Turistificación: un fenómeno que amenaza a Bacalar y su laguna

Anualmente recibe un promedio de 180 mil visitantes y su población es de 12 mil 527 personas
Foto: Juan Manuel Valdivia

A raíz de su declaratoria como pueblo mágico, Bacalar ha padecido un fenómeno llamado turistificación. Anualmente recibe un promedio de 180 mil turistas, mientras que su población es de 12 mil 527 personas, de acuerdo con el censo del INEGI de 2020. Ese número de visitantes es 750 por ciento mayor respecto a 2005. La infraestructura hotelera ha crecido 280 por ciento y la oferta mediante plataformas como Airbnb, 400 por ciento. Por ello, ecologistas e investigadores urgen establecer reglas de operación para el principal atractivo de la zona: la laguna de los siete colores. 

En el panel La nueva normalidad de Bacalar: ¿pérdida temporal de los siete colores o pérdida permanente por contaminación?, moderado por Sergio Madrid, director del Consejo Civil Mexicano para la Silvicultura, efectuado en el marco del Festival de Arte Independiente de Bacalar (FAIBAC) 2021, Elías Fonseca Chicho, director de proyectos de la asociación civil Agua Clara, mencionó que Bacalar está siguiendo los pasos de Cancún o Tulum, destinos que reciben turismo masivo, con las consecuencias que esto lleva consigo. 

“La turistificación se refiere a las consecuencias que sufre la población al recibir una afluencia masiva de turistas. Bacalar históricamente tiene tasas de crecimiento poblacional de bajas a moderadas; sin embargo, al hacer una correlación del crecimiento poblacional y el turístico encontramos que a partir de 2015 se da un despunte, lo que indica que en la última década hay una saturación turística”, mencionó Fonseca Chicho. 

Entre los hechos que dispararon esta turistificación enumeró la declaratoria como pueblo mágico en el año 2006, la emancipación municipal, el incremento en la promoción del destino tanto por el gobierno estatal como por la iniciativa privada desde el 2016 y la afectación del sargazo en el norte de Quintana Roo en 2018, que provocó un desplazamiento de turistas hacia la zona. 

Destacó que en general, los beneficios económicos de esta truristificación han sido pocos para los habitantes, pues los inversionistas se quedan con la mayor parte de las ganancias que generan los visitantes. 

Además, el turismo genera especulación de la tierra sólo en los terrenos aledaños a la laguna, mientras que la población originaria (en mayor medida la que vive al poniente de la carretera federal que cruza el poblado) sigue careciendo de servicios básicos: en toda la costera de Bacalar únicamente hay tres accesos públicos para ellos. 

Bacalar también ha sido golpeado por otro fenómeno: la gentrificación, que es “la expulsión de la población originaria. Muchos conocemos alguien que vendió su casa a alguien de fuera que puso un negocio o bien se quedó a vivir allí. Ese es un efecto socioterritorial y es muy común cuando se está turistificando un lugar”.

Otra ponente del panel fue Melina Maravilla Romero, directora general de Agua Clara, quien fue enfática al decir: “en Bacalar no estamos preparados para recibir más turismo”. 

La biodiversidad que representa la laguna, dijo, ha sido vista como un capital para detonar la industria turística, pero ésta no cuida su entorno como debería.

Maravilla destacó que Bacalar vende la estética de su laguna, sus famosos tonos de azul, por lo cual, los cambios en su coloración se vuelven un factor decisivo para el sector. Resaltó también que la coloración del agua no es sinónimo necesariamente de calidad del agua: “aunque lentamente quizá para muchos, la recuperación de la coloración de la laguna ha ido avanzando, afortunadamente, pero eso no significa que la calidad del agua se esté recuperando”, finalizó.

 

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Edición: Estefanía Cardeña