En home office, hay que 'darnos permiso' de sentirnos cansados: Félix Valle

El sicólogo recomienda apagar, el teléfono la computadora y tener un día a la semana para no trabajar
Foto: @serpervil

Durante el confinamiento, particularmente en el trabajo en casa o home office, es natural sentirse abrumados por distintos factores, por lo que es recomendable concentrarse en los aspectos positivos y en la capacidad individual de comunicarnos “para darnos permiso” de sentirnos cansados, de apagar la computadora, el teléfono y de tener un día a la semana para no trabajar, señaló el sicólogo clínico José Antonio Félix Valle.  

“Se trata de tomar más control de mí mismo; a nivel sociedad, no se producen cambios si los individuos no trabajan en sí mismos”, añadió.

En entrevista, el también máster administrativo en Psicología Organizacional y del Trabajo y en Psicología Organizacional y de la Familia abundó sobre los problemas a los que enfrentan miles de empleados desde el inicio de la pandemia con el home office.  

“A los seres humanos, el aislamiento nos pega de una manera más profunda… nos constituimos como personas por estar en contacto con otras personas, somos seres sociales y esta crisis –que ante todo es humana– nos está separando, nos obliga a estar dentro de las paredes de nuestra casa limitando nuestra interacción y por lo mismo nos ha limitado a muchos otros procesos, como empatizar con las condiciones de los demás, el poder conocerlos”, señaló.

Félix Valle añadió que la falta de contacto humano genera que cueste mayor trabajo empatizar con los otros; no podemos entender que no todos se desgastan de la misma forma, que no a todos les afecta del mismo lado emocional y que los procesos de adaptación son individualizados.

El sicólogo, capacitador del Programa de Formación Humana de la Oficialía Mayor del gobierno del estado, añadió que los horarios extraordinarios ya ocurrían desde antes, pero durante este confinamiento, la situación se catalizó: “Había otros ingredientes que no eran positivos en México y que esta situación vino a incrementarlos”.

A estas circunstancias se suman otras condiciones: no todos cuentan con el acceso a internet, al menos no con la misma calidad y rapidez necesaria para hacer videollamadas y realizar el trabajo en condiciones que además no fueron planeadas, puesto que muy pocas organizaciones públicos o privadas lo pudieron prever, mientras que los demás lo tuvieron que adaptar, “y ese desgaste lo pagó la fuerza laboral”.  

Adicionalmente, las condiciones generales de las familias son difíciles; por ejemplo, muchos viven en condiciones de hacinamiento, en casas pequeñas sin espacio suficiente para la cantidad de personas que viven en ellas, en fraccionamientos o colonias en donde hasta comparten muros con sus vecinos.  

“Si vivir así es complicado, trabajar de esa manera, en un proceso que exige concentración, disponibilidad, capacidad de respuesta, la dificultad es máxima y a eso súmale que el espacio lo comparten todo el tiempo”, citó el experto.

Añadió que durante la estancia en oficina, aún en condiciones de hacinamiento, cada individuo trabajaba en lo propio; en casa, sin embargo, al tiempo que desempeñas tu labor, “no puedes dejar de ser papá o mamá, de cuidar a tu familia (…) esa pausa imaginaria que hacíamos a nuestras funciones familiares ya no está, nos quitaron ese botón, y no puedes dejar de ser mamá por ocho horas, porque no hay guarderías o escuelas”.

¿Qué hacer ante este panorama que se percibe en muchos hogares? El especialista asegura que, primero, es un llamado de atención personal en donde es necesario que a nivel individual cada persona empiece a tomar un poco de responsabilidad sobre sus procesos estresores. “Necesitamos aprender herramientas de afrontamiento, para enfrentar el estrés, porque esto no será un retorno al 100 por ciento aún cuando pasemos eventualmente a un semáforo verde”.  

También recomendó un proceso de duelo, estar conscientes que esa normalidad que se tenía antes del COVID-19 “ya no estará ahí, y vamos a tener que construir una normalidad nueva”.

Lo principal, aseguró, es enfocarse en lo positivo. “No todo ha sido caótico, no tenemos esta cultura del home office pero no todo es desgastante; si algo nos ha dejado, es que hay procesos administrativos que eran absurdamente lentos, en donde tenías que pasear un documento por diferentes edificios o espacios y que ahora se resuelve por correo electrónico. Nos estábamos agotando en procesos que eran improductivos… hay que enfocarnos en las cosas que podamos aprender para cuando eventualmente volvamos al trabajo y a sentir un poco más de esperanza, que no todo ha sido perdido”.

Edición: Elsa Torres