Foto: Proyecto Santa María

Para la doctora Vanessa Martínez García, directora de Proyecto Santa María, los habitantes de la península debemos sentirnos dichosos de vivir en el único lugar del mundo en donde puede avistarse el loro yucateco (Amazona xantholora), especie endémica cuya principal amenaza es el tráfico ilegal, una práctica lamentablemente arraigada en la región.

Se trata de un loro que mide entre 25 y 28 centímetros de longitud y puede pesar entre 200 y 230 gramos. Es una especie muy similar al loro frente blanca, por lo que suelen llegar a confundirse -sobre todo al volar- pero posee características particulares: una mancha oscura bajo el ojo, su contorno de un rojo vivo y el pico amarillo.

En la península pueden observarse ocho especies de loros de las 22 que existen en el país; y el loro yucateco es la única endémica, aunque hay algunos registros en Belice, que sería su límite de distribución, explicó. No es migratorio, sino residente.

Los loros yucatecos -y en general- suelen alimentarse de frutos, semillas, hojas y algunos brotes de especies como el zapote, ramón, nance, ficus, castaña tropical, ciricote, chacá, la mayoría de especies frutales silvestres les sirven para subsistir.

Entre sus predadores naturales figuran algunos felinos, sobre todo en su período reproductivo, cuando son más vulnerables por encontrarse únicamente en su nido. También hay aves rapaces y boas que se alimentan de ellos.

En cuanto a su período de reproducción, la Dra. Martínez explicó que este se lleva a cabo a principios de año, en especial a finales de enero; e incluso se tiene registros que esta etapa puede abarcar el mes de mayo.

Los loros -y en general los psitácidos- son especies muy longevas, entre más grandes son de tamaño, viven más. Las guacamayas, por ejemplo, pueden llegar a vivir hasta 80 años; y los loros pueden alcanzar los 40, según el ambiente en el que se encuentren. 

Al loro yucateco se le considera una especie amenazada, según la Norma Oficial Mexicana del 2010. De hecho, expuso, todas las especies de loros de México están en alguna categoría de riesgo: 11 están en peligro de extinción, ocho amenazadas y tres bajo protección.

 

 

Amenazados por el tráfico ilegal

La principal amenaza del loro yucateco, aseguró, su tráfico ilegal, es decir, el saqueo de sus huevos y pichones para el comercio ilícito; al igual que la captura de adultos mayores para su venta, todo esto para satisfacer un mercado de mascotas.

Ahora en plena temporada reproductiva, la Dra. Vanessa acusó que ya comienza a notarse el saqueo de los nidos, gente que los tumba, saca los pollos y los vende desde que son muy pequeños para luego ofrecerlos “a todas luces” en redes sociales.

“Incluso antes de la temporada reproductiva, comienzan a levantarse los pedidos”, lamentó la bióloga.

“Las autoridades no pueden hacer nada al respecto, supongo que la falta de recursos es un factor que impide que realicen su trabajo. Eso lo vemos desde Proyecto Santa María, cuando hacemos algún reporte y no pueden acudir”, añadió.

La Dra. Martínez García sentenció que en Yucatán se puede hablar de una red de tráfico de aves silvestres, pues a sus páginas llegan reportes constantes y denuncias ciudadanas, por lo que puede percibirse una práctica de saqueo, venta y entrega “que no es de primerizos”. 

Pese a que un loro en su hábitat natural puede llegar a vivir hasta 40 años, en cautiverio esta especie tiene una expectativa de vida mucho menor, pues quienes los tienen como mascotas, no les procuran las condiciones de bienestar que un animal silvestre requiere.

“Hay muchos factores que propician que estos loros decaigan, se estresen, se enfermen por las mismas condiciones; y mueran. En el transcurso de extracción, la vulnerabilidad es mucha, por lo que, de 10 loros, ocho mueren en el camino”, aseveró.

Ante este panorama, la doctora advierte que ningún loro puede considerarse una mascota. Es así como Proyecto Santa María lanzó el mes pasado la campaña No compres loros silvestres, con la que buscan concientizar sobre este problema ambiental. 

 

Edición: Laura Espejo