Yucatán > Cultura
La Jornada
14/01/2026 | Ciudad de México
Para el antropólogo Mario Humberto Ruz Sosa (Hucnumá, Yucatán, 1952) algo queda claro: el universo de los pueblos se reúne en la vida diaria y en el lenguaje. Debido a sus grandes aportaciones en los estudios de la cultura de las etnias mayas, a las cuales ha dedicado más de cuatro décadas, fue merecedor del Premio Nacional de Artes y Literatura en la categoría de Historia, Ciencias Sociales y Filosofía.
Vive con sencillez. Su pasado, por sus padres, está relacionado con el sureste. Es de sangre caliente, rebelde, irónico, como lo son los habitantes de esa región. Su casa, ubicada en el Ajusco, una zona característicamente fría, no lo es tanto por su calidez
“Todos los días aprendo algo de mis maestros, algunos que ya sólo veo en la memoria, pero los que hoy me enseñan son mis alumnos y, por supuesto, los habitantes que me permitieron marcar sus costumbres en mi memoria”, señala en entrevista con La Jornada.
Ruz Sosa es también médico cirujano por la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), maestro en antropología social por la Universidad Iberoamericana y doctor en etnología por la Escuela de Altos Estudios de la Universidad de París. El maestro yucateco también ha sido investigador y coautor de más de 70 libros, entre los que destacan El ritmo de los días: Atisbos a la cotidianidad de los antiguos mayas (Academia Mexicana de la Historia) y Compases y texturas del tiempo entre los mayas (UNAM).
“Cuando me enteré de que gané el premio me dije: ‘Santa sí se creyó mi carta’. Por supuesto que me dio mucho gusto, pero no creo que sea por mi trayectoria, siento que este premio está dirigido a los pueblos originarios que, de una forma muy generosa, me permitieron aprender de su forma de vivir. Tenemos que saber que ellos son sociedades en resistencia, más allá de los levantamientos y la violencia, su defensa está en la forma en la que pudieron preservar su estilo de vida”, comentó.
En la UNAM, actualmente es catedrático en la licenciatura en antropología, así como en el posgrado de estudios mesoamericanos. También es miembro honorario de la Academia Mexicana de la Historia y cuenta con una trayectoria de trabajo de más de 40 años con los pueblos mayas. Desde 1978 forma parte del Centro de Estudios Mayas del Centro de Investigaciones Filológicas de la máxima casa de estudios.
Civilizaciones en resistencia
“La revisa Artes de México lanzó mi propuesta para el premio, por lo que les estoy profundamente agradecido, he colaborado con ellos en varios artículos sobre las sociedades del sureste mexicano. Creo que los pueblos mayas, de los que hoy sobreviven unos 30 y otros tantos desaparecieron durante el periodo colonial, son sin duda un gran ejemplo de civilizaciones en resistencia que supieron hacer de su idioma, con todas las variantes, un refugio para su pasado. Esto les ha permitido mantener ciertas tradiciones hasta el presente. Esa rebeldía se dio en la cotidianidad y considero que esa es una lección muy grande”, explica Ruz Sosa.
“Un ejemplo que tenemos son los lacandones. Los que hoy ubicamos como tales no son los originarios de esa región, sino mayas yucatecos que, en busca de refugio, se movilizaron hacia la selva para escapar de los trabajos forzados a los cuales fueron sometidos por los españoles, y por eso cuando se encontraron con otros grupos pensaban que eran los descendientes originarios de ese antiguo grupo étnico”.
Para el galardonado, lo más interesante es la transformación de esas culturas a lo largo del día a día: “todavía hay muchas versiones acerca de la ‘desaparición’ de los pueblos mayas, que por supuesto no sucedió porque hay casi 8 millones de hablantes de esas lenguas. Sin embargo, no les damos la atención necesaria, salvo con el Centro de Estudios Mayas, pero, por ejemplo, no tenemos uno que se enfoque en los nahuas y nos hace falta analizar esas vertientes. Me parece importante reivindicar las lenguas originarias y tenemos que entender que éstas cambian con cada día que pasa”.
Mario Humberto Ruz Sosa se graduó de médico en 1977. Mientras cursaba su carrera también despertó su interés por los temas antropológicos, por lo cual realizó algunos cursos en la Escuela Nacional de Antropología e Historia y llevó a cabo un proyecto para visitar algunas regiones de Chiapas, donde aprendió el idioma de los mayas para brindarles atención médica. Fue en ese momento que descubrió las grandes diferencias culturales entre los habitantes de esa región.
“Me di cuenta de que las palabras también son rebeldía. Los habitantes originarios lo sabían y por eso han sobrevivido términos y conceptos que pertenecían a sus sociedades. Los antiguos mayas se vieron beneficiados en cierta forma por los españoles, quienes les proporcionaron herramientas para hacer más sencilla la vida en la selva, pero también trajeron su ambición de dominación y la religión. Aceptaron algunas cosas y, las que no, las transformaron con sus propios conceptos. Hoy esas lenguas siguen vivas, pero lo cierto es que se están perdiendo", detalló.
“La gente resiste sin necesidad de movimientos armados. Hay mil maneras de resistir en la cotidianidad. Incluso había grupos indígenas que se negaban a coexistir con sus mujeres para ‘no seguir produciendo esclavos’. También se negaron a trabajar las minas porque se morían durante los trabajos exhaustivos, lo que llevó al virreinato a expedir una real cédula en la que se les garantizaba que se les eximía ese tipo de trabajo y eso derivó en la llegada de mano esclava traída de África”.
Reafirmó que no se trata sólo del idioma, sino de entender la cosmovisión de los pueblos. “Creo que tenemos que aprender que el lenguaje cotidiano no solamente es una representación de nuestro pasado, sino del presente y del futuro. Tenemos que entender su cosmovisión y nosotros hacer lo propio para comprender nuestro mundo", comentó.
“Me siento muy agradecido, sobre todo con mis maestros y con mis alumnos. De ambos aprendo cada día. Cuando veo que los jóvenes hacen preguntas que yo mismo desconozco porque no pasaron por mi mente, me asombro y les digo: ‘no lo sé, pero vamos a investigar y conocerlo’, creo que eso es lo que nos hace falta para entender qué es lo que nos depara el futuro y que tenemos un pasado maravilloso que debemos proteger con esa rebeldía, y eso logra un día a la vez”, concluyó.
Edición: Estefanía Cardeña