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Bajo el signo del agua estancada

Una semana después de 'Delta', las comisarías de Mérida aún sufren sus embates

Eduardo Lliteras Sentíes

 

La atención mediática se ha concentrado en el fraccionamiento Las Américas, sin embargo, el embate de las inundaciones provocadas por Gamma y Delta se ha hecho sentir con igual dureza, o peor, entre miles de familias de las comisarías del norte de Mérida.

En Chablekal, durante la noche en que Delta se abatió sobre Mérida, la lluvia llegó a casi cubrir por completo a los habitantes de varias casas ubicadas en la calle 24 de esa comisaría.

Los animales en el patio murieron ahogados. El perro, las gallinas. Las pertenencias se perdieron todas. Una semana después, todavía con las pipas del Ayuntamiento de Mérida extrayendo agua, el líquido apestoso casi llegaba a la cintura.

Tres familias se refugiaron en la casa de una vecina, ante la imposibilidad de permanecer en su hogar.

En Cheumán, varios propietarios abandonaron sus casas, ante la imposibilidad de habitarlas. El agua está demasiado alta en los patios, donde los hijos han construido sus viviendas. El mal olor y los mosquitos hacen el resto.

Como narran habitantes, el agua se metió a sus casas, por lo que hubo necesidad de subir el refrigerador y la lavadora sobre ladrillos o a la cama.

Quien pudo, así lo hizo en Noc Ac, Cheumán, Cosgaya y Suytunchén, comisarías cuyos habitantes en numerosos casos tuvieron que irse a refugios temporales del Ayuntamiento de Mérida por las inundaciones históricas.

Una semana después, el agua todavía impide el paso de vehículos en las carreteras que conectan a numerosas comisarías como Kikteil y Komchén.

En Noc Ac, el agua cubre por completo el acceso y la calle principal de la comisaría.

En Kikteil, al fondo de la calle 16, en un extremo de la comisaría de Mérida, rodeada por completo de agua, una familia con niños pequeños esperaba ayuda a una semana del azote del huracán. 

El rumor de las máquinas enviadas por el gobierno del Estado y el Ayuntamiento de Mérida para perforar pozos y de las pipas extrayendo agua de calles y predios se escuchaba de fondo. Entre la maleza que rodea a la humilde casa de una familia que fue ampliada por el Ayuntamiento de Mérida, el agua permanece estancada como si se tratara de un lago.

Para llegar a su hogar, sus habitantes tienen que caminar más de una cuadra con el agua color cobre hasta la mitad de las piernas.

Los mosquitos lo acosan a uno. El silencio reina en el lugar. El agua se pierde a la vista entre los árboles, arbustos y plantas del monte.

El agua se desborda anegando el camino que conecta con la carretera a Progreso. Impresiona el nivel del agua para donde uno mire cubriéndolo todo. El Club de Polo de Yucatán está sumergido. Su ingreso es impracticable. Mangueras que extraen el líquido salen de las lujosas privadas construidas por la zona.

Como comenta una señora de la tercera edad de la comisaría de Kikteil, esta inundación es inédita, nunca vista, ni siquiera se vio algo así con el huracán Gilberto.

Nunca había llegado el agua a la altura de esta ocasión con Gamma y Delta. Y mucho menos tantos días, sin que baje el nivel, afirma.

En el fraccionamiento Las Américas, los primeros días, el agua brotaba de los pozos profundos que se suponía debían absorber el agua estancada. De los ductos subterráneos de la Comisión Federal de Electricidad brotaba el agua y la inundación alcanzó la altura suficiente para impedir a sus habitantes ingresar a sus domicilios. La mayoría tuvieron que lidiar con agua dentro de sus casas, las que presentan daños graves, humedades por todos partes.

El enojo y el malestar no se han hecho esperar. Las protestas contra la constructora Sadasi y las autoridades estalló en las reuniones en el fraccionamiento, que al día siguiente del huracán Delta parecía un mar en el que naufragaron numerosos autos.

En Gran Santa Fe Norte, en Caucel, el agua se metió en las casas en la noche tomando por sorpresa a sus habitantes, los que se encontraron con las calles de la privada convertidas en una inmensa laguna por días y días.

No cabe duda que Yucatán y Mérida enfrentan un nuevo fenómeno. El cambio climático provoca el aumento del nivel del mar y del manto freático. Huracanes y tormentas más catastróficos convierten tanta agua que el terreno poroso no logra absorber más. El crecimiento urbano ha convertido enormes extensiones de selva y monte en cemento y asfalto con el surgimiento de ciudades satélite como Caucel, Las Américas, Los Héroes. La combinación ha provocado miles de damnificados que en muchos casos lo han perdido todo. Es una advertencia de los tiempos que vienen.

@infolliteras

 

Edición: Laura Espejo

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