contenidos: el verdadero reto estaba en ofrecer a niñas y niños la posibilidad de pensar, cuestionar y transformar su entorno. “Entendí que la única manera de proponer algo distinto a la enseñanza era siendo maestro, para darle a los niños la libertad de poder pensar y de ser lo que ellos quieran”, ha señalado en distintas entrevistas.

A lo largo de más de tres décadas de trayectoria, Góngora Cabrera ha trabajado en distintos niveles educativos. Durante ocho años impartió clases en preparatoria, pero encontró en la educación primaria el espacio donde podía desplegar con mayor claridad su visión pedagógica. Más de una década de servicio en la escuela primaria Nachi Cocom de Akil y su actual labor como docente de sexto grado en la primaria Valentín Gómez Farías dan cuenta de una carrera sostenida por la convicción y la constancia.

Para el maestro Góngora, la docencia es una forma de vida. “Me mueve la pasión. Quiero crear espacios donde todos puedan disfrutar, porque la educación, más que vocación, requiere amor”, afirma. Esa idea ha guiado una práctica educativa que busca trascender los muros del aula y vincular el aprendizaje con la realidad inmediata de las comunidades.
Uno de los proyectos que mejor sintetiza su enfoque es Los Nuevos Alquimistas, una metodología basada en el aprendizaje por proyectos sociales. A través de ella, las y los estudiantes investigan problemáticas de su entorno, construyen propuestas, las explican y las evalúan colectivamente. El proceso, explica el maestro, se estructura en cuatro momentos fundamentales: investigación, construcción, exposición y evaluación. “El estudiante construye su propio aprendizaje cuando investiga, cuando explica lo que hizo y cuando se evalúan las competencias desarrolladas”, sostiene.

La propuesta ha sido reconocida como una de las prácticas educativas más innovadoras del país. En 2016 fue premiada por el Instituto Nacional para la Evaluación de la Educación (INEE) y presentada en el Primer Coloquio Nacional de Prácticas Innovadoras. Desde entonces, los proyectos desarrollados bajo esta metodología han tenido una proyección nacional e internacional. En años recientes, estudiantes formados por Góngora Cabrera han participado en ferias científicas y expociencias, obteniendo reconocimientos en México y en el extranjero.

Uno de los logros más visibles ocurrió en 2024, cuando un grupo de alumnos obtuvo la medalla de oro en la Expo Ciencias Internacional ESI-Amlat, realizada en Perú, con un proyecto sobre el calendario maya. El trabajo, que combinó ciencia, historia y tecnología, alcanzó además una amplia difusión en plataformas digitales. Otros proyectos, como Ciencia con Conciencia, centrados en la arqueología y la astronomía maya, han sido presentados en países como Paraguay, España y Brasil.

Góngora Cabrera suele explicar su visión pedagógica mediante una metáfora que se ha vuelto emblemática: “Los niños son los metales, el oro es la educación de calidad”. Desde esa perspectiva, el papel del maestro no es moldear, sino acompañar procesos de transformación.

Esa misma lógica ha orientado su impulso a proyectos de impacto social. Uno de los más significativos fue una iniciativa legislativa presentada por tres mil niñas y niños, que derivó en la eliminación de bolsas de plástico en supermercados de Yucatán. Actualmente, trabaja en una nueva propuesta orientada a regular el acceso de menores a contenidos violentos en plataformas digitales.

A nivel comunitario, ha promovido la creación de una biblioteca en Oxkutzcab con libros escritos por los propios estudiantes, la rehabilitación de parques públicos con enfoque STEM y la organización de congresos docentes enfocados en la profesionalización del magisterio. Para él, la escuela debe dejar de ser un espacio aislado y convertirse en un actor activo dentro de la comunidad: “Lo que se aprende en el aula debe servir para resolver problemas cotidianos”.

Su mirada crítica también alcanza a los sistemas de evaluación tradicionales. Más que calificaciones perfectas, le interesa descubrir las capacidades, habilidades y necesidades de cada alumno. “Mi preocupación no es que saquen diez, sino entender quiénes son, qué pueden hacer y cómo potenciarlo”, ha señalado recientemente.

El impacto de su labor ha sido reconocido con diversos premios, entre ellos el Premio ABC 2014 de Mexicanos Primero y el Premio Docentes Extraordinarios: National Teacher Prize México 2022, otorgado por la Secretaría de Educación Pública y el Movimiento STEM. Estos reconocimientos le han permitido compartir su experiencia en foros nacionales e internacionales, como el Simposio Internacional de Didáctica y Ciencias Sociales de la Universidad de Barcelona, así como en campañas educativas impulsadas por la Unión Europea y redes latinoamericanas.

Más allá del ámbito escolar, Fredy Góngora ha contribuido de manera decisiva a la vida cultural de su municipio. Es fundador del Centro Cultural y Fototeca Municipal de Oxkutzcab y autor de diversos libros de carácter histórico y cultural, con los que busca fortalecer la identidad yucateca y el vínculo de las nuevas generaciones con su pasado.

Al reflexionar sobre los retos actuales de la educación, identifica dos grandes desafíos: enseñar a pensar de manera autónoma y apostar por una auténtica profesionalización docente. “No puede haber una reforma educativa real si no hay un proyecto sólido de formación para los maestros”, afirma.

El legado de Fredy Góngora se refleja no sólo en premios o publicaciones, sino en las generaciones de estudiantes que han pasado por sus aulas. Al menos quince generaciones de alumnos hoy son profesionistas, investigadores, docentes o líderes comunitarios. Su hija, Carla Alejandra Góngora Vela, también docente, resume ese impacto al señalar que su padre ha sabido comprender “el peso que tienen los sueños para la transformación de realidades” y la necesidad de eliminar barreras para escribir nuevas historias.

Esa filosofía, marcada por la creatividad, la perseverancia y la confianza en las personas, se condensa en una frase que el maestro repite como principio de vida y de enseñanza: “Porque te di alas de libertad, que nada ni nadie te detenga.”


Edición: Fernando Sierra


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