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Foto: Rodrigo Díaz / Archivo

Sara Esperanza Sanz Reyes*

Una respuesta rápida e ingenua sería que no debería existir una diferencia entre sus participaciones, pero vamos a revisar primero los datos cuantitativos. De acuerdo con Naciones Unidas, a escala globa, el 27.2% de los parlamentarios en las cámaras principales son mujeres, aunque este porcentaje va en aumento desde 1995, solo se ha logrado un avance del 11 por ciento (unwomen.org). En cuanto a cargos ejecutivos, 29 países (en septiembre de 2025) tenían mujeres como jefas de Estado y/o gobierno, algunas son muy conocidas mediáticamente como Giorgia Meloni, Primera Ministra de Italia desde 2022, Mette Frederiksen, Primera Ministra de Dinamarca desde 2019 (en confrontación con Donald Trump), la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen o la Presidenta del Parlamento Europeo, Roberta Metsola (european-union.europa.eu). Por supuesto, la Presidenta de nuestro país, Claudia Sheinbaum Pardo. 

En cuanto a otros cargos públicos, a nivel mundial 22.9 por ciento de miembros de los gabinetes son mujeres, solo nueve países tienen paridad, es decir 50 por ciento o más con representación femenina. También se traslucen algunos roles en el servicio público porque se coloca a las funcionarias en espacios y tareas que tradicionalmente se asocia con las mujeres como bienestar, cultura, igualdad de género o salud. En cambio, los espacios de finanzas, defensa, desarrollo económico y servicio exterior siguen dominado por varones. Incluso, espacios significativos de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) también han sido presididos por hombres, ahora se genera otra oportunidad con la candidatura de Michelle Bachelet ex presidenta de Chile y Alta Comisionada por los Derechos Humanos para el Consejo General de la ONU.

México es de los países con más representación femenina en el Congreso porque se ha logrado la paridad a partir de las reformas en materia electoral. Otros países con números semejantes son Rwanda (64  por ciento), Cuba (56 por ciento), Nicaragua (55 por ciento), Andorra (50 por ciento) y Emiratos Árabes Unidos (50 por ciento) (www.ipu.org). Dentro de los países de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico, apenas se alcanza 34 por ciento. Aunque se muestra un ritmo de crecimiento, todo parece indicar que se ha estancado en los últimos años, incluso en algunos países ha retrocedido. 

Por ejemplo, en Yucatán, para este trienio 2024-2027, 24 de los 106 municipios son gobernados por alcaldesas. Esto representa solo 22.6 por ciento del total de los ayuntamientos. Aunque, en contraste, las mujeres gobiernan más del 50 por ciento de la población porque encabezan los municipios más grandes como la ciudad de Mérida (hazruido.mx/ y Diario de Yucatán).

Entonces, la diferencia en el número es aún significativa, lo mismo con las áreas de desempeño profesional porque se replican los estereotipos y se limitan las capacidades en puestos que seguramente el desempeño de las mujeres podría dejar su impronta. Si vamos hacia lo cualitativo, tendríamos que reflexionar sobre trabajos que explican cómo los liderazgos femeninos y feministas procuran superar las lógicas jerárquicas e individuales en la toma de decisiones, tienen alta capacidad autocrítica, buscan alternativas para superar los problemas a través del consenso y ponen la vida y la autonomía de las mujeres en el centro para transformar el mundo (Pérez Domínguez, M.E., Palma López, M. y Godínez Mejía, P., 2024).


*La autora está adscrita al Programa Becas Posdoctorales por México de la Secretaría de Ciencia, Humanidades, Tecnología e Innovación, adscrita al Centro Peninsular en Humanidades y Ciencias Sociales de la Universidad Nacional Autónoma de México. Mérida, Yucatán (México).

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Edición: Fernando Sierra


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