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Es una paradoja de tiempo y sangre. Ayer martes, a las 17 horas de la tarde tiempo de Washington, Donald Trump  cambió el sentido de su amenaza, tres horas antes de que se cumpliera el plazo fatal para dejar en escombros a Irán, según sentenció. Ahora en una nueva comunicación anuncia que hay negociación de 10 puntos. Por la mañana cuando la amenaza estaba latente Irán uso escudos humanos para proteger sus centros estratégicos y con ello obligó a retroceder  a Estados  Unidos, sabemos que  con la mediaciones de Pakistán  se logró la tregua, pero el estrecho de Ormuz sigue bajo el control de Irán que es el gran punto a negociar.

Sin embargo  el cronómetro sigue su marcha inexorable; el tono bélico de  la retórica presidencial busca  acomodar  un giro a la  diplomacia para encontrar una nueva forma de rendición de Teherán.

Queda la pregunta: ¿Dónde navega Israel?

El transcurso de la guerra ha sido una violación sistemática de todo derecho internacional, sumiendo al mundo en un caos predecible. Sin embargo, ocurre un fenómeno sintomático: los mercados y las bolsas de valores parecen ya no reaccionar al histrionismo del inquilino de la Casa Blanca. El mundo financiero ha dejado de escuchar la voz del líder del país más poderoso y bélico del planeta para basarse en hechos concretos, ignorando los exabruptos de un hombre que, como he señalado antes, es un león perdido en su propio laberinto, enfrentando incluso choques internos en el Pentágono.

Esta misma cerrazón se manifiesta en el bloqueo inhumano contra Cuba, que suma ya más de 60 años de asfixia permitida por una comunidad internacional cómplice. 

Frente a estos hechos, organismos como la OTAN, la ONU y la caricaturesca OEA, han mostrado una postura débil, casi irrelevante, al igual que las cúpulas de las grandes religiones. Estas instituciones surgen de un replanteamiento de sus normas y de su propia existencia.

Quizá sea el momento de volver a la ética y a la moral, hoy sepultadas por la voracidad económica de los insumos energéticos. Bajo esa misma óptica debemos analizar, sin romanticismos, el regreso a la Luna.

¿Ciencia para el poder bélico?

La memoria colectiva guarda con celo aquella imagen de 1969 tanto por su cuestionada autenticidad como por la capacidad humana de salir de la tierra, una añoranza humana al mirar las estrellas, el sol y la luna: el "pequeño paso" de Neil Armstrong que cerraba la carrera espacial de la Guerra Fría. Hoy, en 2026, la épica del Apolo 11 se desdibuja frente a una realidad cruda. Aquel salto para la humanidad quedó suspendido en el vacío; seguimos arrastrando las cadenas de una carrera armamentista frenética por el petróleo, los territorios y el control del Medio Oriente. Pero ahora, la ambición apunta al cielo: la exploración busca "tierras raras" y químicos para desarrollar energía nuclear y tecnología militar.

La misión Artemis II de la NASA y sus socios privados intentan marcar un hito, pero las dudas sobre su verdadera naturaleza resurgen. ¿Es avance científico o una señal de poderío en un tablero fracturado? Mientras el presupuesto del programa Artemis supera ya los 93 mil millones de dólares, la inversión se dispara a las estrellas mientras en la Tierra no hemos aprendido a dar el verdadero "gran salto": el del pacto social y la convivencia.

Resulta paradójico que potencias como Rusia, China y Estados Unidos busquen conquistar el satélite bajo la bandera de la ciencia, cuando lo que realmente está en juego es el uso de ese conocimiento para el desarrollo armamentístico. Ver el "lado oculto" de la Luna es un desafío técnico sin precedentes, pero mientras los cuatro astronautas de la Artemis II completan su circunnavegación, regresarán a un mundo que sigue operando en la aldea bajo un sistema de clanes globalizados generadores de odio.

Paso de gato

Habrá ciclo de jazz fusión en Mérida

La oferta cultural en Mérida es cada vez más amplia. Yucatán, además de su profundidad gastronómica, es reconocido por su riqueza musical. No olvidemos aquel barco que conectó comercialmente a Nueva York y Nueva Orleans con Veracruz y Yucatán; en esa ruta viajaron gran parte de los sonidos que hoy nos definen.

En mayo, como una apuesta a ese viaje histórico, se llevará a cabo un ciclo de Jazz Fusión liderado por la cantante Cony Ancona, de Cuba Yaima Sáez y el músico Memo Ruiz. Del bolero al blues, pasando por el bossa nova y el soul.  Las citas son los días 8, 14, 21,29 y 30 de mayo en el Stelaris del Fiesta Americana. Una oportunidad imperdible para reencontrarnos con la música que marca una oferta innovadora y rica en la península. 


Edición: Fernando Sierra


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