La Jornada Maya

Mejen T’aano’ob, pequeñas voces que revitalizan la lengua maya

La asociación comparte con las infancias el rescate de saberes de sus ancestros

Mejen T’aano’ob, pequeñas voces que revitalizan la lengua maya
Foto: Astrid Sánchez

“Español na”, me dice un niño cuando le pregunto cómo se llama lo que hace con las semillas y me explica en maya la acción de despepitar las calabazas. En la palapa de Mejen T’aano’ob, Pequeñas Voces. A.C. esa es la única regla: no se habla español. 

Y no es que no sepan hablarlo, pero es la lengua materna la que tiene la prioridad en este espacio porque Mejen T’aano’obn es territorio de revitalización y de defensa. 

Así, en un pequeño espacio ubicado en la comunidad de Cholul, Cantamayec, el día de Nido de Lenguas -una de las diversas actividades que la asociación realiza- la misión es seguir aprendiendo, intercambiar palabras, recordar cómo llamaban los ancestros a las cosas, a las actividades, a los sentimientos, evitando al máximo el uso del español. 

Como el Ja’ats’ k’úum, que es cuando se parten diferentes especies de calabaza para obtener la pepita con la que cocinarán los próximos días y que reúne a hombres, mujeres, niñas y niños quienes intercambian charlas del día a día. 

Luego de pasar varias horas observando y escuchando la vida en maya, la actividad se interrumpe para que podamos platicar, en realidad, para que yo pueda entender.


Foto: Astrid Sánchez 

“Todo lo intencionamos mucho desde la lengua, hemos ido asumiendo que sí hay una pérdida y es un compromiso el estar intentando que todas nuestras actividades, hasta hacer un tinaco, sembrar la milpa, siempre sea la lengua maya la que nos abrace, que esté presente en todo porque en realidad con la lengua nombramos el mundo”, comparte María Rame Gómez. 

Y justamente el Día Internacional de la Lengua Materna, que se conmemora cada 21 de febrero, se reconocen acciones como las de Mejen T’aano’ob para preservar no sólo el idioma sino toda la cultura que rodea a los mayas. 

Porque no sólo se trata de palabras, desde hace más de 10 años, los integrantes de esta asociación trabajan en el rescate de prácticas como el uso de solares, de la milpa maya, la crianza de abejas meliponas, de la medicina tradicional y de la gastronomía ancestral, entre muchísimas más actividades en las que siempre se incluyen a las infancias, que han sido los protagonistas desde la fundación. 

Niñas y niños de la comunidad se involucran por decisión propia, porque nada es obligatorio, pero les nace la curiosidad de sumarse a todo lo que hacen las personas adultas y cuando les pregunto qué es lo que más disfrutan contestan de forma unánime: tuláakal, que significa todo. 

Desde su fundación, la asociación ha promovido incluso actividades culturales, como el teatro o la música y también hay clases de maya para las infancias.

Cindy es una joven de 22 años que ha fungido como profesora para compartir con las siguientes generaciones la lengua que le enseñaron sus ancestros. 


Foto: Astrid Sánchez 

“Hay niños que o les da pena hablarlo o les hace falta repasar, con las clases los apoyamos, me preguntan cómo se dicen las cosas y les voy diciendo”, dice Cindy, quien llega a tener grupos de hasta 20 infancias. 

Pero no todas la enseñanza se queda en el salón, las niñeces son invitadas a la milpa, a la cocina y a sumarse al resto de las actividades donde van enriqueciendo su vocabulario. 

“Con el sólo hecho de acompañaros y jugar y caminar en la milpa, ellos son felices. Otra vez reconectando y esa es una búsqueda de lo que estamos haciendo, que reconecten con la milpa, por ejemplo, que sientan el territorio que es suyo, que la milpa es suya, lo que se cosecha es suyo”, dice Oscar Chan Dzul. 

Es un trabajo en equipo: la comunidad entera se ha sumado a esta revitalización de la lengua ya sea presencialmente o a través de otro tipo de acompañamientos. 

“No podemos revitalizar la lengua, no podemos si la familia no está comprometida, si la familia no está de acuerdo porque no es una disposición, es ver que les nazca la identidad, el orgullo”, destaca Oscar. 

Y aunque en los círculos suele haber más mujeres e infancias, los hombres también aportan desde sus trincheras. Por ejemplo, el esposo de Rosario ayuda cuando sabe que hay actividades que impliquen cargar mucho peso o el suegro de Yoli les brinda consejos para la milpa. También les ayudan a cuidar la milpa y dan aviso si hay algún peligro para la cosecha. 


Foto: Astrid Sánchez 


Las personas que integran Mejen T’aano’ob han formado una hermandad en la que comparten conocimientos y objetivos: rescatar saberes ancestrales y compartirlos a las siguientes generaciones. 

El equipo trabaja en reforzar todos los avances logrados a través de financiamientos de organizaciones no gubernamentales y de recursos propios. Así, se han vuelto expertos en construir tinacos ecológicos para recolectar agua para los solares, han mejorado la producción de medicina tradicional, cosechan miel de melipona, entre otras cosas, siempre ponderando a la lengua maya. 



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