La asociación X Lu´umil X Ko´olelo´ob, integrada por mujeres de comunidades rurales del municipio de Bacalar, ha desarrollado el programa Botiquín Verde, mediante el cual se capacita a las familias de los poblados sobre las plantas medicinales que pueden ayudarles a tratar malestares comunes. Es una gran apoyo sobre todo porque en muchas de nuestras comunidades ni siquiera tenemos centros de salud, destacó Ericka Caamal López, integrante de este colectivo.
En el panel Sistema de vida comunitaria para el cuidado y defensa del territorio, que se desarrolló en la comunidad Blanca Flor como parte del Festival de Arte Independiente de Bacalar, Caamal López habló de esta iniciativa que surgió a raíz de la pandemia de Covid-19.
“Normalmente los habitantes de las comunidades no tenemos derecho a enfermarnos los fines de semana ni después de la una de la tarde, y si vamos a los centros de salud no hay medicamentos y si hay están a un costo que a veces no tenemos”, narró y recordó que fue precisamente el tema de la salud lo que hizo que se conformara este colectivo.
Fueron a varias comunidades donde platicaron con las mujeres y ellas decían sus preocupaciones y requerimientos; así surgió la necesidad de rescatar las recetas tradicionales y conocimientos ancestrales de los abuelos mayas. De esas visitas recopilaron un recetario que aún está en elaboración y que pretenden imprimir y presentar en los próximos meses.
“A veces desconfiamos de lo que sabemos, nos enseñan que las yerbas no son buenas, que es mejor lo que nos venden en la farmacia”, dijo.
La Coordinadora Nacional de Mujeres Indígenas las capacitó como promotoras comunitarias (un curso que dura dos años y medio) y entre los conocimientos que les impartieron está el cómo responde el cuerpo ante determinadas enfermedades y qué plantas de la región pueden adaptarse para el cuidado de la salud.
Entre las capacitaciones que han dado a mujeres de comunidades rurales está la elaboración de pomadas bronquiales, jarabes, microdosis y tinturas, que en el periodo de pandemia han sido muy útiles. Incluso, dijo, han rescatado los métodos de siembra y cuidado de las plantas que requieren, evitando el uso de insecticidas y otros químicos.
Destacó que ya se ha corrido la voz de que ellas están elaborando esos productos (los cuales no venden sino que intercambian) y ya han recibido pedidos de fuera de sus comunidades: “eso nos ayuda a que las mujeres vean que lo que hacen aunque parezca mínimo realmente tiene un impacto importante”.
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