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Aventuras en un crucero. Primera parte de dos

Viaje alrededor del mundo en 88 días
Foto: Margarita Robleda Moguel

El tiempo vuela y siento pasos en el techo. Tengo que terminar de cerrar obras que, frente a nuevos proyectos, fueron abandonadas en el cajón de los inconclusos; no quiero que las hermanitas y sobrinos, con muy buena intención, tiren “papelitos”, sin estos haber vivido la oportunidad de ser “calados” por lectores que los pudieran disfrutar. 

Así pues, busqué el crucero más largo que pude encontrar, los anteriores más prolongados, habían sido de 36 días. Encontré uno con duración de 88 días, con el nombre de “Alrededor del mundo”, que sonaba interesante, sobre todo la posibilidad de ver una aurora boreal y conocer Rapa Nui, la Isla de Pascua, en Chile, aunque nunca está de más ir a saludar a la Señora Libertad en Nueva York, ni algunos países cercanos a Finlandia.

Nunca imagine que el propósito de mi viaje seria puesto en tela de juicio. “¿Vas a bajar?” Me preguntaban los amigos meseros, cocineros y el responsable de mi cabina. “¡Uy, no!” Respondía encantada de mi actividad. Sus ojos me decían, que a ellos les gustaría bajar, y yo, que podía hacerlo, me negaba. “Tengo mucho que escribir, respondía, intentando consolarlos”. “¿Escribir?” Preguntaban nuevamente sorprendidos. Tuve que entender, que el mundo de la lectura les era ajeno por lo que no podían comprender no bajara... ¿por escribir?  Tuve que aprender a “mentir” con un: “Claro, ahí nos vemos”. Aunque también jugaba, con la pregunta en inglés: “Are you going out? preguntaban. (¿Vas a ir afuera?), “No, -respondía- I am going in,” señalando mi pecho. (No, me voy a ir hacia adentro). 

La realidad es que, si el crucero de por si es caro, mas en mi caso que pago dos lugares ya que no he encontrado cabinas sencillas, el costo de los paseos es tan alto que terminan pagando otro boleto; eso, bajando únicamente en la mitad de los 39 puertos visitados. (Ocho horas en automóvil con chofer en Lima puede costar mil 400 dólares). La mayoría de los pasajeros grandes, se quedan en el barco tejiendo, leyendo, haciendo manualidades y chismeando. Aunque sorprende ver bajar a algunos con bastones, motos eléctricas y mucha curiosidad. 

Así que yo tomaba fotos desde el piso 16 para compartir, escribía en mi cabina, y bajaba únicamente a los lugares que me interesaban muchísimo; compraba boleto en el autobús de brinque y brinque y estaba más que contenta. Mi objetivo de crear, se estaba cumpliendo. 
Hace más de 30 tantos años, durante el boom de novelas de mujeres, como Arráncame la vida, de Ángeles Mastreta, Como Agua para chocolate, de Laura Esquivel, así como varias de Elena Poniawtoska y de Isabel Allende… entre otras, Atrevida Robleda Moguel decidió que ella también podía hacerlo y escribió ¿Quién es Irene Torres?  Que, en 1991 publicó DEMAC, un instituto de estudios sobre la mujer, que vendió sus tres mil ejemplares, y que después, muchas mujeres me dijeron que me iban demandar, por haber escrito sus vidas. 

El piropo más lindo me lo hizo un librero, que ante la pregunta de una clienta de: “¿Tiene Uds. ¿Quién es Irene Torres?”, el respondía que sí, pero le ofrecía otros libros. Hasta que la clienta le inquirió enojada: ¿la tiene o no? A lo que él respondió: “Tengo solo una, la estoy leyendo y voy a la mitad”. 

En el 2006 me enteré y conecté, con Juan Allende, maestro de la universidad Saint Agnes Scott, College for girls en USA, que tenía, en ese entonces, un semestre sobre “Mujeres en América Latina”, donde incluía siempre a Irene representando a las mujeres de México. Al preguntarle cómo supo de ella, me respondió que su prima se la había recomendado.

Apenas la había presentado en la Casa de la Cultura de Coyoacán, cuando comencé a escribir la segunda parte y al terminarla, atraída, por infinidad de propuestas nuevas, la puse en el cajón de “mañana”. Las lectoras, me preguntaban por Irene, pero la vida me enredó en su vorágine, y solo respondía: “ya casi, ya casi”. 

Así pues, una de las metas del viaje era cerrarla. Eso quiere decir, estar lo más contenta posible, aunque nunca se da completamente. Ahora viene la parte más difícil: ¡Publicar! Que pena, actualmente habemos más escritoras que lectoras.

Creo que este texto tendrá que ir con segunda parte, para que pueda contar con pelos y señales la mayor aventura del recorrido al mundo: Cuando me perdí en Santiago de Compostela y por ende, el autobús y el barco. ¡Casi me muero de la desesperación! Pero bueno, esto se pone sabroso y mejor dejo la historia para mañana.  ¿Cómo ven?


Lee, de la misma autora: ¿A dónde va la aviación?

Edición: Mirna Abreu


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