José Juan Cervera
Foto: Facsímil
La Jornada Maya

Jueves 15 de septiembre, 2016

Los años que siguieron al triunfo del movimiento de Independencia en nuestro país trajeron consigo la recomposición de fuerzas sociales y el enfrentamiento entre ellas con el fin de hacer prevalecer su posición política en el orden que habrían de seguir las recién creadas instituciones nacionales. En este contexto, los valores liberales y conservadores afloraban con nitidez en la letra impresa, tanto en periódicos como en opúsculos y hojas sueltas, medios en los que brillaron redactores talentosos y apasionados.

En la prensa militante confluyeron personajes que se formaron en diversas profesiones y actividades laborales, muchos de ellos sin experiencia previa en el ejercicio del periodismo, pero ávidos de manifestar sus ideas, acompañándolas con frecuencia de expresiones agresivas, incluso en un tono altisonante que aderezó las controversias en boga.

En 1810, al inicio del movimiento insurgente, el oficial de sastre Pablo Villavicencio se unió a él cuando a su pueblo natal llegaron a combatir las tropas del teniente coronel José María González Hermosillo, y si bien éste triunfó sobre los realistas, el recluta quedó lisiado de una pierna y abandonado a su suerte en el escenario de los hechos.

Pablo Villavicencio (1796-1832) nació en el Real de Minas de Nuestra Señora del Rosario, localidad perteneciente al actual estado de Sinaloa que, tal como su nombre lo sugiere, se caracterizó por la extracción de minerales. En 1822 pasó a residir a la capital de la naciente República y engrosó las filas del campo periodístico en el que las disensiones civiles se hacían eco de las contiendas militares que no acababan de extinguirse por completo.

El nuevo combatiente de la pluma adoptó el sobrenombre de [i]El Payo del Rosario[/i], evocando sus orígenes populares y provincianos (Francisco J. Santamaría define al payo como “la persona campesina o de poblado pequeño que se engenta en la ciudad y, especialmente, en las grandes ciudades”). Abrazó la doctrina liberal y se hizo amigo de José Joaquín Fernández de Lizardi, a quien defendió en la prensa de sucesivos ataques reaccionarios.

Su formación autodidacta lo hizo leer a los autores clásicos y a los enciclopedistas franceses. Acerca de su estilo literario, su biógrafo Héctor R. Olea afirma que “era descuidado, hirsuto, sin delicadezas gramaticales, porque escribió sus papeles en el cuartel, en las prisiones, en el campamento revolucionario”. Alcanzó renombre al influjo de su vena satírica y la aspereza de sus escritos lo condujo a los calabozos las veces que señaló los excesos de las autoridades en turno. Fue también un orador sobresaliente.

Sus textos comparten rasgos fácilmente observables en los de otros autores de su tiempo, como el empleo del lenguaje popular, el recurso del diálogo y la inserción de refranes y adagios; también echó mano de la versificación para cumplir sus propósitos satíricos. Llama la atención que a Villavicencio se le considere “uno de los precursores de la caricatura política en México”, por haber tendido, en enero de 1829, un lienzo con ese tipo de figuras en el Portal de Mercaderes, haciendo mofa de algunos de sus adversarios políticos.

Fueron muchos los personajes con quienes el Payo se enemistó como consecuencia de su actividad periodística, entre ellos Nicolás Bravo, Guadalupe Victoria, Mariano Arista, Pedro Celestino Negrete y Miguel Barragán. Sin embargo, sus antagonistas más encarnizados fueron el panfletista Rafael Dávila, el militar Felipe Codallos y el periodista e historiador Carlos María de Bustamante.

También fue amigo de Lorenzo de Zavala, e incluso se desempeñó como su secretario particular, cuando el político yucateco fue gobernador del Estado de México, e igual que él, se vio envuelto en las discordias que agitaron la relación entre las logias masónicas yorkinas y escocesas. En diciembre de 1832, El Payo del Rosario fue abatido a balazos cuando las tropas adictas al gobierno del presidente Anastasio Bustamante --acérrimo enemigo suyo--, tomaron la ciudad de Toluca.

Villavicencio constituye un ejemplo más de los autores que merecen ser conocidos fuera del estado donde acaeció su nacimiento. Fue designado Benemérito de Sinaloa y un teatro de Culiacán recibió el nombre de quien con él honra la memoria libertaria del pueblo mexicano.

Héctor R. Olea, [i]El Payo del Rosario. Escritor liberal del siglo XIX (Pablo Villavicencio 1796-1832[/i]). México, Sociedad de Amigos del Libro Mexicano, 1963, 150 pp.

[b]Mérida, Yucatán[/b]
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